Hebe Uhart: “libros publicados hay muchos; libros interesantes es otra cosa”

Es una de las cuentistas más respetadas de la literatura argentina actual, elige la crónica para rescatar a comunidades que permanecían invisibles. Mañana se inicia la tercera edición del Festival Internacional de Literatura Tucumán.

05 Jul 2017
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Viajar es como escribir: una tiene cierta idea de cómo llegar, pero no sabe cómo va a resultar la totalidad, afirma Hebe Uhart. Acaso una síntesis perfecta para esta escritora a la que Ricardo Piglia ubicó alguna vez entre los “narradores inciertos, esa idea de que el sentido no se termina nunca de construir” y a la que Rodolfo Fogwill rotuló como “la mejor cuentista argentina”. Pero nada de esa pesada carga, sino más bien la apertura, la disposición a la conversación, es lo que se cuela en la charla telefónica con LA GACETA, antes de su visita a Tucumán. Aquí, la narradora, que lleva medio siglo publicando cuentos y novelas (premios Konex 2004/2014 y Premio Fundación el Libro 2011) participará en el FILT, compartirá miradas con los jóvenes que están escribiendo y presentará su último libro de crónicas viajeras, que es el género que ella ha elegido transitar desde hace una década. El libro, anticipa, se llama “De aquí para allá”, e incluye crónicas de comunidades indígenas de la Argentina y del resto de América Latina (Colombia y Perú, entre otros países).

- ¿Por qué decidió saltar de la ficción a la crónica viajera?

- Lo que pasa es que el viaje te aporta un componente de novedad que no lo da la ficción, en la que tengo que inventar, o sacar todo de mí. En la crónica hay una apoyatura del personaje real, del habla del afuera. Pero me apoyo más en lo que observo, en lo que veo. Y para trabajarla en el caso de ciudades grandes, como Tucumán, como Córdoba, o lo mismo Rosario, hay que recurrir a elementos de antropología urbana, de la historia, de la sociología.

- ¿Cómo surgen las crónicas de la comunidades originarias que presenta en Tucumán?

- Ya en notas anteriores había registrado la existencia de muchas de esas comunidades; por ejemplo en Azul, provincia de Buenos Aires, están los catriel, en el norte los wichis, los tobas, los mismos quilmes entre ustedes: una comunidad de cuya existencia nada saben en Buenos Aires. A pocos kilómetros de Buenos Aires están muchas comunidades que prácticamente no son visibilizadas, como los coliqueos. Una va a la localidad de Coliqueo, a cuatro horas de la Ciudad de Buenos Aires, y ve el busto de Coliqueo, veterinaria Coliqueo.... Son todos profesionales, todos descendientes de Coliqueo (cacique mapuche). Y Buenos Aires no sabe de su historia. Por supuesto que han sido bautizados, “acristianados”. Es muy interesante ver cómo se dan esas síntesis, esos cruces. Hay casos como el de la comunidad charrúa, muy cerca de Concepción del Uruguay. Están absolutamente aculturados, pero de todos modos tienen elementos de sus culturas originarias. Me interesa la mezcla, el uso del celular, de la notebook, de las nuevas tecnologías, cómo las incorporan en su vida diaria.

- ¿Qué ha encontrado en su paso por la comunidad de los quilmes?

- Fui dos veces a Amaicha. La primera vez, vi que había un museo muy trucho, hecho por un señor Cruz, apoyado por alguien, no sé por quien. Lo más trucho que vi en mi vida. Había, por ejemplo, piedras de San Luis. Y pasaban turistas extranjeros que se llevaban esa información. ¿Qué tiene que ver una piedra de San Luis con los quilmes? Ese museo es solo para sacar dinero. Entonces, habría entre los quilmes una polémica que sí es interesante. De una parte, alguien que quiere hacer dinero con las ruinas de Quilmes, un “shopping”, y del otro, una comunidad que dice: “no, esto es nuestro , acá están los restos de nuestros antepasados. Y me habría encantado escuchar de parte de ellos ese debate, pero no lo escuché, porque no me dejaron entrar a escuchar la asamblea de los Quilmes. Y era lógico que así fuera, porque era una asamblea interna. Pero el conflicto se da en todas las comunidades del país. Por ejemplo, cuando va el extranjero y compra terrenos en el sur. En El Bolsón me han contado que cuando Benetton compró tierras, compró pueblos con toda la población incluida. Y hubo peleas profundas entre hermanos, y hasta uno mató a otro, porque uno se decía: “mantengo mi trabajo”, mientras el otro peleaba por preservar su espacio y su identidad. Es muy interesante escuchar lo que dicen unos de otros.

