Buscando desencantados tras las fronteras propias

23 Jul 2017 Por Juan Manuel Asis

Enamorar a los desencantados, seducir a los defraudados, contener a los heridos y abrazar al pobre. ¿Acaso es la fórmula para escribir una novela romántica? No, es la estrategia política elemental en tiempo de elecciones para obtener las adhesiones de los desenamorados de la gestión, para mantener cobijados bajo la misma fuerza a los que no pudieron acceder a un espacio de poder en la interna partidaria y para convencer que la preocupación por los niveles de desocupación y de pobreza es real, que hay sensibilidad social en los gestores y en los dueños de los cargos públicos.

Ahora, bien vale recordar que en todas las elecciones intermedias, como las de este año, se suele señalar que la votación se convierte en un plebiscito de la gestión. Porque en 2013 no había problemas con el discurso del oficialismo y de la oposición en cuanto a que los roles y los espacios en Tucumán estaban más que claros: el peronismo gobernaba la Nación, la Provincia y el Municipio capitalino. Los comicios se transformaban así en un verdadero plebiscito sobre la gestión del oficialismo en sus tres niveles. Hoy, el Gobierno nacional y la municipalidad son del mismo color político y la Provincia de otro. Entonces, ¿plebiscito para quien?

Si el Frente Justicialista por Tucumán (FJT) se impone en la provincia y Cambiemos por el Bicentenario (CpB) triunfa en la Capital -como viene dándose en las últimas votaciones-, ¿qué habrá que interpretar?: ¿que en el territorio provincial se desaprueba al poder central y que en la ciudad se lo respalda? Habrá que esperar los números y tener en cuenta un dato que no puede soslayarse: en las elecciones nacional de 2103 y en la provincial de 2015, la oposición al peronismo en la Capital -o sea José Cano- se impuso al oficialismo. Una tendencia que viene quedando atrapada puertas adentro de las fronteras de la sección I y que le cuesta salir para contagiar a las poblaciones de la II y de la III; para tranquilidad del Partido Justicialista.

No se los inventa

A los desencantados no se los inventa, los generan aquellos -en los que algunos depositaron su confianza- con políticas que no los convencen o que los afectan. Es entendible, entonces, que desde el oficialismo se machaque conque la gestión del macrismo generó más pobreza, más desocupación y una merma en el consumo. Mantener los comedores escolares abiertos en vacaciones va en esa línea de demostración. “Hay hambre”, se justificó desde el Ejecutivo. “Y por culpa de Macri”, se acotó.

Los desencantados a los que apunta CpB son los mismos que le dieron el triunfo a Cambiemos en 2015. No hay tanta “venta” de la gestión nacional como a la apelación a no regresar al pasado kirchnerista en su expresión local: el alperovichismo.

Miedo por aquí, miedo por allá

Es una apelación al “miedo”, la misma estrategia que usó el Frente para la Victoria hace dos años cuando trataba de instalar que lo peor que podía pasarle al país era la llegada de Macri al Gobierno. La mayoría no creyó en esa advertencia ya que respaldó al líder del PRO en el balotaje; aunque el porcentaje de diferencia con la otra opción haya sido de menos del 2%.

La fórmula se repite desde la otra trinchera -pero siendo oficialista-: se trata de instalar que lo peor que le puede pasar al país es el regreso de Cristina; aunque ese sea un problema de Cambiemos reducido a la provincia de Buenos Aires. Es, además, un intento por nacionalizar la propuesta desde una pelea circunscripta al territorio bonaerense. Sin embargo, si la ex presidenta se impone en el principal distrito electoral de la Argentina, el problema no sólo será para Macri, sino también para el peronismo. Pero eso es materia para futuros análisis.

Hasta ahora lo que se viene observando como parte de la campaña electoral es que todo, por nimio que sea, es válido para establecer diferencias cualitativas; y eso que todavía se tiene que saber cuál es el equipo que saldrá a la cancha y con qué hinchada; si es con más popular o con más platea. Esta semana, en la provincia, desde cada bando se arrojaron con leyes, códigos y artículos para defenderse de las acusaciones del adversario.

Un salto de calidad en el debate si se quiere, porque se apeló a los libros para cuestionar al otro. ¿Un debate dirigido a la platea? Se supone que son los que pueden entender el conflicto y volcarse por el que mejor argumentos les ofrezca. ¿Y para la “popu” qué hay? De buenas a primeras se puede decir que para ellos están las “chicanas” que se prodigan con picardía e imaginación los dirigentes. O frases grandilocuentes, o nuevas promesas. Mientras tanto, los pobres siguen siendo pobres.

