La vacuna antivariólica

Medidas para aplicarla en Tucumán, en 1833

28 Ago 2017 Por Carlos Páez de la Torre H
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EL DESCUBRIDOR. Edward Jenner, vacunando por primera vez a un niño, en un óleo de Edward Board.

Es sabido que Edward Jenner descubrió en 1796 la vacuna antivariólica. El maravilloso adelanto tardó bastante en llegar al Río de la Plata. En junio de 1833, el Administrador General de Vacuna de Buenos Aires, Justo García Valdez, escribía al gobernador de Tucumán, general Alejandro Heredia, para informar que enviaba “una competente porción de vacuna en costras, acondicionadas con la mayor prolijidad, para que V.E. se sirva mandar ejecutar la vacunación por facultativos dotados de los conocimientos necesarios”.

Decía que, frecuentemente, desde las provincias pedían vacuna para los niños. Pero que a veces, para la operación de vacunar elegían a ”cualquier persona que, calculando por su facilidad manual, considera innecesaria una multitud de observaciones para el desarrollo y marcha de la vacuna, resultando no averiguar con exactitud si es verdadera o falsa”. Sumándole “las anomalías y variaciones que comúnmente se observan”, se suscitaba “multitud de desgracias, en perjuicio de la humanidad y descrédito de este admirable específico”.

Sugería que la vacunación se confiase a quien, “a más de las cualidades profesionales, reúna la paciencia y contracción que reclama este delicado ejercicio”. Sugería que “en los pueblos en que no haya facultativos, los reverendos curas pueden suplir aquella falta”, y adjuntaba dos cuadernos con instrucciones.

Heredia se preocupó por difundir la vacuna en Tucumán. Por ejemplo, en Leales, el tema estaba a cargo de Juan Antonio Ibarreche. Este, en noviembre de 1833, agradecía a Heredia “por la filantrópica y honrosa comisión que se le ha confiado de extender y vulgarizar la vacuna en todo este departamento de Leales”.

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