Los abuelos olvidaron sus achaques y se fueron a bailar

Desde hace 46 años, los vicentinos de la parroquia San Pío X regalan un día de alegría a 300 abuelos de los hogares de Tucumán.

28 Ago 2017

Con 500 metros de tela y globos de todos colores, sillas vestidas para casamiento y mesas con variedad de tortas, la escuela Ciudadela es otra. Es un salón de fiesta. Los vicentinos de la parroquia de San Pío X han trabajado todo el año para este día, la Fiesta de la Abuelos. Los invitados son los ancianos de todos los hogares de Tucumán. Unos 300 abuelos, muchos de ellos olvidados por sus familiares, que un vez al año se convierten en invitados de honor.

A paso lento, vestidos con sus mejores ropas, y las mujeres con collares y los labios pintados, entran a un mundo mágico. Los recibe la Banda de Música del Liceo Gregorio Aráoz de La Madrid. Muchos ríen y otros no pueden contener las lágrimas de la emoción. ¡Se sienten agasajados! Un grupo de jóvenes voluntarios corren a su encuentro. Los llenan de cotillón y de regalos, les dan bolsitas con golosinas, que ellos atesoran porque saben que en el hogar los dulces equivalen a oro en polvo.

MADRE E HIJA. Como toda madre, Clementina Choque le da recomendaciones a su hija Silvita. “No te vas a querer perder. Hacé caso”, le dice. 

Desde que llegan no paran de bailar. Conversan. Juegan. Se reencuentran con amigos de otros hogares, que ven una vez al año. Son nueve casas para ancianos de la capital y el interior las que fueron invitadas. Aunque también hay abuelos del Predio Ferial y de la parroquia de San Pío X. La invitación incluye el traslado gratuito en colectivo, ida y vuelta.

En la pista de baile, la banda de música regala un repertorio con pasodobles, cumbias y boleros. Ni los que están en silla de ruedas se privan de dejarse llevar por la música. El director de la banda, el teniente Ismael Mamaní, le presta la batuta a uno de los abuelos, y él con la alegría de un niño, le saca jugo a su minuto de fama. Los demás aplauden. Ahora otro abuelo pide que a él también se la preste un ratito. Las “chicas” aplauden.

Carlitos Aparicio, del centro de día del Predio Ferial, deslumbra a propios y extraños con sus dotes de bailarín. Rápido logra que lo rodeen y le hagan palmas.

SOBERANOS. Julio le da un beso a Aída, la reina.

En el almuerzo, nadie se priva de las empanadas que amasaron las voluntarias, incluida una vicentina porteña, Graciela Carnovale, que vino a Tucumán con su hija, Lucila, para descubrir que esta fiesta que tienen los tucumanos. “¡Lloré muchísimo! ¡Esto es maravilloso! ¡Es como tener un pedazo de cielo!”, dice sorprendida.

En medio del alboroto, hay dos viejitas muy juntas. Una mima a la otra. La acaricia, le da besos. Son Clementina Choque, de 97 años, y su hija Silvita, de 57, con Síndrome de Down. “¡No sabe cuánto la extraño a mi hijita! Nos separaron hace 10 años, porque yo ya no podía cuidarla. Quedé viuda y mis piernas no me responden”, cuenta la abuela menudita, desde su silla de ruedas. Apenas escucha. Tiene paralizada la mitad de su cuerpo, es sorda y ciega del lado izquierdo.

Sólo dos veces al año Clementina puede ver a su hija, que está internada en el hogar San Benito. Una vez se la llevan al hogar Vallecito, de Banda del Río Salí, donde vive ella. La otra es en la Fiesta de los Abuelos. “Ay mi hijita - se lamenta - yo te traía un bolso con todas las cositas que me iban dando pero me lo han quitado. No te he podido traer unas galletitas que a vos tanto te gustan, ni el peine ni el papel higiénico”, dice casi llorando. “Si yo pudiera caminar, la tendría conmigo todo el día”, lagrimea.

EL REY DE LA SIMPATÍA. Es del hogar San Alberto.

Llega la elección del Rey y la Reina de los Abuelos. “Y el nuevo soberano es ...”. Los 300 abuelos cruzan los dedos, se ríen de los nervios y gritan el nombre de su hogar. ¡Aída Susana Rodríguez, de la capilla de San Pablo, de Villa 9 de Julio! La abuela no lo puede creer. Se tapa la boca y hace el intento de huir. Una nube de jóvenes la rodea, le pone la capa y la corona y salta a su alrededor. El rey es Julio Vallejo, del hogar Vallecito, de Banda del Río Salí. Sonríe con una dentadura blanquísima.

El concurso continúa. Se eligen los príncipes, las princesas, los soberanos de la simpatía, del baile, de la elegancia ... todos se van con regalos y premios. Cuando lleguen a sus hogares dejarán los recuerdos sobre la mesita de luz para acordarse, durante todo el año, del día en que fueron tan felices.


Voluntarios
Los chico se hicieron grandes
Jorge Chico y Adriana Quinteros tenían 18 años cuando ingresaron como voluntarios en la Conferencia de San Vicente de Paul de la parroquia de San Pío X. Allí se conocieron un poco más, se pusieron de novios, se casaron, tuvieron cuatro hijos, y hoy, después de 34 años, siguen al servicio de los más pobres. Ya no están solos, los acompañan Luciana, Matías, Micaela y Julieta (foto).
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LOS VICENTINOS
“El compartir es más importante que el dar”
La Fiesta de los Abuelos es sólo una de las actividades que realizan los vicentinos de la Conferencia de San Pío X. En la Casa Vicentina, en pasaje Boulogne Sur Mer 2.791, se dictan talleres de música, guitarra y zumba para los jóvenes de los barrios más vulnerables. Pero el trabajo más fuerte es el del programa “Nuestro pan de cada día”, que comenzó con un comedor y ahora es un microemprendimiento que ayuda a llevar un plato de comida a 120 personas de la comunidad parroquial. “Para nosotros es más importante el compartir que el dar. Es lo que aprendimos de nuestros mayores, del ejemplo del padre Rafael Saravia y de nuestro inolvidable amigo Roque Arroyo”, agradece Jorge Chico. 


Voluntarios
Los Chico se hicieron grandes

Jorge Chico y Adriana Quinteros tenían 18 años cuando ingresaron como voluntarios en la Conferencia de San Vicente de Paul de la parroquia de San Pío X. Allí se conocieron un poco más, se pusieron de novios, se casaron, tuvieron cuatro hijos, y hoy, después de 34 años, siguen al servicio de los más pobres. Ya no están solos, los acompañan Luciana, Matías, Micaela y Julieta.

LOS VICENTINOS
“El compartir es más importante que el dar”

La Fiesta de los Abuelos es sólo una de las actividades que realizan los vicentinos de la Conferencia de San Pío X. En la Casa Vicentina, en pasaje Boulogne Sur Mer 2.791, se dictan talleres de música, guitarra y zumba para los jóvenes de los barrios más vulnerables. Pero el trabajo más fuerte es el del programa “Nuestro pan de cada día”, que comenzó con un comedor y ahora es un microemprendimiento que ayuda a llevar un plato de comida a 120 personas de la comunidad parroquial. “Para nosotros es más importante el compartir que el dar. Es lo que aprendimos de nuestros mayores, del ejemplo del padre Rafael Saravia y de nuestro inolvidable amigo Roque Arroyo”, agradece Jorge Chico. 

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