El destino de parte de la familia Rondoletto fue el Pozo de Vargas

Identificaron los restos de tres de los cinco miembros desaparecidos; “son pruebas irrefutables del genocidio”, consideró Marta Rondoletto

20 Jul 2016
El café se enfrió sobre la mesa de la cocina en la casa de San Lorenzo al 1.600. El segundero de un reloj de pared llenó los silencios. Marta Rondoletto respiró hondo tras cada pausa y las bocanadas de aire reimpulsaron sus palabras. Siempre se mostró fuerte, pero se desarma en lágrimas cuando imagina por lo que pasaron sus familiares. Después de 40 años, la periodista y militante de derechos humanos supo el destino de tres de sus cinco desaparecidos. Los restos de sus hermanos Silvia (26 años) y Jorge (25 años) y de su madre María Cenador (51 años) fueron identificados en la fosa común clandestina conocida como el Pozo de Vargas (Tafí Viejo).

“Estaba segura de que mi hermana estaba ahí. Al resto de mi familia, la vieron en Arsenales. A mi hermana sólo en la Jefatura. Había sido operada hace poco y con el trato que le daban… el Pozo está cerca de la Jefatura. Nunca imaginé que estuvieran mi vieja y mi hermano. Sobre él hay testimonios de que lo fusilaron y quemaron en la fosa del Arsenal. Me hace suponer que volveré a tener novedades de mi viejo y de mi cuñada. Esta realidad me golpeó, pese a que después de tantos años uno la espera”, expresó con un hilo de voz.

En el corazón de la vivienda, junto a un patio de luz, hay una foto familiar que Marta atesora. “Tengo pocas, porque rompieron y se llevaron todo cuando los sacaron”, lamentó y se quebró. El segundero se detuvo un instante y el silencio fue total.

Los Rondoletto fueron secuestrados de la casa familiar durante la siesta del 2 de noviembre de 1976 en un operativo que incluyó cortes de calles y la ocupación de las casas de los vecinos. Su padre Pedro (56 años) y la esposa de Jorge, Azucena Bermejo (23 años), que estaba embarazada, están desaparecidos.

Los cinco fueron víctimas en la megacausa “Arsenales II-Jefatura II”, en la que fueron condenados 37 ex miembros de las fuerzas de seguridad por crímenes de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado. En el juicio se conocieron testimonios de quienes vieron a la familia en los dos centros clandestinos de detención y exterminio. Se conocieron detalles de humanidad como la contención que María brindaba en el Arsenal a las secuestradas jóvenes y de horror, como el fusilamiento de Jorge y Pedro.

Un oficio y la militancia

Marta elucubró que el oficio de imprenteros puso en la mira a sus padres, por la sospecha de que podrían haber impreso panfletos políticos. “La imprenta de mi viejo era chica, hacía impresos para los bancos. Me enteré de que mi marido (Isauro Martínez) y yo estábamos en listas. Éramos periodistas y sindicalistas. Mis hermanos militaban. Eran actividades públicas. Vinieron buscándonos, si tenían datos de la imprenta nunca lo sabré, pero entraron por donde funcionaba y para ellos habrá sido uno más uno”, interpretó.

Reflexionó sobre la figura del “enemigo”: “repitieron que todos los detenidos abrazaban la lucha armada. En absoluto fue así. Hubo un intento de organizar una guerra de guerrillas, sí. Pero la magnitud de lo que pasó pone de manifiesto que lo que se temía no era a ese ‘foco’ sino a la conciencia de que a los derechos se los consigue con lucha. No hacían distinción”, consignó repasando la lista de identificados. Abundan los estudiantes, los sindicalistas y los obreros del surco. “Me gustaría saber cuántos de los que sindicaron como ‘guerrilleros’ están en el Pozo”, apuntó.

“Irrefutables”

“Lo que está en el Pozo no son ellos, mis familiares, sino el producto del genocidio. Tiene un valor judicial, pruebas irrefutables del genocidio. Los buscamos vivos durante la dictadura y años después. Ellos tienen una identidad política y social: son desaparecidos, más allá de que se encuentren los restos. En muchos casos tienen más tiempo con esa identidad que con la que tenían cuando se los llevaron”. Se le humedecieron los ojos de nuevo. Mostró orgullosa las pocas imágenes que sobrevivieron. Y en ellas, lo buenmozo que era su hermano, la elegancia de su mamá y lo hábil que era su papá, un ex futbolista, en la cancha.

Afirmó inmediatamente que, por ellos y por todos, su lucha no termina. Se esperanzó en que los condenados vuelvan a la cárcel una vez que esté firme la condena. Advirtió sobre el resurgimiento de las reivindicaciones de los crímenes de los 70. “Quiénes estaban y están detrás de los militares son el problema social y político. Cuando salen a denostar los juicios y a reivindicar el Operativo Independencia queda claro que hay dos visiones de lo que unos y otros pretenden para la sociedad”, afirmó. Instó a familiares de víctimas a donar sangre (en la Secretaría de Derechos Humanos, Casa de Gobierno) para que más identificaciones sean posibles.

Restos de más de 70 víctimas fueron rescatados del Pozo e identificados por los peritos. Los de otras 25 fueron hallados en otras fosas comunes de la provincia.

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