Los males del corazón no ceden pese al boom de la vida saludable

En los últimos 10 años aumentó un 18%

03 Sep 2017 Por Lucía Lozano
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EN LA PLAZA SAN MARTÍN. Una clase gratuita de gimnasia. Los vecinos le ponen ganas.

Las advertencias están por todos lados: hay que cuidarse en las comidas, no consumir grasas, evitar el cigarrillo, hacer ejercicios... ¿Quién no sabe que eso es fundamental para vivir más años? Y, sin embargo, algo pasa. El estrés, la falta de tiempo y la industria de los alimentos parecen estar ganando la pelea. Una batalla en la que se producen entre 40.000 y 50.000 infartos cada año y por la que mueren unas 17.000 personas en el país.

Según las estadísticas vitales del Ministerio de Salud -con los datos de 2015- hay un fallecimiento cada tres infartos. Al comparar los datos 10 años para atrás, el panorama es poco alentador: en 2005 hubo 14.502 muertes, contra 17.130 en 2015, un 18% más.

Tucumán no escapa a esa realidad. En 2005 la tasa de muerte por esta causa era de 150 fallecimientos cada 100.000 habitantes. La última medición, en 2014, fue de 161 cada 100.000 habitantes. No obstante, según el director de Epidemiología del Siprosa, Rogelio Cali, en un análisis de tendencias que hicieron desde 2001 se mostró que la tasa muestra una leve baja, del 6%.

Ese dato debería ser una buena noticia. Pero no lo es. Según Cali, las muertes causadas por enfermedades cardiovasculares hoy son la mayor preocupación epidemiológica. Lo muestra su computadora, repleta de trabajos con cifras. A los tucumanos lo que más nos mata es el corazón: el 47% de las muertes que se producen en la provincia se deben a patologías crónicas no transmisibles. De ese porcentaje, un 52% son fallecimientos por males cardiovasculares y un 36% por tumores.

Quienes mueren por males cardiovasculares lo hacen por diversas causas: un 30% por enfermedades cerebrovasculares (ECV), un 26% por insufiencia cardíaca, un 21% por enfermedad isquémica, el 7% por hipertensión arterial; y por otros motivos relacionados, el 18%.

Para considerar

Antes nos moríamos por culpa de las infecciones. Cuando aparecieron las vacunas y los antibióticos resultaron altamente efectivos contra estas patologías. Ahora, con el cambio en los estilos de vida, nos quitan los años los males crónicos. Y contra ellos, no hay vacuna posible, resume Cali. Enumera todas las variables que están poniendo en jaque al corazón: estrés, mala alimentación, tabaquismo, sedentarismo y obesidad.

La epidemia de obesidad está fuera de control. Es una urgencia social, sostiene Cali. Las encuestas en Tucumán indican que, entre los mayores de 17 años, a lo largo de la última década el sobrepeso pasó del 39,9% a 45,6% en varones y del 28,6% al 34,5% entre las mujeres. La obesidad en ellos subió del 17,3% al 21,9; y en ellas, del 17,1% 21,3%. Quiere decir que más de la mitad de los tucumanos estamos excedidos de peso.

El sedentarismo también aumentó. Quienes hacen poco o nada de ejercicio eran el 46% hace 10 años y ahora representan el 48% de la masa poblacional. Lo que sí disminuyó es el tabaquismo: pasó del 34,3% al 22,2% y Tucumán fue la provincia en la que más bajó el consumo de cigarrillos. Sin embargo, como dice la neumonóloga Ariela Tarcic, no basta con que la sociedad apague puchos mientras siga prendida a un estilo de vida cada vez más insalubre.

 La mala alimentación es un factor decisivo

Que aumenten los infartos en tiempos marcados por un boom de las dietas saludables y de la actividad física es sorprendente. Especialistas consultados por LA GACETA tratan de encontrar algunas respuestas. “Haz lo que yo digo, más no lo que hago” parece ser la frase que encuadra la realidad de los argentinos.

La gente es rebelde: sabe lo que tiene que hacer, pero en los hechos se contradice. “Va al gimnasio y luego como una hamburguesa. Ve una imagen de muerte en el paquete de cigarrillo e igualmente fuma. Por eso es que reforzamos todos los trabajos de prevención”, expresa la referente del Programa de Prevención de Enfermedades Cardiovasculares, Silvia Curtti. Además, señala que la gran mayoría de las personas no sabe que padece hipertensión arterial. “Recorremos los barrios tratando de diagnosticar a los pacientes con este mal y les entregamos chequeras para que se cuiden, vayan al médico y hagan el tratamiento. Ya entregamos más de 20.000 chequeras”, detalla.

Según el médico nutricionista Francisco D’Onofrio, referente del Programa Provincial de Obesidad, hay una diferencia entre lo que la gente dice y cree que come y lo que realmente ingiere. “Sabemos que tenemos que alimentarnos en forma saludable y hacer actividad física, pero la obesidad sigue creciendo y en esto tiene un rol fundamental la industria, que continúa produciendo alimentos obesogénicos”, resalta.

Otro punto a favor de la obesidad, según D’Onofrio, es la cuestión psicológica. “Aumentan el nivel de estrés, la ansiedad y la depresión -enumera-. Las personas ansiosas y deprimidas comen más harinas. Hay una preocupante adicción a las harinas. Todo está relacionado”.

El incremento de la obesidad aumenta las enfermedades coronarias por varias razones, explica el médico, principalmente porque causa aterosclerosis, dislipemia y diabetes tipo 2. “También ahora se sabe que produce una inflamación subclínica a nivel de las arterias, lo que hace que la arteria se contraiga”, detalló.

El boom de la vida saludable es una iniciativa que sólo quienes tienen tiempo pueden llevar adelante, advierten los especialistas. También es cierto que muchas personas se cuidan durante algunas comidas, pero en otras consumen demasiadas calorías. Un relevamiento que se hizo hace poco en el país demostró que el 97% de las personas considera muy importante promover el consumo de los alimentos sanos. Sin embargo, el 60% ingiere comida rápida entre una vez a la semana y una vez por mes.

Lo que se viene

Este sábado, LA GACETA editará un suplmento Fitness. Habrá notas sobre gimnasios, pilates, mountain bike, yoga, nutrición, academias de baile y centros de estética, entre otros temas. Será ideal para empresas y prestadoras de servicios que quieran dar a conocer las novedades de sus actividades.

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