Cinco historias de El Bajo, el primer “shopping” de Tucumán

Conocé a algunas de las personas y locales que mantienen viva la esencia del barrio.

30 Ago 2017

Veredas angostas, casas antiguas y locales añejos. Miles de tucumanos van y vienen a diario con bolsas cargadas con ropa, zapatillas, juguetes o cualquier otro objeto por la calle 24 de Septiembre, desde Virgen de la Merced hasta el parque 9 de Julio. Se trata de la zona conocida como El Bajo, un espacio urbano que, además de ser comercial, concentra parte de la historia de Tucumán.

A pesar del paso del tiempo, El Bajo no pierde su esencia: es el punto de encuentro entre el campo y la ciudad. El hecho de la que Terminal de Ómnibus esté muy cerca (de hecho, durante décadas funcionó en el corazón del barrio) genera un gran movimiento comercial que es aprovechado, en gran medida, por aquellos que llegan desde el interior. Por ese motivo, en la zona se pueden encontrar negocios en los que se venden productos muy distintos entre sí: desde ropa hasta los arneses para los carros tirados por caballos, por sólo nombrar algunos.

Si bien ya no está el ferrocarril ni muchos otros condimentos que definían la esencia del lugar, sobran los negocios antiguos, las tradiciones y las anécdotas que mantienen vivo el espíritu de la zona.

1- El banquito de la farmacia más antigua


La farmacia Bristol, ubicada en 24 de septiembre 98, tiene en su interior un objeto muy particular: el banco que trajo desde Jujuy la pareja que compró el negocio. Según contó su hijo, Juan Antonio Pintado, ellos se sentaban ahí todas las tardes cuando eran novios.

En 1951 compraron el negocio y se mudaron a Tucumán. Entonces cargaron ese objeto firme y pesado y lo colocaron dentro del local. Hoy, su hijo lo conserva como un tesoro. 

"Ese banco va a estar dentro de esta farmacia hasta que me muera, porque ahí empezó mi historia", dijo el farmacéutico  de 63 años.

La farmacia fue la primera en la zona de El Bajo, según dijo Pintado. Existía antes de 1925, pero se incendió y tuvo que ser reconstruída. El 11 de agosto de 1951 sus papás adquirieron el negocio.

"Detrás del local hay una casa. Las paredes son de adobe y tienen 60 centímetros de ancho. No posee tanque de agua, ni instalación de gas. Solo la usamos para dormir en los turnos y hacer un asado", contó el farmacéutico.





Con él trabaja su hijo. Sin embargo, Juan Antonio es el que abre y cierra el negocio.

"Se abre cuando yo abro y se cierra cuando yo me voy, porque yo soy el farmacéutico", finalizó Juan Antonio.

El negocio es tradicional hasta en sus productos. Bristol no vende bijouterie, ni ropa, ni golosinas, como las farmacias modernas. Además cuenta con una balanza antigua: funciona sin resortes y para pesarse hay que pararse sobre un mármol, que en 20 años se desgastó 145 gramos (la aguja está fijada por defecto en esa cifra para no alterar el valor del peso real de las personas).

"La mayor parte de mi clientela es del campo, casi el 80%. Ellos son los más fieles. Siempre vienen y me cuentan que mi padre salvó a alguno de sus hijos, porque acá consultan directamente con nosotros, antes que con el médico", confesó Pintado.

2- La primera bicicletería de El Bajo está a punto de cerrar

La primera bicicletería que funcionó en El Bajo esté por cerrar: pero lejos de demostrar melancolía, sus dueños se despiden del lugar con anéctodas y lindos recuerdos. Fue fundada con el nombre "Sarita" en 1959.

Paola Erimbaue, una de las nietas de los fundadores y actual dueña, recordó que en su infancia jugaba con las cubiertas y se escondían entre los respuestos.

"Yo hacía los deberes acá. El negocio es muy familiar", aseguró Erimbaue.

Hoy, con 43 años, se despide de los rodados. Junto a su hermano Juan Carlos contó hasta el día de hoy hay viejos clientes que pasan casi todos los días a saludar.

3- Myriam,la experta en bicicletas


Myriam Correa, de 42 años, trabajó en "Sarita" y ahora lo hace en "Norte Argentino", dos viejas bicicleterías de El Bajo. Comenzó a dedicarse a este rubro a los 19, así que ya lleva casi 20 años entregada a las bicicletas.

"Te ensuciás y siempre estás con grasa. Llego sucia a mi casa pero yo estoy feliz, me encanta la bicicletería", dijo Myriam.

La parte del trabajo que más disfruta es la que esté relacionada a las cubiertas. Afirma que es la que más sabe en el negocio y que todos sus compañeros le preguntan a ella sobre este asunto."Empecé sin saber nada, pero lo capté muy rápido", comentó Correa.

4- Cuatro generaciones en un mismo local


Si se trata de instrumentos e indumentaria folclórica o de productos regionales, "El Bajeño" es una institución en el rubro: desde 1930, cuatro generaciones de la misma familia pasaron por sus mostradores.

El bisnieto de sus fundadores, Patricio Bueno Risco,  y su madre, Cristina Risco, hablaron con LA GACETA.

"Al principio toda la estructura era una panificación, después se fue cambiando de rubro", rememoró Cristina. En este comercio se pueden encontrar ponchos, sombreros e instrumentos musicales.

“Me acuerdo que venía el tranvía y se estrellaba en la esquina. Tuvieron que poner los pilotes de hormigón para que no pudiera pasar a los negocios”, relató Cristina.

5- El oficio de curar a las mascotas pasa de padres a hijos

La veterinaria "Tucumana" está en la zona de El Bajo desde 1959. Es una de las primeras de la zona y el papá de Sergio Figueroa fue empleado del local desde los 15 años. 

Ahora le toca a él, continuar con el oficio de vender medicamentos para sanar a las mascotas.

"Hace 12 años que trabajo aquí, pero desde chico que paseaba por los pasillos", contó Sergio.




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