Por unos días, directores de coros argentinos fueron los cantantes

Ricardo Steinsleger cuenta su experiencia en el Simposio Internacional de Música Coral que se llevó a cabo en Barcelona.

22 Ago 2017
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EN SANT PERE DE LES PUEL-ES. El maestro Steinsleger, al frente de sus colegas directores de todo el país.

Más de 1.500 cantantes, directores de coros, compositores, editores y amantes de la música coral del mundo se reunieron durante una semana, en julio, en el Simposio Mundial de Música Coral que se llevó a cabo en Barcelona, organizado por las federaciones mundial y catalana. Además de las charlas, clases y conferencias, la música se manifestó en 80 conciertos que convocaron a un público estimado en 30.000 asistentes en el área del Gran Barcelona.

En dos conciertos actuó un grupo muy particular, ideado por Maximiliano Mancuso, actual presidente de la Asociación de Directores de la República Argentina (Adicora): se armó desde principios de año y reunió, esta vez como cantantes, a 43 directores de coros vocacionales, de Jujuy a Chubut y de Cuyo a Buenos Aires.

Representante

Ricardo Steinsleger, profesor en el Ismunt y director de los coros Feput y Vocálica, integró el supercoro argentino desde la fila de los tenores y fue elegido para dirigir a sus colegas en dos oportunidades.

Los conciertos centrales del simposio tuvieron lugar en L’Auditori, en el Palau de la Música y en la Sagrada Familia. En el circuito de extensión participó el coro de Adicora, en dos conciertos: uno fue en la iglesia de Sant Pere de les Puel-les (siglo X). El otro, en la Asociación Jardi dels Tarongers, la casa de un gran mecenas de la música.

“La idea era llevar a Barcelona música original argentina para coros y arreglos de música popular, repertorio representativo de la historia de la música coral ”, explica Steinsleger, y cita a Luis Gianneo, Alberto Ginastera, Alberto Balzanelli, Roberto Caamaño; arreglos de Ástor Piazzolla, así como el muestreo de folclore y tango: “Nada”, “La muerte del ángel” y la zamba “Si llega a ser tucumana” entre otras. “Yo dirigí en el primer concierto el Salmo 114 de Caamaño y ‘El viejo tonelero’, una cueca de Cuadros y Torcetta”, recuerda.

Conmovido

“Hay dos historias: la personal, como participante, y la colectiva como integrante de la delegación. Creo que no tiene antecedentes esta idea loca que se hizo realidad, que nos llevó a plasmar lo que es Adicora artística, ideológica e institucionalmente. Esa sensación de pertenencia, de unión espiritual de un montón de seres individualistas como somos los directores, trabajando juntos, pensando más en qué darle a la asociación que en qué nos da. Hubo comunión, amistad, enriquecimiento y aprendizaje mutuo”, resalta.

Pocas horas antes de la charla con LA GACETA ocurrió el atentado en la rambla de Barcelona: “no vi imágenes, pero me conmovió mucho pensar en ese vehículo atropellando gente en el lugar donde hace pocos días caminaba con amigos”. Una manera de apaciguar y de apaciguarse es trabajar, y Steinsleger ya está volcando su experiencia y sus nuevas ideas en la cátedra y en los coros.

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