
La investigación que abrió la Corte Suprema de Justicia de Brasil contra el presidente Michel Temer, por los delitos de corrupción, asociación para delinquir y obstrucción a la Justicia, ilustra la situación política que vive el gigante sudamericano, pero es sólo el último episodio en una crisis que paraliza al país desde hace cuatro años.
El hecho puntual se desató luego de que el empresario Joesley Batista aportó grabaciones en las que Temer lo escucha relatar maniobras ilegales ante la Justicia y el Ejecutivo para huir de las investigaciones por corrupción.

Los orígenes de la crisis, sin embargo, se remontan a mucho antes del episodio de las grabaciones, destaca el investigador Luiz Cristiano Naclerio Torres, experto en Relaciones Internacionales y docente de la Universidad San Pablo-T, graduado en Brasil y residente en Tucumán.
Según la mirada de Naclerio Torres, Brasil está prácticamente de rodillas debido tanto a la convergencia de procesos políticos nacionales con intereses foráneos.

Emancipación nacional
“Algunos dirán que la corrupción endémica que se apoderó del sistema político es la causa de este parálisis, pero desconfío de que la respuesta sea tan inmediata -indica el analista brasileño-. Es necesario dar el debate sobre como se combate y que instrumentos deben ser empleados para disminuir o controlar estos hechos delictivos. Pero la corrupción no es un crimen común. En muchos casos, se mezcla con el funcionamiento mismo de las estructuras socioeconómicas, con las prácticas políticas y las conductas sociales o con la cultura de una sociedad y región”.
El experto sostiene que no se logrará que una sociedad sea menos corrupta o susceptible de incurrir en prácticas de esta naturaleza si no existen acciones que tiendan a fortalecer las luchas por derechos, la participación ciudadana así como un Estado con recursos y herramientas para operar en contra de las injusticias sociales, con un proyecto político “que tenga el compromiso con las mayorías obtenidas en las urnas y refleje de forma transparente un proceso de emancipación nacional y no de subordinación a los intereses de grupos económicos extranjeros”.
Dinámica internacional
Las causas de lo que viene sucediendo en Brasil hay que buscarlas en la dinámica internacional. Lo que inaugura la crisis política, acompañado de la mediatización de las operaciones de Lava-Jato fueron los efectos de la crisis del sistema capitalista, los reajustes en las altas esferas del poder económico mundial y sus consecuencias para el capitalismo brasileño.
“La llegada al poder del PT (Partido de los Trabajadores) coincidió con un contexto de consolidación y expansión del capitalismo brasileño apoyado en la internacionalización de empresas verde-amarillas en el rubro de explotación de recursos naturales (como Petrobrás), grandes constructoras (Odebrecht), industrias manufactureras de alimentos (la JBS de la Familia Batista), además de grandes holdings financieros; todas ellas acogidas por el Banco de Desarrollo Nacional y con la participación de fondos de pensión estatales en articulación con empresas nacionales, con los socios menores representados por la alta cumbre sindical en el rediseño de las estrategias del capital brasileño”.
El gobierno de Lula fue la representación política de este proceso, señala Torres. Este rediseño se hacia necesario a partir del fin de la estrategia de privatizaciones para promover las políticas neoliberales, ya que la crisis política y económica en la que habían ingresado estas administraciones y la respuesta en las calles, a través de movimientos organizados, prendieron las alarmas de los grupos económicos dirigentes no sólo en Brasil, sino en toda América Latina.
En este contexto, los gobiernos que surgen en la región apostaron al empleo de herramientas que permitieran avanzar con la capacidad del Estado para redefinir políticas económicas con el despliegue de importantes políticas sociales.
En el caso brasileño se resumiría en la máxima de “crecer con distribución social” que habría caracterizado los dos periodos presidenciales de Lula.
Sin embargo, la dinámica de las inversiones extranjeras que sostenía esa expansión chocó en 2008 con la crisis internacional e hizo mella en la cooperación antagónica, que propiciaba apoyo retórico y económico a las veleidades de liderazgo regional brasileño. La acción del gran capital, representado en su brazo político, pasó a actuar de modo menos cooperativo y más antagónico.
El foco está en otro lado
“El intelectual brasileño Moniz Bandeira, en su último libro ‘A desorden Mundial: O espectro da total dominación’ (que aún no está traducido al español) ahonda en esta perspectiva y señala cómo -desde Estados Unidos- se inicia la guerra jurídica contra las empresas brasileñas”.
El foco no es el combate a la corrupción, de lo contrario deberían empezar por las relaciones poco claras en Wall Street o el combate a los paraísos fiscales -explica Naclerio Torres-, sino una acción deliberada para destruir el avance de empresas brasileñas.
La aparente lucha en contra de la corrupción tiene mucho de mediático y se inserta en la disputa por el poder internacional y los rediseños de las economías nacionales en contexto ya más favorables para la reimplantación de políticas económicas decididas en Washington.
Consecuentemente se debe observar con mayor atención, para entender los rumbos que tomará la situación brasileña y qué repercusiones tendrá sobre Argentina, los repartos y asignaciones de recursos que media docena de grupos económicos realizan a destiempo de lo que marquen las urnas.
Para entender como afectará el proyecto de integración regional y observar las estrategias políticas contrarias a esto. Como no está dada la última palabra y la política se mueve al calor de las movilizaciones y la capacidad de proponer alternativas hay que observar que surgirá de este proceso.







