03 Junio 2016 Seguir en 
Un grupo de adictos en recuperación de tres villas reclamaron en la Secretaría de Prevención y Asistencia de las Adicciones por la quita de un subsidio de tratamiento. “Nos recuperamos de las adicciones pero muchos siguen en situación de consumo. El subsidio nos ayuda a sobrevivir, porque $ 850 no alcanzan para mucho más. Somos 60 chicos en el grupo, y ahora se cortan 26 ‘becas’. Esa ayuda es fundamental porque para nosotros es dificilísimo conseguir un trabajo”, explicó Carlos Díaz, uno de los manifestantes. Desde el Ministerio de Desarrollo Social de la provincia argumentaron que se cambiaría el apoyo por capacitaciones rentadas con miras a futuros trabajos. Los jóvenes se mostraron reticentes porque descreen que los proyectos se concreten.
El Director de Asistencia, Braulio Fanlo, recibió ayer en la sede de la Secretaría (Monteagudo 800) a una quincena de integrantes del grupo Ganas de Vivir, un dispositivo territorial de salud del Ministerio de Desarrollo Social. Los jóvenes acudieron en compañía de las Madres del Pañuelo Negro Blanca Ledesma y Liliana Silva. Si bien son 26 los beneficiarios que perdieron la ayuda (comentaron que llevan tres meses de atraso en el cobro), en diciembre se dieron de baja otras 18 becas que dependían del programa nacional Avanzar. El cambio perjudica a jóvenes que viven en Costanera Norte, El Trébol y Los Vázquez que integran el dispositivo.
“El subsidio tiene un fin estratégico: sirve a los chicos y sus padres para comprar comida, algo de ropa o para viajar en colectivo para llevar al chico al médico”, defendió Pablo Pérez ofuscado.
El dispositivo Ganas de Vivir empezó en 2012 con reuniones semanales en el patio de la casa de Ledesma, bajo una morera. El ex titular de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), Carlos Molina visitó La Costanera en 2013 y prometió construir en el barrio del este de la capital un Centro Preventivo Local en Adicciones (Cepla).
“Participamos en un proyecto de panadería. Elaboramos el emprendimiento y sólo restaba que ‘nos bajen’ hornos y herramientas para montar una panadería en el barrio y que incluya a varios chicos del grupo. Me recibí de panadería y repostería. Llevamos dos años esperando y parece que quedó todo en nada”, contó Isabel Pérez.
“Tenemos miedo por las capacitaciones porque los chicos ya participaron en un montón de talleres, pero que quedaron truncos. Un grupo hizo talleres de albañilería pero no consiguen trabajo. Después comenzaron a construir el Cepla en el barrio, pero las constructoras discriminan: no los contratan porque viven en una villa”, fustigó Silva. Además de reclamar por la quita del subsidio, exigieron más equipos territoriales en las barriadas humildes.
Fanlo escuchó con paciencia los reclamos de los jóvenes y puso paños fríos a la discusión. Explicó que planean ingresar a los beneficiarios del subsidio a un programa de empleo. “Tenemos que pasar a una nueva etapa porque las ayudas sociales tienen una determinada duración. Desde el Ministerio buscamos generar trabajo genuino, al que se accede por capacitaciones. La ayuda de emergencia social tiene un límite”, comentó el funcionario. Explicó que buscarán incorporar a los jóvenes en proyectos de formación laboral, construcción de viviendas y talleres de oficio. Negó que haya un atraso generalizado en la liquidación del beneficio. “Buscamos que los jóvenes se reinserten en la sociedad”, finalizó.
“Ya nos comimos ese verso antes: queremos trabajo real. Hice varias capacitaciones, pero trabajo como vendedor ambulante. Ahora me corrieron del centro así que no sé qué haré para llevar comida a la mesa. Es importante mantener el subsidio porque hay etapas de tratamiento y no todos se encuentran en condiciones de iniciar un taller. De todas formas que no hablen de reinserción: nosotros nunca estuvimos dentro del sistema, siempre se nos dio la espalda y nos discriminaron”, fustigó Pérez.
“Cuando ando en moto me frena la policía y como soy negro me quieren quitar la moto. Siempre me quieren coimear. Sin el subsidio y si nadie me da trabajo, parece que quieren que vuelva a ‘ranchear’ (es decir, dedicarse a los arrebatos)”, rezongó D., que pidió reguardar su nombre.
“Nosotros sobrevivimos día a día, así que el festejo del 9 de Julio no me saca mucha atención. Lo mejor que me ha regalado el Bicentenario es devolverme a mi hermano, que estaba con un alto grado de consumo. ¿Qué se hace con los chicos adictos del Bicentenario?”, lamentó Pérez.
