Luego de cuatro ediciones, la Nación quiere revisar el funcionamiento de las PASO

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Se destina $ 2.600 millones para una elección que registra poca competencia interna de cada partido político participante, según los argumentos.

08 Ago 2017

El domingo se realizarán por cuarta vez las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Pero en esta edición se puso en debate como nunca antes este peculiar sistema de selección de candidatos, otro invento argentino: no se registra en el mundo ningún otro que obligue a partidos y electores a ir a comicios para elegir postulantes.

Las objeciones, más o menos compartidas por la dirigencia de Cambiemos, y no de la oposición, se podrían resumir así: demasiado gasto ($ 2.600 millones) para una elección que registra poca competencia interna de cada partido político participante.

En su momento, al ser instauradas, el argumento central fue que con las PASO se iría a "transparentar" el proceso de elección de candidatos de cada fuerza.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, dio la primera puntada sobre la idea de archivar las PASO: "en una elección donde la mayoría de las fuerzas no va a una primaria, parecería redundante realizarlas", apostó.

La observación de Peña sobre la redundancia parece apoyarse en el hecho de que en las tres PASO anteriores nunca se verificó un cambio sustancial del voto respecto de los comicios generales que las sucedieron; en todo caso, se acentuaron las tendencias registradas en las primarias.

El único caso en el que se dio un cambio relativo en la elección general, respecto del resultado registrado en las PASO para un cargo de relevancia, es el de María Eugenia Vidal, en 2015, para la gobernación de Buenos Aires.

Vidal fue la postulante más votada en aquellas primarias (32%), pero el kirchnerismo, con la suma de los votos de Aníbal Fernández (21%) y Julián Domínguez (19%), había sido el espacio con más adhesiones. Finalmente, en los comicios generales, la actual gobernadora terminó derrotando a Fernández por casi cinco puntos, 39,62 % a 35%.

Otro caso -excepcional- de un gran avance en votos entre las PASO y las generales se dio en 2011, cuando el socialista Hermes Binner terminó las primarias presidenciales en el cuarto lugar, con el 11%, y en los comicios definitivos logró un segundo puesto, con el 17%, aunque muy lejos del 54% conseguido por Cristina Fernández.

En cualquier caso, no es unánime el rechazo a las PASO en el oficialismo: Elisa Carrió, opina que estas primarias "made in Argentina" son útiles, al poner como ejemplo el mismo caso de Cambiemos, que dirimió en 2015 entre ella, el radical Ernesto Sanz y Mauricio Macri quién sería el candidato presidencial.

Operadores del kirchnerismo dejaron trascender, en cambio, que el Gobierno busca ahora limitar y reformar las PASO con el fin de evitar una gran elección primaria del justicialismo en 2019, para encolumnarse detrás de un único candidato presidencial.

Las PASO fueron establecidas en 2009 para cargos electivos del nivel nacional (Ley 26.571) y se utilizaron por primera vez en las elecciones de 2011, y 12 provincias adoptaron mecanismos similares para la selección de candidatos a cargos provinciales y municipales.

Un sistema de primarias abiertas y simultáneas rigió brevemente para las elecciones cuando, en 2002, la Ley 25.611 estableció primarias abiertas y obligatorias. Esta ley fue producto de la crisis política de fines de 2001, cuando se popularizó la consigna "que se vayan todos".

Como sea, Eduardo Duhalde acordó entonces con dirigentes del justicialismo y la oposición que "se dejarían sin efecto por esa única vez". Esa norma sólo fue aplicada de manera acotada en las legislativas de 2005 (se limitaron a aquellos partidos que tuvieran más de una lista), y, finalmente, fue derogada en 2006.

En su debut, en 2011, el desempeño de las PASO fue poco auspicioso en promover la competencia interna: hubo muy poca y ocurrió casi exclusivamente en el campo de la oposición. Además, prácticamente ninguna interna fue realmente competitiva, ya que los vencedores se impusieron en general por grandes diferencias. En la categoría presidente y vice todas las agrupaciones presentaron lista única. En diputados sólo hubo competencia en el 11% de las agrupaciones y apenas el 3% se definieron por una diferencia pequeña.

En 2013 hubo más competencia: 1 de cada 4 agrupaciones tuvieron más de una lista para los cargos legislativos considerados todos los distritos, y el 7% se definió por márgenes pequeños. Nuevamente, la competencia fue más frecuente entre las fuerzas de oposición.

En 2015, las agrupaciones parecieron haber atravesado una curva de aprendizaje que les permitió utilizar el mecanismo estratégicamente. Así, las PASO facilitaron la articulación de una coalición de oposición para la contienda presidencial y, además de Cambiemos, UNA (massismo) y el FIT tuvieron primarias con competencia. En la categorías diputados una de cada cinco agrupaciones tuvo competencia interna y apenas el 3% de las primarias fueron realmente competitivas.

Ahora, el Gobierno busca para el año próximo instalar que la idea de que una eventual derogación o modificación de las primarias debe tratarse "en el marco de una reforma política más amplia, cuya primera parte ya tiene media sanción" en la Cámara de Diputados.

Esa iniciativa quedó trunca en 2016 y el trámite continúa en comisión; el bloque de senadores del Frente para la Victoria y gobernadores del peronismo trabaron el tratamiento del proyecto a fines del año último al señalar reparos a la Boleta Unica Electrónica (BUE), debido la supuesta vulnerabilidad que representaría este sistema para el resguardo del sufragio.

Además de la BUE, el proyecto de reforma política avanza en la paridad de género en las listas y plantea cambios en el sistema de las PASO (aunque no se derogan), entre otros puntos.

Por último, después del estreno, en 2011, se advirtió sobre el peligro de que, en ausencia de primarias con competencia, las PASO funcionen como una gran encuesta nacional, algo que muchos prevén que eso mismo podría ocurrir este domingo. (Télam)



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