El rescate de 33 mineros a 700 metros bajo tierra

10 Ago 2017

A lo largo de la existencia suelen presentarse situaciones extremas que ponen aprietos al ser humano. En algunos casos, lo enfrentan a la muerte y el desafío está en derrotarla circunstancialmente. Siete años se cumplieron desde aquel 5 de agosto de 2010, cuando 33 mineros quedaron atrapados en la mina de cobre San José, en el desierto de Atacama (Chile) a casi 700 metros bajo tierra. No se sabía si estaban vivos. A los pocos días, el presidente chileno solicitó ayuda internacional para intentar rescatarlos, al constatarse que era alta la probabilidad de derrumbes por las fallas.

El 15 de agosto, dos máquinas de alta precisión que enviaron Australia y los Estados Unidos iniciaron la perforación del último tramo y se anticipó que las tareas serían complejas. Al día siguiente, la desesperanza ganó a los familiares y a los rescatistas cuando el presidente Sebastián Piñera informó que se habían topado con una roca de 700.000 toneladas y en consecuencia, se habían detenido los trabajos. Se inició una acción de rezos. El sábado 21, los expertos afirmaron que hacer contacto con los obreros iba a llevar meses. El domingo 22, la sonda llegó al refugio y el jefe de los obreros hizo llegar una carta atada a la perforadora, dirigida a su esposa, provocando una algarabía nacional e internacional. Los técnicos anunciaron luego que el rescate llevaría alrededor de tres o cuatro meses. La mala nota la puso el propietario de la mina San José dijo que podría declarar la quiebra de la empresa y anticipó que no tenía dinero para afrontar los salarios de los obreros, lo cual provocó indignación. Tras 70 días bajo tierra, el rescate de los mineros se produjo el 13 de octubre.

Invitado al Congreso de Geología que está desarrollándose en nuestra ciudad, Jorge Galleguillos, uno de los 33 sobrevivientes, dijo que quería salir vivo del pozo para encontrarse con su madre y conocer a su nieto recién nacido. “Pensar en ellos era lo único que me daba fuerza allí en el refugio... tuvimos una buena convivencia, no había rivalidades... la importancia de trabajar en equipo e ir todos para el mismo lado; la fe, la esperanza, la oración fueron las cosas que nos alimentaron y nos salvaron”, aseveró.

Las desavenencias entre los mineros se produjeron luego de que constituyeron entre todos una sociedad con el objetivo de administrar las regalías que podían surgir de la película que filmaron en su nombre, un libro y las futuras producciones. “Después de mucho pelear conseguimos que nos dieran una pensión a los 33”, contó el hombre de 70 años, que es actualmente guía turístico en la mina.

Ante el peligro de muerte, quienes creen que sobrevivirán tienen más posibilidades de salvarse, que los que se abandonan a la suerte. La experiencia refleja la capacidad del ser humano para sobreponerse a las adversidades, en este caso a partir de la unión de los mineros, tras la fe y la esperanza, de la rápida acción del gobierno que pidió ayuda internacional, también esa acción de rezos que iniciaron los familiares y miles de chilenos.

Esta historia con final feliz bien podría servir de ejemplo a nuestra sociedad para encontrar un destino de crecimiento sostenido y de una mejor calidad de vida. Si decidiéramos dejar de lado las rencillas cotidianas que paralizan, y más allá de las diferencias, fuésemos capaces de unirnos y trabajar en equipo para lograr los objetivos comunes, otra sería nuestra realidad.

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