Dos altos cargos a la vez

Urquiza confió a Agustín Justo de la Vega la cartera de Hacienda y le dio licencia para ser gobernador de Tucumán.

10 Sep 2017 Por Carlos Páez de la Torre H

Una situación, por demás curiosa, de dos altos cargos en cabeza de la misma persona, tuvo lugar en Tucumán en tiempos de la Organización Nacional. Por poco conocida, tiene interés recordar sus detalles y aprovechar, de paso, para rescatar del olvido la distinguida figura de su protagonista, el doctor Agustín Justo de la Vega.

El doctor Vega había nacido en La Rioja el 28 de agosto de 1805, hijo de don Manuel de la Vega y doña Antonia Granillo. Pero puede llamárselo tucumano porque se afincó en Tucumán desde joven y pasó aquí la mayor parte de su vida. Había estudiado en la Universidad de Córdoba. Allí se graduó de Licenciado en Derecho y de Doctor en Jurisprudencia. Inclusive, dictó en esa casa la cátedra de Derecho Público, en reemplazo de Santiago Derqui y de Ramón Ferreyra, hasta agosto de 1839.

De la Liga al Acuerdo   

Pasó entonces a Tucumán. El gobernador Bernabé Piedrabuena lo nombró fiscal de Estado y luego camarista. Se adhirió a la coalición de 1840. La Rioja lo designó representante al Congreso de Agentes de los gobernadores de la región. Llegó a presidir esa asamblea, congregada en Tucumán, de la que saldría la Liga del Norte contra Rosas.

Después de la derrota de la Liga en la batalla de Famaillá, parece haberse exiliado en Bolivia y luego en Chile. Se casó por poder en 1844 en Tucumán, con doña Tomasa Silva, hija del gobernador José Manuel Silva. Poco después, regresó a nuestra ciudad. En 1846, fue nombrado primer presidente de la flamante Cámara de Apelaciones. Luego sería elegido, en forma ininterrumpida, miembro de la Sala de Representantes, cuya presidencia ejerció en 1847 y 1848.

Como se sabe, al producirse en 1852 la batalla de Caseros y la caída de Juan Manuel de Rosas, el vencedor Justo José de Urquiza convocó a los gobernadores de las provincias a reunirse en San Nicolás de los Arroyos. Allí se firmaría el célebre Acuerdo, que preludió la convocatoria a la Convención Constituyente de 1853.

En el Senado

El 4 de mayo, el gobernador de Tucumán, general Celedonio Gutiérrez, designó al doctor Vega como Ministro General de Gobierno, para cubrir la cartera que estaba vacante desde noviembre de 1851, por renuncia de Adeodato de Gondra. Y dos días más tarde, acompañado por el flamante ministro, partió a San Nicolás de los Arroyos. Varios biógrafos sostienen que el doctor Vega tuvo un rol importante en la confección del Acuerdo. Es muy probable que así fuera, por el prestigio que le daban su versación de abogado y su experiencia de juez y de legislador.

Al año siguiente, Tucumán eligió al doctor Vega y a Marcos Paz, como los primeros senadores nacionales después de organizado el país por la Constitución. Recién se incorporó en 1855. Tuvo activo rol en los debates más importantes. En un documentado trabajo, Antonio M. Correa destaca que, por ejemplo, presentó el minucioso proyecto de ley reglamentaria del ejercicio de la abogacía; el de regulación de los estados de recaudación del Ministerio de Hacienda; de inversión de las rentas nacionales en las aduanas y oficinas fiscales, y la publicación de los mismos en la prensa. También, el proyecto sobre el ejercicio del patronato, a propósito de la cuestión del Obispado de Cuyo. En esos debates tuvo “participación activísima”, sosteniendo la teoría que finalmente se impuso. No menos importante fue su rol en la aprobación de Constituciones de varias provincias; en la ley de letras de aduanas, o en el tratado de comercio con Chile.

