Los hospitales se abastecen en su propia multifábrica

Un taller mecánico del Ministerio de Salud se convirtió en el proveedor de insumos hospitalarios y para los CAPS.

22 Jul 2017

Una férula de cadera cuesta más de $ 3.000 en las casas de ortopedia. Pero en los hospitales públicos de Tucumán han comenzado a entregarlas en forma gratuita. No es un caso aislado. Desde hace tres años, muchos de los insumos que se compraban para el funcionamiento del sistema público ahora son fabricados por el Estado, sin tomar más empleados, sino aprovechando la mano de obra de las cooperativas.

Así, el viejo predio de Italia 1.919, sede del departamento Operativo Móviles del Siprosa, dejó de ser un taller mecánico para los utilitarios del sistema de salud. “Decidimos innovar, comenzamos a fabricar sillas de ruedas, camillas, camas con elevador, muletas de madera, bastones trípode y portasueros. Incorporamos taller de carpintería: fabricamos mesas, sillas de escritorio, banquetas, repisas, armarios y bibliotecas para las oficinas de todo el sistema de salud. En el taller de textil se hacen férulas para todo el cuerpo, sábanas, toallas, colchas, delantales, ambos para los profesionales y kits para los pacientes que van a cirugía. Estos equipos los tenía que comprar el paciente a $ 200 cada vez que se operaba, ahora se entregan gratis”, dice con inocultable orgullo José Luis Coronel, jefe del departamento Móviles.

El predio, que ocupa la manzana de Paso de los Andes, Uruguay, Alberti e Italia, cuenta con ocho galpones metálicos. En cada uno funcionan los talleres de carpintería, herrería, textil, bloques de cemento, tapicería, peluquería, automotores y próximamente colchonería. El taller textil está provisto de 17 máquinas, donde unas 25 personas trabajan haciendo stock. A medida que van saliendo, los productos se van distribuyendo por los hospitales. En los estantes de madera se apilan prolijamente acomodadas y embolsadas las colchas, las sábanas de cama de un plaza y de cuna, las cubrecamas, y la ropa de quirófano por talle, para enfermeros, médicos y pacientes.

Los jefes administrativo y de Personal, Ariel Ávila y Rafael Juárez, se detienen en el recorrido que guía a LA GACETA en un lugar donde descansa el quinto tráiler sanitario listo para entregarse. Los demás ya están trabajando en el sistema sanitario.

En el taller de carpintería hay una hilera de sillones para que las madres puedan amamantar o nebulizar a sus hijos (antes no tenían ninguna comodidad) y sillones de diálisis. Los muebles son hechos en madera de pino o en melamina.

“Empezamos con 110 personas entre choferes y mecánicos. Ahora estamos trabajando con unas 200 cooperativas, por lo que sumamos entre personal nuestro y de las cooperativas un plantel de más de 400 empleados”, explica Coronel. También hay equipos de plomeros, albañiles, electricistas y herreros que realizan el mantenimiento de los hospitales, CAPS y dependencias del Siprosa.

La casa de Mateo

Gracias a la fábrica de bloques y con el equipo de albañiles, el Departamento Móviles mejora las viviendas de los pacientes para que puedan regresar a su hogar cuando les dan el alta. Es el caso del pequeño Mateo Amado, de seis años. Padece parálisis cerebral y Síndrome de West. No habla ni camina. Sus padres, Verónica Abregú y Sergio Amado, mostraron el salón nuevo y el baño que se hizo con mano de obra de la cooperativa 11 de Marzo en el barrio del mismo nombre. Al patio de tierra se le puso contrapiso, se levantó una tapia y se instalaron sanitarios para discapacitados, incluida una bañadera especial. En el patio hay una bicirruedas -también fabricada por la repartición estatal- donde Mateo sale muy contento a pasear todos los días. Sus hermanos, Georgina, Agostina y Natanael, se pelean para llevarlo.

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