Las PASO del 13 de agosto mostrarán dónde están parados cada uno. Será una encuesta real sobre el nivel de adhesión de cada fuerza política, porque el voto es obligatorio; aunque en Tucumán el nivel de participación fue mermando elección tras elección. En las primarias de 2011 concurrió el 82% del padrón; en las de 2013 el 80% de los inscriptos y en las de 2015 el 77%. Con esa tendencia, el próximo mes debería sufragar sólo el 75% de los habilitados; o sea casi 900.000 electores. Estos números adquieren relevancia para las fuerzas “chicas”, ya que cabe señalar que para superar las PASO y para llegar a la “final” del 22 de octubre se necesitarán entre 13.000 y 15.000 votos; el 1,5% del total de los votos emitidos, según lo fija la ley.

El FJT, con Jaldo a la cabeza, y CpB, con Cano al frente, no tendrán problemas en superar tranquilamente ese piso, por lo que ya están con los dos pies en la segunda fase. Aunque si bien el partido principal será el de octubre, el de agosto no es un simple amistoso para los principales contendientes; ya que marcará la tendencia, anticipará cómo pueden salir después y potenciará o devaluará discursos y líneas de acción. La campaña, y hasta las gestiones, pueden modificarse y sufrir cambios repentinos según los resultados que se den dentro de tres semanas.

Los que tienen que preocuparse más por el “detalle” del 1,5% son las listas de Fuerza Republicana (Ricardo Bussi), Frente Amplio Tucumano (Mario Koltan), Movimiento Socialista de Trabajadores-Nueva Izquierda (Clarisa Alberstein), Movimiento Participación Ciudadana (Juan Coria) y el Frente de Izquierda y de los Trabajadores-FIT (Ariel Osatinsky). En 2015, sólo cuatro listas superaron las PASO.

Una incógnita es FR, cuya última participación data de 2013 y está obligada a participar para no perder la personería como partido de distrito. En aquella ocasión supo cosechar el 8,2% de los sufragios. Su realidad interna hoy es distinta, por lo que esta elección le representa un verdadero desafío.

En riesgo

Según la ley 26.571 (de Democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral), son causales de pérdida de la personería la no presentación a dos elecciones nacionales consecutivas y no alcanzar en dos elecciones nacionales sucesivas el 2% del padrón electoral del distrito correspondiente (artículo 16). La organización que corre este riesgo es el MST, que en 2015 sólo llegó al 0,5% de los sufragios. Pero el hecho curioso lo aporta el del MPC, un partido creado por el abogado y político José Ricardo Falú y que obtuvo su reconocimiento en agosto de 2010. Ahora es liderado por el profesor universitario Coria, pero en 2015 obtuvo el 8% de los votos de la mano de las candidaturas de Gerónimo Vargas Aignasse (senador) y Esteban Dumit (diputado). Entre Vargas Aignasse y Coria no hay identificación ni continuidad política, sólo tienen en común la sigla que los cobijó.

Única izquierda

En ese cuadro, existe la posibilidad de que el FIT sea la única expresión de la izquierda que pueda superar las PASO. La coalición, integrada por el Partido Obrero (Osatinsky), el Partido de Trabajadores por el Socialismo (Alejandra Arreguez) y la Izquierda Socialista (Cristian Luna), superaron las PASO de 2015 con una interna en la que alcanzaron casi el 2,5% del total de los sufragios emitidos en los comicios.

Para esa ocasión, las tres expresiones se agruparon en una lista con representantes de cada partido. En cierta forma puede afrontar con alguna tranquilidad la votación. En 2011 pudo haber sido una preocupación el no llegar a alcanzar ese mínimo, pero hoy no; confió Osatinsky, seguro de superar esa valla legal, a la que considera antidemocrática. Es proscriptiva; sostiene.

El secretario general de Adiunt afirma que esta integración apunta más allá de una alternativa electoral, sino a convertirse en una alternativa política; enfrentando a la vez a Macri y a Manzur. En los papeles y en la realidad es una pelea desigual, contra dos gigantes que se van a repartir las bancas de diputados en juego y que no miran a esta izquierda que apuesta a la perseverancia de su discurso como herramienta política. Las PASO dirán dónde está parada la izquierda en Tucumán y si extendió un poco más sus fronteras.

Los que sí quieren extender sus límites numéricos son el oficialismo y la oposición, y en el territorio del adversario; Cambiemos en el interior (secciones este y oeste) y el FJT en la capital. Las campanas de ambos lados dicen que hay avanzadas de cada uno en hábitat natural del otro.

Lo que es clave para las dos listas es la diferencia de casi 12 puntos (110.000 votos) que hubo en 2015, más allá de que el reparto de las bancas sea por igual. Porque si ese número se reduce o se acrecienta las heridas van a sentirse en un lado y en el otro con mayor o menor intensidad, pero con proyecciones hacia 2019. Por eso no es solamente una pelea reducida a Jaldo contra Cano.

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