10 Septiembre 2016 Seguir en 
Raquel Zurita sacó el recorte de tela de su cartera y lo acomodó sobre su regazo. La conocida militante de derechos humanos explicó ayer a los jueces Gabriel Casas, Carlos Jiménez Montilla y Juan Carlos Reynaga que era el pañuelo blanco de su mamá, Visitación del Carmen Robles, miembro de Madres de Plaza de Mayo. “Hace 41 años que busco a mis hermanos. Mi madre no pudo llegar...”, lamentó y recordó que hoy se cumple un aniversario de su muerte. Subrayó la tenacidad e insistencia con la que la mujer emprendió la búsqueda de Juan Zurita (24 años) y María Rosa Zurita (21 años). Ambos son víctimas de la megacausa “Operativo Independencia”.
Raquel relató en el Tribunal Oral Federal (TOF) los secuestros y las versiones sobre sus posibles destinos. Ambos están desaparecidos desde 1975. Una decena de compañeros de militancia de la unidad básica peronista del barrio Villa Urquiza, donde vivían, fueron víctimas del terrorismo de Estado. Muchos de los casos están incluidos en el juicio. “Nuestra juventud se desarrolló en la unidad. En el contexto de efervescencia política. Las injusticias y las necesidades nos habían llevado ahí. Hacíamos trabajo social en la villa Santa Teresita (hoy El Sifón). Estuvimos en el movimiento villero también”, afirmó Raquel. “Juan era un militante reconocido por todo el barrio. Iba a hacer tareas de alfabetización, él era autodidacta porque sólo había terminado la primaria. Había que trabajar para vivir”, aseguró para explicar por qué habían dejado los estudios. El 1° de agosto, su hermana María la llamó para avisarle que se lo habían llevado. “A las 2.30 tiraron el portón a patadas, hombres de civil y otros con uniformes. Apuntaron a todos. Les preguntaban por armas. Mi hermana me dijo que no podía contener el temblor de su cuerpo del susto por la violencia que ejercían contra Juan. Se lo llevaron inconsciente”, afirmó. Luego supieron que varios vecinos fueron secuestrados en esa época.
La familia subsistía mediante la venta de diarios en un kiosco ubicado en la avenida Mitre. De allí sacaron a María Rosa la mañana del 10 de noviembre. “La agarraron a trompadas y patadas. Cuando cayó, de los pelos la metieron a un auto”, precisó. Consideró que entre los responsables del operativo habría estado el imputado Luis De Cándido.
Al poco tiempo, los Zurita abandonaron la casa por temor y se mudaron a Buenos Aires. Por averiguaciones, supieron de un supuesto miembro de la Side llamado Antonio Véliz que les informó que a Juan lo habían fusilado en La Escuelita de Famaillá y que le habían cortado una mano. Ponderó el apoyo de su abogado, Ángel Pisarello, en todo el proceso. La familia presentó denuncias y hábeas corpus. De María Rosa pudieron conocer que habría pasado por la Jefatura. “Mi madre no dejó de ir a la Jefatura. (Mario) Zimmerman la atendió y le dijo ‘no los busque más que están muertos’”, recordó.
“Nuestra militancia era más social que política. No sabíamos ni que existía un tal Carl Marx. Hubo una construcción de a quiénes se tenía que eliminar, no importaba si tenías militancia. Para mover tropas se necesitaba gran presupuesto. Sin resultados, ¿cómo se vería eso? Fueron a los ranchos y contra los peladores de caña. Ser joven y pobre era ser presa para ser resultado. Si ya no había guerrilla había que construirla”, reflexionó.
Raquel relató en el Tribunal Oral Federal (TOF) los secuestros y las versiones sobre sus posibles destinos. Ambos están desaparecidos desde 1975. Una decena de compañeros de militancia de la unidad básica peronista del barrio Villa Urquiza, donde vivían, fueron víctimas del terrorismo de Estado. Muchos de los casos están incluidos en el juicio. “Nuestra juventud se desarrolló en la unidad. En el contexto de efervescencia política. Las injusticias y las necesidades nos habían llevado ahí. Hacíamos trabajo social en la villa Santa Teresita (hoy El Sifón). Estuvimos en el movimiento villero también”, afirmó Raquel. “Juan era un militante reconocido por todo el barrio. Iba a hacer tareas de alfabetización, él era autodidacta porque sólo había terminado la primaria. Había que trabajar para vivir”, aseguró para explicar por qué habían dejado los estudios. El 1° de agosto, su hermana María la llamó para avisarle que se lo habían llevado. “A las 2.30 tiraron el portón a patadas, hombres de civil y otros con uniformes. Apuntaron a todos. Les preguntaban por armas. Mi hermana me dijo que no podía contener el temblor de su cuerpo del susto por la violencia que ejercían contra Juan. Se lo llevaron inconsciente”, afirmó. Luego supieron que varios vecinos fueron secuestrados en esa época.
La familia subsistía mediante la venta de diarios en un kiosco ubicado en la avenida Mitre. De allí sacaron a María Rosa la mañana del 10 de noviembre. “La agarraron a trompadas y patadas. Cuando cayó, de los pelos la metieron a un auto”, precisó. Consideró que entre los responsables del operativo habría estado el imputado Luis De Cándido.
Al poco tiempo, los Zurita abandonaron la casa por temor y se mudaron a Buenos Aires. Por averiguaciones, supieron de un supuesto miembro de la Side llamado Antonio Véliz que les informó que a Juan lo habían fusilado en La Escuelita de Famaillá y que le habían cortado una mano. Ponderó el apoyo de su abogado, Ángel Pisarello, en todo el proceso. La familia presentó denuncias y hábeas corpus. De María Rosa pudieron conocer que habría pasado por la Jefatura. “Mi madre no dejó de ir a la Jefatura. (Mario) Zimmerman la atendió y le dijo ‘no los busque más que están muertos’”, recordó.
“Nuestra militancia era más social que política. No sabíamos ni que existía un tal Carl Marx. Hubo una construcción de a quiénes se tenía que eliminar, no importaba si tenías militancia. Para mover tropas se necesitaba gran presupuesto. Sin resultados, ¿cómo se vería eso? Fueron a los ranchos y contra los peladores de caña. Ser joven y pobre era ser presa para ser resultado. Si ya no había guerrilla había que construirla”, reflexionó.



