En la Ruta del Adobe conviven naturaleza, historia y confort

Este tramo de la ruta 60, en las sierras catamarqueñas, es un verdadero museo al aire libre. Técnica milenaria

04 Enero 2017
Sólo 55 kilómetros separan las ciudades de Tinogasta y Fiambalá, por la ruta 60, en la provincia de Catamarca. En ese breve tramo, conocido como la Ruta del Adobe, el clima es cálido y seco, y podrás encontrarte con el pasado y, al mismo tiempo, disfrutar del confort del presente. Viviendas y templos levantados con la milenaria técnica a base de barro, estiércol y paja tienen hasta 300 años de antigüedad y sobrevivieron a conquistas, guerras y nuevos métodos de edificación. Es que este noble material se ha revalorizado en la actualidad por sus propiedades aislantes y el consiguiente ahorro de energía. “A veces hace falta volver al pasado para darse cuenta cómo es posible vivir perfectamente sin aire acondicionado”, señaló Pedro Valdivia, turista y admirador de esas construcciones.

La travesía

Una buena idea es partir desde Tucumán por la ruta 38 y hacer noche en Tinogasta (a 271 km de la capital provincial) para arrancar el paseo por la mañana. De hecho, el primer mojón de la Ruta del Adobe es el Casagrande Hotel de Adobe, que funciona en un edificio histórico: fue construido en 1897 para albergar el comando del Batallón “Cazadores de los Andes” -cuando Argentina y Chile estaban al borde de una guerra por cuestiones limítrofes (ver “Hospedaje con historia”)-.

Luego del desayuno, podés visitar el Centro Cultural Municipal, construido en 1898. Sirvió para uso militar y desde 1914 fue el hospital de la zona. Cuando en 1982 se inauguró el nuevo, pasó a su función actual; alberga una biblioteca y el Museo Arqueológico.

La primera parada puede ser a 15 km, en El Puesto, un caserío casi completamente de adobe; se destaca el Oratorio de los Orquera que, erigido en 1740, alberga un confesionario de algarrobo macizo e imágenes de la escuela cuzqueña. “Entre ellas se encuentra una de las pocas pinturas de la Virgen amamantando al Niño, de 1717, trasladada desde Chuquisaca (Bolivia), y también un pequeño San Antonio de madera”, le contó a Télam el guía Oscar Chuisca. El edificio, de paredes enterizas de adobe, es pequeño y pintoresco; el techo está sostenido por vigas de algarrobo curvas, que caracterizan la arquitectura de la zona, y tiene a su lado un museo que conserva una gran cantidad de objetos.

Este virtual complejo histórico de sitio se completa con un antiguo lagar de cuero detrás del oratorio. Y hacia el fondo del predio, como fiel testigo de la historia, se erige un amplio olivo de fines del siglo XVIII.

A 1,5 km de El Puesto te recomendamos internarte por un camino de tierra hasta el paraje La Falda, olvidado del mapa y vacío de habitantes, donde se erige la Iglesia de Nuestra Señora de Andacollo, restaurada en 2001. La fecha de su construcción no está documentada, pero se estima que data de la década de 1830, por lo que sería el templo más moderno de la Ruta del Adobe.

El edificio más antiguo del circuito se encuentra en Anillaco y es la capilla de Nuestra Señora del Rosario. “Fue levantada en 1712, y declarada Monumento Histórico Provincial en 1992”, informó Chuisca. Construida por indígenas a las órdenes de Juan Gregorio Bazán de Pedraza IV, el primer español que se instaló en la zona, este oratorio familiar tiene puertas con quicios y las vigas del techo son de algarrobo arqueado. El altar, realizado por completo en barro, resalta con el piso de tierra, y las paredes, de un metro de espesor, carecen de ventanas, ya que el templo también oficiaba de fortaleza en caso de rebeliones indígenas. Cerca de allí podés visitar las ruinas de la ciudad diaguita de Watungasta, junto al río La Troya, a unos cinco kilómetros de Anillaco; allí encontrarás pucarás y recintos circulares de origen inca.

El verde de las plantaciones, producto del riego, no sólo anuncia un descanso de la aridez del paisaje, sino también que se está en las inmediaciones de la entrada a Fiambalá donde, rodeada de un bosque de algarrobo, se levanta la Iglesia de San Pedro, construida en 1770. A diferencia de las anteriores, este templo que integraba el Mayorazgo de Fiambalá se caracteriza por estar cubierto con una capa de pintura blanca que esconde el color original del adobe; el altar, como en Anillaco, es de adobe e integrado a los muros. La iglesia también alberga obras religiosas traídas de Bolivia, entre ellas una imagen de San Pedro pintada en Cuzco y una colección de pinturas del siglo XVIII, también de esa ciudad, y constituye uno de los pocos ejemplos de arquitectura virreinal de la región; fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1941. A pocos metros, la Plaza de Armas del Mayorazgo (hoy museo), que data de 1745, conserva en cambio el color del adobe. Detrás de la iglesia, en un patio arbolado, hay un pequeño templo de adobe, también blanqueado, en forma de domo, dedicado a Santa Rita, quien, según la creencia popular, es quien “si algo te da, algo te quita”.

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