Curioso decreto

Pero durante la reunión de San Nicolás, el doctor Vega había causado excelente impresión en el general Urquiza. Tanto que este, cuando ya era presidente de la Confederación Argentina, lo nombró ministro interino de Hacienda, el 28 de mayo de 1856. La designación lo obligó a renunciar a la banca de senador nacional.

El 17 de setiembre, la Sala de Representantes de Tucumán eligió gobernador de la provincia al doctor Vega, tras la renuncia del general Anselmo Rojo. Pero dos semanas más tarde y antes de que viajara a asumir, Urquiza lo nombró ministro de la Confederación en propiedad.

El texto del decreto, del 1 de octubre, era curioso. “Artículo 1: Queda nombrado ministro secretario de Estado en el Departamento de Hacienda, sin la calidad de interino que contiene el decreto de 28 de mayo del corriente año, el doctor don Agustín Justo de la Vega. Artículo 2: Concédase licencia para aceptar el cargo de gobernador de la provincia de Tucumán, con retención del cargo de ministro. Artículo 3: Durante su permanencia fuera del Ministerio, será este desempeñado interinamente por la persona que el Gobierno designará”.

El gobernador

El ministro del Interior, Santiago Derqui, fue interpelado por el nombramiento. En el Congreso argumentó: “el único propósito que con tal decreto perseguía el Poder Ejecutivo no era que el doctor de la Vega desempeñara simultáneamente ambos cargos, sino de que, una vez concluida su gobernación, volviera al gabinete, única manera eficaz, en la mente del gobierno, a fin de retener a un hombre de las luces y preparación del doctor de la Vega, a quien juzgaba irremplazable”.

De todos modos, nunca regresó al Ministerio, que quedó a cargo del doctor Elías Vedoya. Durante su gobernación, el doctor Vega promulgó la Constitución de Tucumán de 1856 y, entre otras medidas, concretó la muy importante de reabrir el Colegio San Miguel y confiar a Amadeo Jacques su dirección. El sabio francés desempeñaría desde 1858 hasta 1862 ese cargo, desde el cual formó a varios futuros dirigentes de Tucumán.

Primer juez federal

Renunció al gobierno en 1858, y al año siguiente volvió a incorporarse al Congreso de la Confederación, elegido senador nacional por Tucumán por segunda vez.

Debió cesar en 1861, cuando la batalla de Pavón determinó la disolución de los poderes nacionales. Sería elegido senador nacional por tercera vez, en 1862. Pero dimitió en 1863, cuando el presidente Bartolomé Mitre, con acuerdo del Senado, lo nombró primer juez federal de Tucumán. El cargo se denominaba entonces “Juez Nacional de Sección”, y lo desempeñaría hasta el fin de sus días.

Al fundarse en Tucumán, en 1875, la efímera Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Políticas, tuvo a su cargo las cátedras de Derecho Comercial y Derecho Canónico, entre otras. Según el testimonio de Arsenio Granillo, el doctor Vega tenía inédito un “Tratado de Derecho Internacional Privado concordado con el Código Civil Argentino”.

Últimos años

Era, informa Granillo, un trabajo preparado “especialmente para enseñanza de los alumnos de estas aulas, tendiendo sus nobles aspiraciones, como lo revela el discurso preliminar en dicha obra, a la creación de una Universidad del Norte de la República”.

El doctor Agustín Justo de la Vega falleció en Tucumán, el 3 de julio de 1878. El diario local “La Razón” expresó: “No muchos ciudadanos como el doctor de la Vega pueden encontrarse en cada una de las provincias argentinas”. Afirmó que su muerte “pone, al Congreso Argentino, en el caso de cumplir con un deber sagrado para con este viejo empleado que siempre ha cumplido con el suyo. Ha muerto pobre, muy pobre, dejando una familia numerosa y pequeña, compuesta en gran parte de niñas que no pueden trabajar por sí para vivir. El Congreso debe votar para ella el sueldo íntegro del juez federal, que ha fallecido dictando gratis una cátedra de Derecho”.

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