Se le quemó la casa y nadie le cumplió las promesas de ayuda

20 Jul 2017

Nunca podrá olvidar aquel viernes 2 de diciembre de 2016, alrededor de las 17.30, cuando atendió el teléfono y le dijeron que su casa se estaba incendiando. Belinda Edith Francia estaba en la plaza Urquiza, donde es conocida por su taller de pinturas para niños. Desde aquel fatídico día golpeó varias puertas para pedir ayuda. “No quiero que me regalen nada; pido que me den chapas y voy pagando por semana”, dijo aquella vez a LA GACETA. Sin embargo, siete meses después, a pesar de las promesas, nadie las cumplió hasta ahora.

Con esfuerzo se logró rearmar la casa, ubicada en el barrio Muñecas II, y volvió a ocuparla desde marzo pasado. Por mes, Francia paga $ 3.000 de alquiler. En ese monto se incluye lo que la dueña gastó en reparar las paredes y los techos. “Necesito una heladera, pero vuelvo a decir que no quiero regalo; yo voy a pagarles por semana o por mes”, remarcó ayer en diálogo con LA GACETA.

Dentro de la casa sólo hay una mesa pequeña y dos sillas. Una de las sillas es para su hijo de 13 años que cursa el segundo año en el secundario. “Voy a hacer todo el esfuerzo para que mi hijo no deje de estudiar”, insistió.

Francia detalló las gestiones realizadas. “La Municipalidad me dio dos chapas, una bolsa de mercadería y 40 ladrillos”, precisó. Dijo que después fue a la oficina de Laura Costa, coordinadora del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. “Le pedí ayuda a la asistente de ella, pero me dijo que tenía que pedir audiencia y que me atendería en un mes, pero ya pasó más tiempo”, aseguró.

Desesperada, Francia acudió a la Casa de Gobierno. “Fui a ver a Yedlin (en referencia al secretario general de la Gobernación, Pablo Yedlin), me atendió la secretaria, nunca lo he conocido a él, pero parece que me han cajoneado el expediente, porque presenté los papeles que me pedían”, remarcó.

Francia no cobra plan social ni pensión solidaria del Estado. Depende de la venta en su tradicional parada de la plaza Urquiza. Allí trabaja con los chicos que se sientan frente a un pequeño atril y comienzan a desplegar libremente su creatividad. Mientras tanto, espera que se cumpla alguna de las promesas que le hicieron.

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