Los escándalosno pasan de moda

30 Jul 2017 Por Ezequiel Fernández Moores
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EN LA MIRA. Ricardo Centurión fue el blanco preferido del periodismo.

A veces, cuando estalla un escándalo, surge la tentación de creer que es el primero, que jamás se había vivido antes un episodio así y que la situación es culpa de los tiempos modernos. La historia, sin embargo, suele contradecirnos. La última buena victoria de Racing en Copa Sudamericana contra Independiente Medellín (DIM) hizo recordar el único choque previo entre ambos equipos. Fue por Copa Libertadores y ocurrió exactamente 50 años atrás. Racing, eran tiempos de clara superioridad argentina, ganó 2-0 la ida. El avión casi cae en pleno vuelo a Medellín. El DT Juan José Pizzuti pidió whisky para todos los jugadores apenas superado el susto. “Bebimos en silencio”, graficó Roberto Perfumo lo que fue ese momento. Racing ganó 5-2 la vuelta. No importa el resultado. Tomo el recuerdo del duelo para contar que el DIM tenía como figura a un exídolo de Racing, Oreste Osmar Corbatta. Y que todo esto, reitero, sucedió hace medio siglo.

Después del partido, el DT del DIM, el chileno Pancho Hormazábal, dio noche libre al equipo, que tenía a varios argentinos. Corbatta reapareció para el partido siguiente, unos días después contra River, también por la Libertadores. Alfonso Arriola, dueño del club, entró a su habitación, que estaba llena de cervezas y le dijo a Corbatta que ya no podía sostener más su indisciplina, que quedaba afuera del equipo.

El DIM venía de ser subcampeón y Corbatta, repito, era la figura. La prensa colombiana abrió debates éticos y criticó el fichaje de extranjeros que llegaban “a robar”. Corbatta, reclamado en cambio por los hinchas, volvió en 1968 al club colombiano que ya era una cooperativa y en el que los jugadores cobraban según recaudación. Corbatta, que no sabía leer ni escribir, se ganaba la vida vendiendo libros. El episodio que quiero recordar es que el DIM, medio siglo atrás, le había dicho basta a la indisciplina del ídolo. Como pareció hacer Boca ahora con Ricardo Centurión.

Es verdad que el caso Centurión fue un exceso. De él y también de muchos medios. “¿Se acuerdan de los periodistas indignados porque los jugadores de la Selección no hablaban con ellos y ‘perjudican a la gente que quiere escuchar a los protagonistas’? Esta vez habló en conferencia de prensa el entrenador de la Selección y dos de los tres canales deportivos comerciales no lo transmitieron. Inclusive se pueden recorrer los principales portales de noticias deportivas del país y en varios ni siquiera aparece una línea. O a la gente no le interesa más o el problema aparece cuando alguien habla de fútbol”. Lo escribió el martes pasado Iván Sandler, docente de periodismo. Y fue así. Sampaoli hablaba. Pero la TV estaba ocupada con el caso Centurión. En algunos casos, era la misma pantalla, que días antes había omitido de modo brutal otro veto resonante. El del caso Angelici.

Dejo a Sampaoli a un lado. ¿No es más importante para nuestro fútbol que la Conmebol haya vetado a Daniel Angelici (con todo lo que significa Angelici) que el hecho de que Boca haya vetado a Centurión? Sí. Pero es más fácil hablar del ídolo caído en desgracia que del dirigente poderoso. Siempre fue así. El veto de la Conmebol, hay que decirlo, tiene su debate. ¿Puede un organismo del exterior desautorizar a un dirigente que fue elegido en votación soberana de una entidad nacional? Como sea, la FIFA se vio obligada a modificar normas tras sus escándalos de corrupción. Y allí están sus nuevos reglamentos. Y la decisión sobre Angelici, por mucho que se la silencie, tendrá resonancia inevitable en el reparto de poder del fútbol argentino. Hasta que eso no suceda, mejor hablar de Centurión. Es más fácil moralizar sobre un futbolista díscolo.

Desde que llegó a Racing en 1955, con apenas 18 años, Corbatta era protegido de sus borracheras por sus compañeros de pensión. Formó parte de la inolvidable selección argentina de “Los Carasucias”, campeona del Sudamericano de Lima 57 y al año siguiente (fiasco incluido en el Mundial de Suecia) fue goleador y figura de Racing campeón. Ya no era el mismo cuando pasó a Boca en 1963, pero en el ’65 llegó como ídolo al DIM. En la hermosa Medellín recuerdan decenas de anécdotas, como bien cuenta Alejandro Wall en su gran biografía “El Wing”. Picados callejeros con los pibes del barrio Calasanz. Quince cervezas diarias. El alcohol siguió ya en el ocaso de su paso fantasma por la Patagonia y en el final en la Liga Juarense, donde jugaba en los ’70 a cambio de cama y comida. Igual que otra gran biografía de Garrincha (Estrella Solitaria, de Ruy Castro), Wall elude el atajo fácil del ídolo usado y prefiere narrar en cambio el camino más doloroso de la autodestrucción.

“Los periodistas -se quejaba Corbatta al periodista Rodolfo Braceli- te suben cuando estás subiendo y te bajan cuando estás bajando. ¿Para qué mierda querés que te suban cuando te vas para arriba? ¿Qué necesidad que te aplasten cuando te estás cayendo?”. Ojalá Centurión, ahora jugador de Genoa de Italia, pueda entender por qué su historia no es la primera y tampoco será la última. Tiene apenas 24 años. Y, sólo si él quiere, mucho fútbol por delante.

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