La veloz vida del adelantado Luca Prodan

22 Ago 2017
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REFERENCIA. Sumo existió sólo por seis años, pero dejó un legado.

HISTORIAS DEL ROCK | MEDIO SIGLO DE UNA PASIÓN ARGENTINA

GUSTAVO JATIB | ESPECIAL PARA LA GACETA

Esta historia comienza con un italiano llamado Luca Prodan, que estudió en Escocia en el mismo colegio que el Príncipe Carlos de Inglaterra; llegó a nuestro país en 1981 y se convirtió en estrella de rock al sacudir la escena local con su estilo único y su personalidad fascinante. Su compañero de clases, el argentino Timmy McKern, le había enviado una foto de su familia en un bucólico paisaje serrano cordobés: fue la que lo decidió a viajar a Nono, en el valle de Traslasierra, para salvarse de su adicción a la heroína.

Allí conoció a Germán Daffuncchio (cuñado de Timmy) y a Alejandro Sokol, y los cuatro empezaron a compartir canciones e imaginar una banda. Se trasladaron a Hurlingham (noroeste del Gran Buenos Aires) y empezaron a tocar covers en inglés cuando, paradójicamente, explotaba el rock nacional.

Prodan había vivido en Londres y presenciado el nacimiento del punk y la new wave; escuchando a Sex Pistols, Madness, Van der Graaf y Joy Division, y trabajado en una tienda de discos Virgin en Marble Arch, epicentro de la movida musical de la época. Eso le daba un bagaje muy rico, en tiempos en que la música foránea tardaba meses en llegar a nuestro país. Era un adelantado.

A fines del 81 debutan con el nombre Sumo en un pub e inician así su carrera musical. Comienza la Guerra de Malvinas y la entonces baterista inglesa del grupo regresa a su país; es reemplazada por Sokol, que deja el bajo en manos de Diego Arnedo, que frecuentaba los ensayos. También se suma Roberto Pettinatto, entonces periodista de la revista Expreso Imaginario, que había conocido a Luca en una entrevista y este lo invitó a tocar el saxo. Con esta formación, y con Timmy en la función de manager, graban “Corpiños en la madrugada” en 1983, un disco independiente que no tuvo mucha repercusión.

De a poco empiezan a ser reconocidos en el circuito under, comparten escenario con Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, Virus y Los Twist, y tocan con continuidad en pubs y festivales. Se incorpora Alberto Superman Troglio en la batería y Sokol queda como invitado ocasional. En 1985 firman contrato con CBS, graban el segundo disco, “Divididos por la felicidad”, ya con Ricardo Mollo en guitarra, y pasan a tocar en lugares más grandes como Obras o el Teatro Astros, con hits radiales como “La rubia tarada” y “Mejor no hablar de ciertas cosas”, con letra escrita por el Indio Solari.

En 1986 graban “Llegando los monos”, ya como una banda consagrada, actúan con frecuencia en estadios y grandes festivales, y en 1987 llegaría su último disco de estudio, “After chabón”, cuya grabación fue muy complicada debido al deteriorado estado de salud de Luca. Lejos de haber logrado zafar de su adicción, él se autodestruía día a día sin que su entorno lograra hacer nada por salvarlo. El 22 de diciembre de 1987, a los 34 años, Luca muere producto de una sobredosis y nace el mito.

Descendientes

La mística de Sumo y la personalidad de Luca Prodan tuvieron gran influencia en una generación de rockeros. Su potencia musical, la autenticidad de sus letras y su estilo de vida fueron disruptivos y completamente diferentes a todo lo conocido. Y tan fuerte fue su impronta que el legado continuó en dos bandas extraordinarias y con asombrosa vigencia hasta nuestros días: Divididos y Las Pelotas.

Meses después del fallecimiento de Luca, en Córdoba se arma el gen de Las Pelotas. Daffuncchio, Troglio y Sokol fueron la base de un grupo que eligió un camino independiente, alejado de los grandes sellos discográficos, con su corazón en Nono, en esos mismos paisajes en los que había comenzado todo. Con varios cambios en su formación, en 2009 sufrieron la muerte de Alejandro Sokol, quedando Daffuncchio como único cantante. Y en 2011 perdieron también a su violero Gustavo Kupinski. El resto de la banda se completa con Gabriela Martínez en bajo, Tomás Sussman en guitarra, Gustavo Jove en batería y Sebastián Schachtel en teclados. Hoy están próximos a cumplir 30 años de historia, con 16 discos editados, y canciones como “Será”, “Cuándo podrás amar”, “Personalmente” o “Como un buey”, que ya forman parte de la historia grande del rock argentino.

Al mismo tiempo que nacía Las Pelotas, en El Palomar (en pleno conurbano bonaerense) y en la sala de ensayos que usaba Sumo, nace Divididos. La primera imagen muestra a Mollo y a Arnedo colgando una lona en el medio de la sala para tratar de achicar el espacio y disimular las ausencias. A partir de allí forjaron una carrera fantástica, con nueve discos de estudio y el título “la aplanadora del rock” conquistado por dos músicos extraordinarios, que formaron una fructífera sociedad y dejaron joyas como “Spaghetti del rock”, “Par mil”, “Ala delta” o “Qué ves?”. Además incursionaron en una suerte de fusión con el folclore con excelentes versiones de “El arriero”, “La flor azul” y “Vientito del Tucumán”. Alternando bateristas a lo largo de su historia, el corazón de Divididos está en el bajo de Arnedo, en la voz y la guitarra de Mollo y en ese mágico pasado forjado en los tiempos míticos de Sumo.

“Luca vive” puede leerse todavía en las paredes de alguna ciudad tucumana o del resto del país. Aquel italiano, criado en tierras inglesas, que llegó para abrir cabezas y supo describir un barrio con maestría en “Mañana en el Abasto”, o exponer la sociedad careta de New York City en “La rubia tarada”, sigue presente en las canciones de Sumo, en el espíritu de Las Pelotas y en la poderosa música de Divididos.

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