Lo nuevo y lo viejo

27 Ago 2017 Por Ezequiel Fernández Moores
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NADA CAMBIA. Aguirre, DT de San Lorenzo, se jugará hoy el puesto ante Racing.

“Ser hincha de un club de fútbol solo por amor a una camiseta es una actitud que ronda con la boludez”. Lo dice el escritor y poeta Fabián Casas, en su libro “La supremacía Tolstoi”. Acaso Casas no la estará pasando bien en estas horas porque es fana de San Lorenzo y su “boludez”, de la que él no es indemne, puede agravarse, porque su equipo está en crisis y comienza la Superliga. El clásico que juega hoy contra Racing, sin dudas, es lo mejor que ofrece la primera fecha de un torneo que, definitivamente, marca una nueva era para el fútbol argentino. No estoy hablando exactamente del juego. Tampoco de cuestiones organizativas o promesas -otra vez- de que los clubes ordenarán finalmente sus cuentas. Hablo de otros juegos. De los juegos del poder. La Superliga marca el inicio de la era en la que los clubes, después de décadas de amagues jamás concretados, recortarán el omnipoder que mantuvo durante décadas la Asociación de Fútbol Argentino. El de la AFA fue siempre un poder único, fortalecido además porque trascurrieron 35 años de reinado de Julio Grondona. Pero un poder que sirvió también de regulador. Porque ahora, de alguna manera, mandarán también los clubes. Ellos son los dueños de la Superliga. Y dentro de ellos, sabemos, algunos son más poderosos que otros.

La Superliga, está claro, es por un lado la criatura que frenó la rebelión de los clubes que sintieron la derrota en la AFA. Y, por otro, es el mismo fútbol de siempre, pero con nuevo ropaje para tener mejores ingresos. La Superliga se juega en los mismos viejos estadios de siempre, con casi los mismos actores de siempre (barras incluidas) y las mismas reglas de siempre. El gran cambio, dineros incluidos, será la TV. Por eso casi ocuparon más espacio los fichajes de TNT o de Fox que los de muchos equipos. En realidad, si asumimos que la TV de cable está muy expandida desde hace años en Argentina, no notaremos mucho el cambio todavía. En octubre hay elecciones y el gobierno pidió a las cadenas que aguanten el cobro de sus abonos especiales. ¿No era que este nuevo período marcaría el fin de la politización de la pelota? Todos saben que eso es imposible. Hay cosas que jamás cambian. Como, por ejemplo, que los dos grandes inicien el campeonato contra rivales más débiles. Boca recibe hoy a Olimpo, mientras que River visita a Temperley. Debutar contra rivales “chicos” forma parte de las ventajas del poder. Un poder que, ya lo avisamos la semana pasada, amenaza acrecentarse con la Superliga.

Basta repasar las políticas, la prensa y ante todo los montos de los fichajes de uno y otro para ver que las diferencias se han hecho ahora más notables con el resto. ¿Acaso alguien recuerda hoy aquellos lamentos en continuado porque Boca perdía a Ricardo Centurión? Ricky, que era “insustituible”, ya es pasado. Ahora Boca es feliz con el colombiano Edwin Cardona y se da hasta el lujo de reflotar el retorno de Carlitos Tevez, que está siendo el superfiasco de la Liga china. ¿Y qué decir de los lamentos ahora en River porque Lucas Alario quiere irse a Alemania? Boca y River, más aún con la posibilidad de fichar a otro extranjero, tienen plantel de sobra. ¿Qué deberían decir sino San Lorenzo que no logró retener a Néstor Ortigoza; Racing, que vendió a Marcos Acuña o Newell’s, que se desprendió de varias de sus mejores figuras? ¿Acaso lo habrán hecho por gusto? La Superliga de los superhéroes de TNT pierde antes de iniciar la batalla a varias de sus mejores figuras porque tiene que sobrevivir como puede en el Tercer Mundo. Hay equipos que se desprenden de los jugadores más caros para reducir su masa salarial. Y otros que los venden a Europa porque tienen que ingresar dólares que equilibren la economía.

Llamativa paridad

Una de las características más importantes que han distinguido al fútbol argentino en estos últimos tiempos (y no hablo de la calidad del juego) es la paridad. Los últimos 20 títulos se lo repartieron 12 equipo. La lista permite ver también que casi 10 títulos seguidos se repartieron en 10 equipos distintos. Imposible ver algo así en otra liga top del fútbol mundial. Los campeonatos cortos y las crisis de los grandes seguramente influyeron. No fue lo único. Puede hablar bien también de la limpieza de nuestro fútbol, por mucho que sospechemos siempre de protecciones arbitrales o de otra índole.

Pues bien, esa característica, hay que decirlo, amaga ahora con quebrarse y anunciarnos la vuelta a tiempos de viejos dominios. River, desesperado por seducir a Marcelo Gallardo para que revise su decisión de irse, gastó casi 20 millones de dólares en fichajes. Boca más de 10 millones. Cifras imposibles para el resto. Sólo una crisis profunda o una atención exagerada a la Libertadores podrá quitarles a ambos la chance del título.

La nueva AFA de Claudio “Chiqui” Tapia mantendrá potestad sobre arbitrajes y sanciones. A las presiones de siempre, admiten en el Tribunal de Disciplina, se sumarán seguramente las de la nueva TV. Y todos nosotros otra vez allí, en la cancha o en la TV que sea, volviendo a convivir cada uno con la “boludez” que nos toque.

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