Desde su batería, Phil Maturano reivindica la mezcla de géneros

Para el músico “el jazz es un mensaje multicultural para el mundo”.

29 Jul 2017
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DESDE EL ESTÓMAGO. Maturano es hijo de padres argentinos, y es uno de los mejores bateristas de jazz.

ACTÚA HOY

• A las 22 en el Centro Cultural Virla (25 de Mayo 265),

Arrastra la A de jazz, marca de identidad que confirma que Phil Maturano nació en Nueva York, aunque por sus venas circule sangre argentina, ya que sus padres músicos son de nuestro país y se radicaron en Estados Unidos. En ese género se consagró como uno de los mejores bateristas del mundo y espera demostrarlo esta noche en el Centro Cultural Virla, dentro del XIX Julio Universitario, con dos acompañantes de lujo: el guitarrista Ale Demogli y el contrabajista Arturo Puertas, más la invitación al tucumano Leo Vera en dos temas. Antes de ellos actuará el trío local Pata i’Chancho.

El repertorio estará integrado por standards de jazz con arreglos e influencias de diferentes partes del mundo: ritmos afrocubanos, argentinos, africanos, brasileños y de la India, la etapa actual en un viaje sonoro en el que busca “seguir aprendiendo, absorbiendo y expandiendo los horizontes artísticos”, le dice a LA GACETA.

“Me gusta muchísmo mezclar géneros. No me siento identificado con uno en especial; es fácil quedarse adentro de una música y no crecer. Por el contrario, el concepto del jazz es multicultural por la improvisación y la interacción entre los músicos. Es como un mensaje que se lanza al mundo, ya que es el género que te da la libertad más grande para tu expresión”, afirma.

- ¿En la Argentina se juega con las fusiones?

- Hay poquísimos músicos que están haciendo la mixtura entre los ritmos argentinos tradicionales y el jazz. Es una lástima, porque el malambo y la chacarera son lindísimos, pero no se avanza en aspectos que ayudarían a hacer crecer la cultura. El norte argentino me inspira mucho al improvisar, aunque haya vivido varios años en Mendoza, porque tiene un color especial. Lamentablemente. la Argentina un país muy imitador de la música de afuera, sea rock, pop o electrónica, mientras se ignora la música de acá. Es un síntoma que se comparte con Brasil. Y en Estados Unidos, el jazz está prácticamente muerto, lo escuchan sólo algunos aficionados. En la India, en cambio, la tradición es muy fuerte.

- Antes de llegar al jazz pasaste por el rock y el punk. ¿Qué se te pegó de esos géneros?

- La verdad, en mi adolescencia hice rock más para conseguir chicas que otra cosa (ríe), porque en el colegio nadie entendía qué era el jazz. Lo más importante del punk rock fue el movimiento social y cultural que lo rodeó, antes que la música que produjo; me absorbió, me llamaban mucho para tocar y me divertía hasta que me di cuenta de que estaba tocando en muchas bandas. Lo fuerte era la energía de la protesta antes que los sonidos, ninguno de sus músicos se desarrollaron luego. Mi carrera incluyó también shows del estilo Broadway y Las Vegas, giras contratado profesionalmente por varios grupos. Pero eran cosas para poder comer, porque con el jazz es muy difícil vivir. Es un género más profundo y expresivo que los otros.

- ¿Cómo te influenciaron tus padres músicos?

- Nunca hicieron cosas artísticamente significativas. Tocaban en bares, en restaurantes y en hoteles, con contratos anuales y temas de repertorio. Cuando llegaron a EEUU tuvieron una vida muy dura y lentamente se fueron metiendo en el tema. Pero fue suficiente como para llenarme la cabeza con música y darme conciencia de lo que era. Creo que el mayor impacto fue cuando empecé a estudiar en serio batería, ya de adulto. Siempre fue como una cosa mágica, con un gran poder en mi mente. El instrumento me eligió.

- Egresaste y fuiste docente en el Percussion Institute of Technology durante una década...

- La PIT fue una escuela muy buena con el programa más avanzado del país en su período, hasta que la compró un empresario japonés, la hizo una academia de karaoke, y opinaba que el jazz debía estar en un museo. Me fui por una cuestión moral. El nivel actual es un desastre.

- Creaste métodos propios de enseñanza de batería, como el del trabajo con el reloj interno.

- Es el que te permite sentir los tiempos de la batería desde el estómago, no desde la cabeza. Muchos profesores te plantean una desconexión cuando se estudia la teoría, cuando hay puntos de interacción que el cuerpo tiene con la música. Vamos a dar una clínica a las 18 en el Virla para compartir estas ideas, porque es un sistema muy lindo para ayudar a los músicos. Es fácil perderse en cosas superficiales y terminar lejos de la música.

- Algunas vez afirmaste que para ser buen artista se debía ser buena persona...

- Los mejores artistas que conozco son gente buena y humilde, que sabe que ninguna persona supera a la música. Sólo se debe llamar artista a quien se lo merece.


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