“Con el canto salí a luchar en la vida”

Yamila Cafrune evoca a su padre Jorge, muerto trágicamente en 1978. Un nuevo disco.

30 Jul 2017 Por Roberto Espinosa
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CAFRUNEANDO. Yamila, que presentará su nuevo disco esta noche, tenía 12 años cuando su padre falleció.

ACTÚA HOY

• A las 22, en el restaurante La Negra, ubicado en General Paz y Miguel Lillo.

Faldas cuyanas deambulan con su encanto por un valsecito. “Era una niña muy modosita. Era una niña de grandes ojos, de flores frescas, era un manojo Mendoza toda, por lo bonita… y en la tonada quiso el cogollo trenzarle amores en sus chapecas…” Dulce y criollita, la voz aroma la nostalgia de don Félix Dardo Palorma. Acunada por bordonas, Yamila Cafrune vuelve a la senda del folclore con un nuevo disco de variado repertorio, que camina una buena parte de la geografía argentina. El espectáculo “Cafruneando” que ofrecerá hoy, a las 22, en La Negra, General Paz y Miguel Lillo, tiene el sentido de homenaje a Jorge Cafrune, su padre, muerto trágicamente en 1978, cuando ella era aún una niña. El querido trovador cumpliría ocho décadas el 8 de agosto próximo.

- ¿Cómo fue su despertar en la música?

- En realidad, la música siempre formó parte de mi vida. No puedo recordar en qué año comencé a escucharla, porque siempre lo hice. Pero fue recién cuando saqué algunos tonos en la guitarra y empecé a cantar alguna canción, que supe que podía hacerla mía, como si fuera una parte de mí misma.

- Su padre murió cuando era niña, ¿cuál es el recuerdo más intenso que tiene de él?

- Tengo varios recuerdos de él, aunque es verdad que él se fue cuando yo tenía doce años. Físicamente para mí, era el hombre más grande que hubiera conocido. Y lo que tenía de grande, lo tenía de maravilloso (claro que ahora te hablo como hija mayor, “enamorada” de su padre). Pero entre tantos recuerdos, hay algunos especiales: como por ejemplo, cuando lo acompañaba en la gira “De a caballo por mi patria”. Él montaba su caballo y yo tenía una burrita. Así íbamos juntos por las banquinas de las rutas; banquinas y rutas totalmente solitarias. Conversaba conmigo. Me mostraba las vacas que había en los campos y me pedía que lo defendiera de los toros: entonces yo fruncía el ceño y creía que con eso, la batalla estaba resuelta.

- ¿Por influjo de él comenzó a estudiar música?

No hubo influencia indirecta, sino que fue directa: él me pidió que, si tanto me gustaba la guitarra, aprendiera a tocarla por música. Es decir, que aprendiera teoría y solfeo y que supiera leer partituras. Él quería que yo fuese profesional y no “orejera” como él era.

- Se graduó de abogada. ¿Hubo un momento que se vio en la disyuntiva de dedicarse a esa profesión o a la música? ¿Cuál ganó la pulseada?

- Cuando comencé a estudiar abogacía, creía que era -y sigo creyendo- que es una de las profesiones más bellas que podría haber seguido. Al recibirme, el 11 de diciembre de 1991 -el Día del Tango- en la Universidad Nacional de Córdoba, pensé que ya había cumplido con mi deseo profesional... hasta que en enero del año siguiente, don Julio Márbiz me invitó a cantar en el Festival de Cosquín. Lo demás, vino por añadidura: el gusto por las canciones, la música, la gente, los viajes, la tierra de uno... hizo que la música ganara la pulseada. Aunque esta no fue obstáculo para que mi amor por la Justicia siguiera en pie.

- ¿Cómo vivió la trágica muerte de su padre, nunca esclarecida?

- Como puede vivirla cualquier hija de 12 años a la que le arrebatan a su padre cuando nunca pensó que eso hubiera sido posible: con todo el dolor y la desesperanza.

- ¿Cómo elige el repertorio? ¿Tiene en cuenta las nuevas composiciones que siempre están surgiendo, los nuevos autores?

- Generalmente me fijo en las canciones viejas. Son pocas las veces que recurro al repertorio de los jóvenes autores. Sin embargo, hay algunos que creo son geniales, actuales y con convicciones claras y parecidas a las mías: Peteco Carabajal, Rally Barrionuevo, Bruno Arias, Roberto Carabajal, entre otros. Cuando elijo mi repertorio, trato de leer las letras, interpretarlas, que me queden bien y sentir lo que quiso decir el autor para poder expresarlas. “Si yo no siento lo que canto, difícilmente pueda hacer que el público sienta algo de lo que canto”.

- Una buena iniciativa que no sólo tuvo que ver con la interpretación, sino que fue más allá, hacia la formación de los chicos en nuestra música popular, fue su cd libro “El folclore va a la escuela”. ¿Cómo surgió esa idea? ¿Cómo resultó la experiencia? ¿Tuvo apoyo estatal para continuar con su propuesta?

- La idea del folclore va a la escuela surge para contrarrestar el dicho: “la juventud está perdida”. Quien dijo eso, es que realmente no conoce a los chicos específicamente. Quisimos demostrar -además de mostrarles el folclore de cada región del país unido a la historia nacional, sobre todo de la época de la Independencia- que los chicos saben; que si no quieren la música nacional (entiéndase folclore) no es porque sí no más, sino porque no la conocen; que en eso de no saber, la culpa es compartida entre la casa y el medio en el que se mueven y que si solamente nos quedábamos en la crítica destructiva, no íbamos a llegar a nada. Decidimos, entonces, hacer este espectáculo audiovisual para que les quedara en la cabeza y en las retinas todo lo que les llevábamos. La experiencia fue altamente positiva: los alumnos salían sabiendo lo que era la identidad nacional, el respeto por el otro, la patria, quiénes fueron y quiénes pueden ser héroes/heroínas, lo que significa la solidaridad... En cuanto al apoyo estatal, lo tuvimos con respecto a la provincia de Buenos Aires (incluidos los municipios), donde se movió mucho el show. Lamentablemente, no pudimos lograr que nos avalaran la Nación y los municipios de las demás provincias, al no contar con el dinero que se requiere para trasladar el espectáculo, se vieron imposibilitados de llevarlo.

- ¿Le pesa llevar el apellido Cafrune? ¿Siente como una obligación continuar por su senda?

El apellido Cafrune, es -lo que se llamaría en el boxeo- un “peso pesado”. Pero no por eso a mí me cuesta llevarlo. Más que como un “peso”, lo veo como una gran responsabilidad. Y tras todo lo que te he dicho, no veo como obligación seguir por el canto. Esta senda es la que hace que mi vida tenga un sentido: con el canto salí a luchar en la vida, con él formé mi familia y la mantuve, con él conocí lugares a los que nunca pensé llegar... y con él complemento mi espíritu.

- ¿Qué es el canto?

En mi caso, es la vida misma.


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