¿Cuáles promesas cumplirá Trump?

El comercio internacional, espacio de lucha

29 Ene 2017
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APUESTAS. Se verá a quiénes favorece la era Trump. New York Times

Paul Krugman/The New York Times

WASHINGTON.-Donald Trump romperá la mayoría de sus promesas de campaña. ¿Cuáles promesas sí cumplirá?

La respuesta, sospecho, tiene más que ver con la psicología que con la estrategia. Trump es muchísimo más entusiasta para castigar a las personas que para ayudarlas. Es posible que haya prometido no recortar la Seguridad Social ni Medicare, o no quitarles el seguro médico a decenas de millones que consiguieron la cobertura con el Obamacare, pero, en la práctica, parece perfectamente dispuesto a satisfacer a su partido, destruyendo la red de seguridad.

Por otra parte, parece serio en su ímpetu por dar marcha atrás a los 80 años que lleva el compromiso de Estados Unidos de expandir el comercio mundial. El jueves, la Casa Blanca dijo que estaba considerando un arancel de 20 por ciento a todas las importaciones de México; hacerlo no solo sacaría a Estados Unidos del TLCAN, sino que violaría todos nuestros tratados comerciales.

¿Por qué hace esto? Porque ve al comercio internacional en la forma en la que ve todo lo demás: como una lucha por el dominio, en la que solo ganas a expensas de alguien más.

En su discurso de toma de posesión dejó eso perfectamente claro: “Durante muchas décadas, hemos enriquecido a la industria extranjera a expensas de la industria estadounidenses”. Y ve a los aranceles punitivos como una forma de hacer que los extranjeros dejen de vendernos cosas y, así, revivir las “fábricas oxidadas que están dispersas como lápidas de tumbas por todo el paisaje”.

Desafortunadamente, como casi cualquier economista podría decirle – pero que, probablemente, no durante los tres minutos de su periodo de atención -, las cosas no funcionan de esa forma. Aun si los aranceles condujeran a una inversión parcial de la prolongada decadencia del empleo manufacturero, no se agregarán empleos netos, solo habrá un cambio de sitio. Y, probablemente, ni siquiera pase eso: es probable que, en conjunto, las políticas del nuevo régimen lleven a una disminución, más rápida en lugar de más lenta, de las manufacturas estadounidenses.

¿Cómo sabemos esto? Se puede examinar la lógica económica subyacente y también podemos ver lo que pasó en los años de Reagan, que, en cierto sentido, representan un ensayo general de lo que viene.

Ahora, me estoy refiriendo a la realidad de Reagan y no a la leyenda de los republicanos por la cual se le adjudica toda la responsabilidad de la recesión de principios de los 1980 a Jimmy Carter y se le da el crédito de la recuperación subsecuente al santificado Ronald. De hecho, todo ese ciclo casi no tuvo nada que ver con las políticas de Reagan.

No obstante, lo que Reagan sí hizo fue inflar el déficit presupuestal con el gasto militar y los recortes fiscales. Esto hizo que subieran las tasas de interés, lo cual atrajo capital extranjero. La afluencia de capital, a su vez, llevó a un dólar más fuerte, lo cual hizo que las manufacturas estadounidenses ya no fueran competitivas. El déficit comercial aumentó; y se aceleró, pronunciadamente, el descenso de largo plazo en la parte de las manufacturas en el empleo en su conjunto.

En forma notable, fue con Reagan que primero se generalizó hablar de “desindustrialización”, así como el uso del término “Cinturón del Oxido”.

También vale la pena señalar que el descenso en las manufacturas en el época de Reagan sucedió a pesar de una cantidad considerable de proteccionismo, especialmente una cuota a la exportación de coches japoneses hacia Estados Unidos que terminó por costarle al consumidor más de 30,000 millones de dólares a precios actuales.

¿Vamos a repetir esta historia? Es claro que el régimen de Trump pasa a inflar el déficit, principalmente por medio de los recortes fiscales a los ricos. (¿Es chistoso, no es cierto, cómo se han silenciado todos los regaños por los déficits?) Cierto, es posible que esto no estimule mucho el gasto, ya que los ricos van a ahorrar gran parte de sus ingresos inesperados, mientras que los pobres y la clase media enfrentarán duros recortes a sus beneficios. No obstante, las tasas de interés han aumentado en anticipación al incremento en los créditos, al igual que el dólar. Así es que sí parece que estamos siguiendo el manual de estrategias de Reagan para la reducción de las manufacturas.

Es cierto que Trump parece listo a practicar una forma muchísimo más extrema de proteccionismo que Reagan, quien evitó las violaciones descaradas a los tratados comerciales existentes. Esto podría ayudar a algunas industrias manufactureras. Sin embargo, también hará subir más al dólar, lo que perjudicará a otras industrias.

Y existe un factor más a considerar: la economía mundial se ha vuelto mucho más compleja en las últimas tres décadas. No se puede decir hoy día que algo está simplemente “hecho en Estados Unidos” o, para el caso, “hecho en China”: las manufacturas son una empresa mundial en la que los coches, los aviones y así sucesivamente, se ensamblan con partes que se produjeron en múltiples países.

¿Qué le pasará a esta empresa si Estados Unidos lleva un hacha para carne a los tratados que rigen al comercio internacional? Habrá, inevitablemente, un trastrocamiento enorme: algunas fábricas y comunidades estadounidenses se beneficiarán, pero se dañará a otras en grande, debido a la pérdida de mercados, a componentes cruciales o a ambas cosas. Los economistas hablan del “impacto de China”, el trastrocamiento de algunas comunidades debido al aumento en las exportaciones chinas en los años 2000. Bueno, el impacto de Trump que se avecina será, por lo menos, igual de perjudicial. Y los mayores perdedores, como con la atención de la salud, serán los electores blancos de clase trabajadora que fueron lo suficientemente ingenuos para creer que Donald Trump estaba de su parte.

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