Los pájaros cotizan alto en el tráfico ilegal

El robo de un cardenal en Horco Molle alertó sobre los casos que registran en Tucumán.

28 Jul 2017

El tráfico de fauna silvestre es el tercero en el mundo, detrás del narcotráfico y de la trata de personas. Tucumán no está ajeno a ese mercado negro que mueve grandes volúmenes de dinero. En ese circuito ilegal lo que más se venden son las aves. Para tener una mínima idea de los precios que se manejan basta decir que, por ejemplo, un loro adquirido con los papeles correspondientes puede costar entre $ 3.500 y $ 5.000. Sin embargo, en el mercado negro se vende a $ 500.

Mientras la gente siga comprando tortuguitas o cardenales a un vendedor ocasional en una peatonal, el tráfico ilegal de fauna silvestre seguirá vivo. Así lo advirtió el biólogo, Juan Pablo Juliá (foto), director de la Reserva de Horco Molle, dependiente de la Facultad de Ciencias Naturales (UNT).

“Hay gente que se dedica a acopiar animales y a redistribuirlos a otras provincias -afirmó Juliá-; se dice que en Banda del Río Salí está uno de los principales operadores de ese mercado”. Los que más se venden ahora son las aves canoras: cardenales, reina mora, rey del bosque y calandrias son las preferidas en el mercado ilegal, precisó Juliá.

Los más bonitos

Los cazadores furtivos utilizan a los “llamadores” para atraer a las demás aves. “En una jaula pequeña se coloca un pájaro llamador -explicó Juliá-. Como las aves canoras son muy territoriales, el llamador canta y vienen los otros machos, que son lo más bonitos y los que más se buscan para vender. Ellos bajan para atacar al llamador y cuando se posan sobre la jaula quedan atrapados”.

El biólogo dijo que también hay otros cazadores que utilizan redes de niebla (un tela casi invisible oculta entre la selva para atrapar un volumen mayor de pájaros) y como no tienen un pájaro llamador utilizan grabaciones de audio. “Hemos tenido algunos casos de tramperos que vienen de barrios vecinos y el Parque Sierra de San Javier ha incautado en más de una oportunidad redes de niebla, grabadores y demás, y nos han traído docenas de animales en muy malas condiciones”, resaltó.

Se trata de una caza selectiva: si se coloca un cardenal llamador, los que vienen a la trampa son cardenales. Después esas aves se comercializan en las ferias que se organizan los fines de semana. “El problema -advirtió Juliá-; es que tampoco hay una sanción penal, sino que se trata de una contravención y no de un delito; entonces lo único que se hace es aplicar una multa, nadie va preso por esto”.

Por lo general, si se atrapa a un cazador “lo peor” que les puede pasar es que se les incautan sus herramientas. “No al mascotismo es lo que impulsamos desde la Reserva -afirmó-; es un neologismo que inventamos para hacer alusión a esta costumbre de alguna gente de tener mascotas exóticas. Hay aves que se compran en el mercado legal como canarios o agapornis”.

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