Una de las más críticas en el encuentro fue Ledema, una de las tres fundadoras de las Madres del Pañuelo Negro. “Hace seis meses marchamos de 12 villas para pedir una política integral en materia de adicciones, pero sigue todo igual o peor. Cuando empezamos a denunciar esto nos decían que éramos unas locas. Vemos tan pocos cambios... hace un mes visitó la vicepresidenta Gabriela Michetti el barrio y dijo que quería hacer una playa. A este paso vamos a tener un cementerio”, reclamó.
El Director de Asistencia, Braulio Fanlo, recibió ayer en la sede de la Secretaría (Monteagudo 800) a una quincena de integrantes del grupo Ganas de Vivir, un dispositivo territorial de salud del Ministerio de Desarrollo Social. Los jóvenes acudieron en compañía de las Madres del Pañuelo Negro Blanca Ledesma y Liliana Silva. Si bien son 26 los beneficiarios que perdieron la ayuda (comentaron que llevan tres meses de atraso en el cobro), en diciembre se dieron de baja otras 18 becas que dependían del programa nacional Avanzar. El cambio perjudica a jóvenes que viven en Costanera Norte, El Trébol y Los Vázquez que integran el dispositivo.
“El subsidio tiene un fin estratégico: sirve a los chicos y sus padres para comprar comida, algo de ropa o para viajar en colectivo para llevar al chico al médico”, defendió Pablo Pérez ofuscado.
El dispositivo Ganas de Vivir empezó en 2012 con reuniones semanales en el patio de la casa de Ledesma, bajo una morera. El ex titular de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), Carlos Molina visitó La Costanera en 2013 y prometió construir en el barrio del este de la capital un Centro Preventivo Local en Adicciones (Cepla).
“Participamos en un proyecto de panadería. Elaboramos el emprendimiento y sólo restaba que ‘nos bajen’ hornos y herramientas para montar una panadería en el barrio y que incluya a varios chicos del grupo. Me recibí de panadería y repostería. Llevamos dos años esperando y parece que quedó todo en nada”, contó Isabel Pérez.
“Tenemos miedo por las capacitaciones porque los chicos ya participaron en un montón de talleres, pero que quedaron truncos. Un grupo hizo talleres de albañilería pero no consiguen trabajo. Después comenzaron a construir el Cepla en el barrio, pero las constructoras discriminan: no los contratan porque viven en una villa”, fustigó Silva. Además de reclamar por la quita del subsidio, exigieron más equipos territoriales en las barriadas humildes.
Fanlo escuchó con paciencia los reclamos de los jóvenes y puso paños fríos a la discusión. Explicó que planean ingresar a los beneficiarios del subsidio a un programa de empleo. “Tenemos que pasar a una nueva etapa porque las ayudas sociales tienen una determinada duración. Desde el Ministerio buscamos generar trabajo genuino, al que se accede por capacitaciones. La ayuda de emergencia social tiene un límite”, comentó el funcionario. Explicó que buscarán incorporar a los jóvenes en proyectos de formación laboral, construcción de viviendas y talleres de oficio. Negó que haya un atraso generalizado en la liquidación del beneficio. “Buscamos que los jóvenes se reinserten en la sociedad”, finalizó.
“Ya nos comimos ese verso antes: queremos trabajo real. Hice varias capacitaciones, pero trabajo como vendedor ambulante. Ahora me corrieron del centro así que no sé qué haré para llevar comida a la mesa. Es importante mantener el subsidio porque hay etapas de tratamiento y no todos se encuentran en condiciones de iniciar un taller. De todas formas que no hablen de reinserción: nosotros nunca estuvimos dentro del sistema, siempre se nos dio la espalda y nos discriminaron”, fustigó Pérez.
“Cuando ando en moto me frena la policía y como soy negro me quieren quitar la moto. Siempre me quieren coimear. Sin el subsidio y si nadie me da trabajo, parece que quieren que vuelva a ‘ranchear’ (es decir, dedicarse a los arrebatos)”, rezongó D., que pidió reguardar su nombre.
“Nosotros sobrevivimos día a día, así que el festejo del 9 de Julio no me saca mucha atención. Lo mejor que me ha regalado el Bicentenario es devolverme a mi hermano, que estaba con un alto grado de consumo. ¿Qué se hace con los chicos adictos del Bicentenario?”, lamentó Pérez.
Una de las más críticas en el encuentro fue Ledema, una de las tres fundadoras de las Madres del Pañuelo Negro. “Hace seis meses marchamos de 12 villas para pedir una política integral en materia de adicciones, pero sigue todo igual o peor. Cuando empezamos a denunciar esto nos decían que éramos unas locas. Vemos tan pocos cambios... hace un mes visitó la vicepresidenta Gabriela Michetti el barrio y dijo que quería hacer una playa. A este paso vamos a tener un cementerio”, reclamó.







