PREPARADO. Anastacio, un DT exitoso en la Liga, espera consagrarse también con el “Decano”. la gaceta / foto de hector peralta
06 Octubre 2016 Seguir en 

Llega unos minutos retrasado a la entrevista. Es entendible. El tipo está en plena hora de laburo y se hizo un hueco para charlar con LG Deportiva. Martín Anastacio baja de su taxi, saluda al fotógrafo, al cronista y sonríe para las fotos. Está cómodo, se siente a gusto de poder contar lo que le toca vivir este año.
Campeón en 2011 de la Liga con Sportivo, Anastacio hilvanó un doblete en temporadas consecutivas, en 2014 con La Florida, hoy condenado al descenso (“no sabés lo que me duele”, jura), y en 2015 con Ñuñorco. Tanto éxito le valió captar la mirada de Atlético, club del que es hincha fanático y en el que militó del ‘91 al ‘98.
Su paso por el “Decano” le sirvió, además, para apuntalar su futuro económico. “No eran épocas en las que se ganaba el dinero que se gana hoy. Supe seguir el consejo de mi padre y hacerme de un trabajo digno”, dice el técnico del plantel liguista del “Decano”, dueño de un taxi que maneja en las horas en la que no está dirigiendo en Bajo Hondo, club donde se juntan los futbolistas de Atlético que luego son repartidos entre la Liga, las inferiores de AFA y la Reserva.
A Martín no se le caen las medias por decir que es “tachero”. “En absoluto, por qué habría de pasar eso. Es un trabajo digno como cualquier otro. El taxi es el sostén de mi familia”, agradece y cuenta que disfruta de la presión de no saber con qué jugadores contará los días previos a un encuentro por el Anual. Sucede que muchos de sus dirigidos se suman a la Reserva cuando Atlético juega de visitante.
“Es interesante, porque seguramente los chicos que están jugando conmigo en la Liga tendrán la posibilidad de jugar en algún momento en Primera. Pero primero tienen que hacer las cosas bien conmigo, después en Reserva con Luciano (Precone) y de ahí ganarse la chance en el plantel superior”, considera quien afirma no renegar por nada. Ni en la calle, al volante de su auto, ni cuando debe dirigir.
“Es más, te confieso que es más complicado ‘manejar’ un grupo de jugadores que el taxi”, responde el DT de uno de los protagonistas de la zona B del Anual, cuya meta es hacer que sus chicos jueguen igual en cualquier campo. “El nivel de nuestros jugadores va en ascenso; han mejorado su calidad. Eso sí, la velocidad con la que se juega en la Liga no es la misma. Las canchas son diferentes. En algunas, directamente no se puede jugar. Pero eso no tiene que ser excusa para nosotros. Debemos saber adecuarnos, porque a la larga cuando te toca un campo lindo vas a sacar una diferencia amplia”, confía Anastacio. Y vuelve a la suya. Al taxi.
Agradecido de la familia que formó, el esposo de Fernanda, padre de Florencia (21), Lourdes (19), Gaspar (11), Facundo (10), Indiana (6) y María del Huerto (un año y seis meses), afirma que en el hogar se respira aire “Decano”.
“Todos somos hinchas de Atlético, incluso mi señora, que es monteriza. Los chicos juegan en la escuelita de fútbol de ‘Kila’ Castro. Nuestra pasión por estos colores viene de nacimiento ya”, explica orgulloso Martín Anastacio, que al parecer creó una pequeña pero inmensa exigencia entre sus hijas. Nada de hinchas de San Martín.
“Si no es de Atlético, no hay novio que pase por nuestra puerta principal”, asegura en tono desafiante, aunque su cara revele algo de resignación, si sucede lo contrario. Igual, insiste. “En esta no vale el, ‘papá de acá o papá de allá’, no; de ninguna manera. Hay algunas cuestiones que puedo llegar negociar pero cosas como estas, te aseguro, nunca, ja”.
Campeón en 2011 de la Liga con Sportivo, Anastacio hilvanó un doblete en temporadas consecutivas, en 2014 con La Florida, hoy condenado al descenso (“no sabés lo que me duele”, jura), y en 2015 con Ñuñorco. Tanto éxito le valió captar la mirada de Atlético, club del que es hincha fanático y en el que militó del ‘91 al ‘98.
Su paso por el “Decano” le sirvió, además, para apuntalar su futuro económico. “No eran épocas en las que se ganaba el dinero que se gana hoy. Supe seguir el consejo de mi padre y hacerme de un trabajo digno”, dice el técnico del plantel liguista del “Decano”, dueño de un taxi que maneja en las horas en la que no está dirigiendo en Bajo Hondo, club donde se juntan los futbolistas de Atlético que luego son repartidos entre la Liga, las inferiores de AFA y la Reserva.
A Martín no se le caen las medias por decir que es “tachero”. “En absoluto, por qué habría de pasar eso. Es un trabajo digno como cualquier otro. El taxi es el sostén de mi familia”, agradece y cuenta que disfruta de la presión de no saber con qué jugadores contará los días previos a un encuentro por el Anual. Sucede que muchos de sus dirigidos se suman a la Reserva cuando Atlético juega de visitante.
“Es interesante, porque seguramente los chicos que están jugando conmigo en la Liga tendrán la posibilidad de jugar en algún momento en Primera. Pero primero tienen que hacer las cosas bien conmigo, después en Reserva con Luciano (Precone) y de ahí ganarse la chance en el plantel superior”, considera quien afirma no renegar por nada. Ni en la calle, al volante de su auto, ni cuando debe dirigir.
“Es más, te confieso que es más complicado ‘manejar’ un grupo de jugadores que el taxi”, responde el DT de uno de los protagonistas de la zona B del Anual, cuya meta es hacer que sus chicos jueguen igual en cualquier campo. “El nivel de nuestros jugadores va en ascenso; han mejorado su calidad. Eso sí, la velocidad con la que se juega en la Liga no es la misma. Las canchas son diferentes. En algunas, directamente no se puede jugar. Pero eso no tiene que ser excusa para nosotros. Debemos saber adecuarnos, porque a la larga cuando te toca un campo lindo vas a sacar una diferencia amplia”, confía Anastacio. Y vuelve a la suya. Al taxi.
Agradecido de la familia que formó, el esposo de Fernanda, padre de Florencia (21), Lourdes (19), Gaspar (11), Facundo (10), Indiana (6) y María del Huerto (un año y seis meses), afirma que en el hogar se respira aire “Decano”.
“Todos somos hinchas de Atlético, incluso mi señora, que es monteriza. Los chicos juegan en la escuelita de fútbol de ‘Kila’ Castro. Nuestra pasión por estos colores viene de nacimiento ya”, explica orgulloso Martín Anastacio, que al parecer creó una pequeña pero inmensa exigencia entre sus hijas. Nada de hinchas de San Martín.
“Si no es de Atlético, no hay novio que pase por nuestra puerta principal”, asegura en tono desafiante, aunque su cara revele algo de resignación, si sucede lo contrario. Igual, insiste. “En esta no vale el, ‘papá de acá o papá de allá’, no; de ninguna manera. Hay algunas cuestiones que puedo llegar negociar pero cosas como estas, te aseguro, nunca, ja”.







