¿Y el Paseo del Bicentenario? Los escombros y el olvido se amontonan alrededor de los túneles

La prometida parquización no se concretó. Lo atribuyen a la falta de diálogo entre el Gobierno provincial y el municipio capitalino.

27 Jul 2017

Imaginen un parque de diversiones el día después de su última noche en la ciudad. Ayer había música, risas, abrazos, luces, ruidos, aplausos, vértigo, emoción y promesas de felicidad. Fotos, recuerdos, momentos inolvidables. Pero mañana habrá cenizas en el césped maltratado, una bolsa vacía danzando por el suelo, tierra que entra en los ojos, escombros de aquella alegría a fin de cuentas efímera.

Ese día después es el que se vive hoy en el Paseo del Bicentenario, donde están los túneles y puentes que rompieron el cinturón ferroviario. No hay fiesta ni alegría. Pareciera que ni siquiera hay promesas. Se notan soledad, abandono y descuido. El parque de diversiones se ha ido el día después de la inauguración del túnel de la calle Mendoza, el 19 de junio, o quizás antes. Aquello de “paseo” ha quedado en suspenso.


Un recorrido por la zona deja una sensación de desolación, como la de una casa a medio construir. Hay resabios de obra, escombros y tierra acumulados, restos de vía de tren sueltos. Se acumula basura en los canteros vacíos, esos que debieran estar llenos de plantas y de flores.

La obra tiene dos caras: una es la que mira a la calle Marco Avellaneda, sobre todo en el sector del primer túnel inaugurado (el de calle Córdoba), donde sí hay un intento de parquización. Pero unos metros más allá el cuadro se completa con la miserable imagen de el ex centro cultural Juan B. Terán a medio demoler.


La otra cara, la que da a la Suipacha, es la más abandonada. Allí ha quedado a medio hacer la parquización y se acumulan los escombros que quedaron luego de voltear la pirca que separaba el predio de la vereda, para darle continuidad al futuro Paseo del Bicentenario.

Antes y durante la obra de los túneles, ejecutada por la Provincia con fondos nacionales, se sostuvo que, una vez finalizadas, se entregaría el sector a la Municipalidad para que se encargara del mantenimiento y de la parquización. Pero ese esquema parece haber funcionado sólo mientras duraron las buenas relaciones entre la Provincia y el municipio capitalino.


“Habíamos quedado en hacer un convenio para que nosotros nos hiciéramos cargo del mantenimiento, pero no lo concretamos todavía. Eso es imprescindible para que podamos destinar recursos... La verdad es que la imagen es penosa”, admite Walter Berarducci, secretario de Gobierno municipal. No se atreve a señalar culpas, pero sí desliza que a veces la tirantez entre ambas administraciones se cuela en la gestión. En el medio de esa cuerda que no para de tensarse, tres chicos juegan un picadito esquivando escombros y brindan con un vino en caja en ese parque de diversiones del día después.


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