- Usted comparte este período de cronista viajera con sus talleres, que nunca ha dejado ¿Qué encuentra en la gente que hoy está escribiendo?

- Cada persona es distinta. Unos tienen mucho apuro por publicar, y yo los retengo. Algunos se ofenden. Pero les digo que es mejor estar maduros, porque libros publicados hay muchos. Ahora, libros interesantes, es otra cosa.

- Entre los narradores que están circulando, ¿hay algún núcleo en común?

-Mmm.. Lo que sí veo es cómo nuestra mente se va sintetizando, y se va volviendo cada vez más exigente de prontitud. Yo estaba leyendo un cuento de Joyce, y me parecía larguísimo. Hay una vocación de síntesis cada vez más intensa. Ayer me compré una antología, y hay cuentos que me parecen larguísimos. Y pienso, mientras leo, cómo lo habría resuelto yo para que sea más ligero. Quiero decir que estamos muy acostumbrados a pensar muy rápido.

- De vuelta al viaje, ¿no exige el viaje esa cuota de paciencia que parece ir perdiéndose?

- El viaje, lo que trae de bueno, es una mirada por primera vez. Pero eso va cambiando en la medida en que uno se funcionaliza. Pero de entrada sí se gana mucho, sobre todo en la primera impresión, porque el viaje aporta algo de novedad. Viajar significa cortar un poco con lo cotidiano. Pero a mí me gusta viajar y volver a mi casa. Pero he conocido gente totalmente nómade, como una escritora uruguaya, Fernanda Trías, que se va a un lugar, le gusta y se queda. Hay muchos jóvenes que han elegido esa forma de vivir. En Amaicha he visto cantidades que van subiendo hasta Perú y usan Amaicha como lugar para aprender a tejer. ¡Eso era el colmo, había una chica de Provincia de Buenos Aires que estaba aprendiendo a tejer para vender sus tejidos en Perú! Y le dije, “pero ¿qué estás pensando? Eso que pensás hacer es como ir a vender naranjas a Paraguay.

- ¿Qué fantasías genera el viaje?

- El viaje genera fantasías buenas y otras no tanto. Por un lado está la novedad, la renovación, pero también está la incertidumbre de lo nuevo, que a veces trae un poco de desasosiego.

- De los cronistas viajeros que usted ha leído, ¿cuál es el que más le ha interesado?

- He leído a muchos, a Bernal del Castillo, que visitó México, Ellos estaban absolutamente asombrados de lo que veían: un mundo totalmente distinto, animales diferentes, gente distinta... Las crónicas de la Conquista son muy interesantes.

- ¿Y qué cosas la han asombrado a usted de todos sus viajes?

- Muchas… Pero, más que asombro, viene a ser cómo he aprendido un registro de los lenguajes de los distintos lugares de América Latina; registro de lenguajes distintos, o formas de concebirlos de manera distinta, a través de las expresiones.

- Hay arquitectos que cuando viajan todo lo aprecian con una mirada arquitectónica. ¿Y usted? ¿Va escribiendo el viaje con la mente?

- En realidad, yo sé lo que voy a hacer, porque antes leo bastante. Tengo cierta idea, aunque no toda: el viaje es como escribir, una tiene cierta idea de cómo llegar, pero no sabe cómo va a resultar la totalidad. 


festival de literatura 
mañana comienza el encuentro en el munt
La tercera edición del Festival Internacional de Literatura Tucumán (FILT) se pondrá en marcha mañana a las 10 en el MUNT (San   Martín 1.545) con las mesas iniciales de debate. La primera intervención de Hebe Uhart está programada el viernes a las 17, ya que integrará el el panel Crónicas Mínimas. El sábado a las 20 la escritora presentará su libro “De aquí para allá” (Editorial Adriana Hidalgo), en un encuentro con el público que será moderado por Marcela Canelada. El domingo habrá una tercera intervención de Uhart: desde las 18 formará parte del panel que debatirá sobre el cuento como género.
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