Cosas de Trump que merezcan apoyo

Friedman define cuál es el reto para los democrátas y republicanos moderados

29 Ene 2017
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ESTRATEGIA. Los ojos del mundo están puestos en la relación China- EEUU. Reuters

Thomas L.Friedman/The New York Times

LONDRES – De hecho, he estado observando los primeros momentos de la presidencia de Trump desde Londres. (Me habría ido a la luna, pero no conseguí un aventón.) Aun estando aquí, tengo vértigo.

Mi cabeza da vueltas con los “hechos alternativos” de la cancelación de tratados comerciales, el inicio de los gasoductos, el Obamacare en la dimensión desconocida y diatribas completamente extrañas sobre la asistencia a la toma de posesión y electores falsos el día de las elecciones. Sea lo que sea lo que le haya costado a Vladimir Putin, ya le sacó partido a su dinero con un presidente caótico. Pasen por el vodka.

Sin embargo, los republicanos moderados, los independientes y los demócratas que se opusieron a Donald Trump necesitan tener cuidado. Puede hacerlos enloquecer tanto – y sí puede succionarles los sesos _, que ya no puedan pensar claramente sobre las cuestiones más importantes de hoy: ¿Qué cosas son ciertas aun si las cree Trump y, por lo tanto, ameritan apoyo? ¿Y dónde es donde los demócratas pueden ofrecer enfoques más inteligentes sobre problemas como el empleo, por ejemplo?; enfoques que se puedan conectar a los instintos del electorado de clase trabajadora, como lo hizo Trump, pero brindar un camino más inteligente para avanzar.

En lo que no se equivoca el instinto de Trump es en la necesidad de conseguir un tratado comercial de largo plazo con China. Sin embargo, a mí me preocupan sus tácticas pendencieras. Yo estaría negociando con Pekín en secreto total. Dejar que todos salvaran el honor. Si abofetea a China con el “Estados Unidos primero”, ésta lo abofeteará con “China primero” y pronto tendremos una buena y vieja guerra comercial.

Donde yo creo que los demócratas deberían concentrar su críticas, e ideas nuevas, es en cómo hacer que regresen más empleos para la clase media. Apenas si pasa un solo día sin que Trump amenace a alguna compañía que planea llevarse empleos a otros países o construir alguna fábrica en México y no en Estados Unidos.

Si el acoso de Trump puede realmente salvar los buenos empleos, que Dios lo bendiga. Sin embargo, lo que él no ve es que si bien ello puede darle titulares sobre los empleos de corto plazo, en el largo plazo es posible que los altos ejecutivos prefieran construir su próxima fábrica en Estados Unidos, precisamente porque será rehén de los latigazos de Trump en Twitter. También es posible que remplacen a más trabajadores con robots y con mayor rapidez, porque Trump no puede ver eso ni quejarse.

“Trump quiere proteger los empleos”, explicó Gidi Grinstein, quien encabeza al instituto de políticas públicas Reut. “Lo que realmente necesitamos es proteger a los trabajadores”.

Necesitas proteger a los trabajadores, no a los trabajos, porque lo más probable es que cada trabajador tenga que pasar múltiples veces por múltiples empleos debido a que se acelera el ritmo del cambio. Así es que la mejor forma de ayudar a los trabajadores es asegurando que sean flexibles – que tengan las habilidades, las redes de seguridad, la atención de la salud y las oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para dar esos saltos y que vivan en ciudades abiertas a la innovación, al espíritu emprendedor y a los temerarios con alto coeficiente intelectual.

Las unidades sociales que mejor protegen a los trabajadores son nuestras comunidades saludables – donde los negocios, las filantropías, el sistema de escuelas y universidades públicas, y gobiernos locales se juntan para apoyar a una fuente de capacitación para el trabajo y el desarrollo de habilidades durante toda la vida.

Las empresas envían las señales a las facultades y colegios, en tiempo real, cuáles son las habilidades que necesitan para prosperar en una economía mundial y las filantropías financian programas innovadores de instrucción y capacitación suplementarias. Las escuelas también sirven como centros de educación para adultos y servicios sociales; y los gobiernos locales y estatales los apoyan a todos, incluido el acercamiento con inversionistas mundiales y nuevos mercados.

Eric Beinhocker, el director ejecutivo del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico en Oxford, llama a eso “el nuevo localismo progresista”. Por demasiado tiempo, argumenta, “los progresistas han estado tan concentrados en Washington que se les ha pasado el hecho de que han habido avances en la mayor parte de los problemas que les importan – el ambiente, la educación, la oportunidad económica y la capacitación de la fuerza de trabajo –, y que ha sucedido en el ámbito local. Porque es ahí donde reside la confianza”. La confianza es lo que te permite adaptarte rápidamente y experimentar con frecuencia, por ejemplo, a ser flexible. Y, hoy día, en Estados Unidos, hay muchísima más confianza en el ámbito local que en el nacional.

Cuando Trump se pone duro con una compañía para que retenga los empleos, pero elimina al Obamacare sin una alternativa creíble, está salvando empleos, pero está dañando a los trabajadores porque los está haciendo menos seguros y menos flexibles.

Otra de las falacias de Trump sobre el empleo es que las regulaciones siempre son un lastre para las empresas. En algunos casos sí lo son y una desregulación seria puede ayudar. Sin embargo, el argumento de Trump en cuanto a que debemos ignorar a la climatología porque el mejoramiento sistemático de los estándares de la energía limpia para nuestras compañías de electricidad, automotrices y de construcción elimina empleos, es pura tontería.

Hechos: California tiene unos de los estándares de energía limpia más altos para los coches, los edificios y los servicios públicos eléctricos de Estados Unidos. Y ellos han mantenido a California como uno de los líderes mundiales en las compañías y empresas emergentes de tecnología limpia, y el empleo y la economía en su conjunto han crecido constantemente desde el 2010.

“El estado dorado tiene más de medio millón de empleos en energía avanzada”, dice Hal Harvey, un alto directivo de Energy Innovation. “Eso es 10 veces más – tan solo en este estado – que el total de los empleos en el carbón, en Estados Unidos”. La estrategia de Trump es para “hacer que Estados Unidos” sea el último en energía limpia y redoblar la apuesta en el carbón. Descabellado.

En resumen, los demócratas deberían y pueden quitarle a Trump el lenguaje de la “fortaleza” y adueñarse de él. Deberían estar a favor de trabajadores fuertes y no de muros fuertes; por construir comunidades fuertes y no depender de un hombre fuerte para que intimide a los empleadores, para que normas fuertes creen compañías fuertes. Esas serían mis palabras de combate.

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