Vanina aprendió a salir de su casa

04 Junio 2016
Inseguridad, incomodidad, miedo y dependencia de un otro. Esas son algunas de las sensaciones que produce la baja visión. Así vivió gran parte de su vida Vanina. Ni siquiera podía salir sola de su casa. Se chocaba con todo lo que aparecía en su camino. Nunca supo lo que es maquillarse o cortarse las uñas sin ayuda. Una de las cosas que más le preocupaban era aprender a contar el dinero, porque siempre que quería comprar algo no estaba segura de si entregaba plata de más o no.

“Veo la mitad de las cosas y muy borrosas”, cuenta la joven de 33 años. Desde hace 15 años es niñera. Recuerda que siempre tuvo problemas en la visión, pero que desde hace un tiempo las cosas empeoraron.

“Tuvieron que operarme de un tumor en la hipófisis y perdí mucho mi campo visual”, explica, minutos antes de arrancar su clase con el profesor Miguel Cantos. Él es el responsable del área de orientación y movilidad del Centro de Rehabilitación para personas con Baja Visión, que funciona en Alberdi 416.

Dan una vuelta por la cuadra. Cantos, que es no vidente, le ayuda a reconocer los sonidos, y la estructura de la ciudad y a desarrollar técnicas para protegerse de las obras en construcción y de los autos, por ejemplo. “También les muestro cómo pueden tomar el colectivo y les digo que siempre tienen que pedir ayuda cuando la necesitan. Pero lo primero que les enseño es que no están destinados a quedarse encerrados en sus casas por tener baja visión”, explica el profesor.

Cantos también los estimula a usar el bastón verde. “No muchos lo quieren usar porque ellos no se consideran ciegos. El bastón verde es un instrumento de orientación y movilidad para las personas con baja visión. Es más que necesario. Cuando no lo usan les pasa de todo, se golpean y corren riesgos al cruzar”, cuenta.

La baja visión es la pérdida de la agudeza o la reducción del campo visual que incapacita para la realización de tareas cotidianas. Algunas de las patologías que la produce son degeneración macular, glaucoma, retinopatía diabética o desprendimiento de retina. La cantidad de personas que sufren estos problemas podría aumentar significativamente en los próximos años a causa del envejecimiento de la población.

Trabajo en equipo

“Los pacientes afectados por baja visión afrontan numerosas limitaciones y la ayuda de los profesionales es esencial para mejorar su calidad de vida”, señala Diana Waisman, directora del centro de rehabilitación. Trabajan con ella Susana Antoni, Marianela Massuh, Gonzalo Alonso, Cecilia Canal, junto al profesor Cantos.

Concurren unos 100 pacientes por año. Se les brinda atención médica y psicológica. “Lo primero que les preguntamos es qué quieren hacer. A partir de ahí diseñamos un plan de rehabilitación para que recuperen la posibilidad de hacer actividades de la vida cotidiana. Les enseñamos a usar la visión que tienen por más baja que sea. La idea es que puedan continuar con sus proyectos, que puedan entender que la vida continúa a pesar de su pérdida”, resalta la doctora Waisman.

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