Del otro lado del teléfono, la voz de Leonor Benedetto suena ronca. Como sonaba la de Rosa, hace 30 años, cuando para las amas de casa se suspendía el mundo en el tiempo de la siesta, y la pantalla de la TV pública era la ventana para el sueño fugaz de poder “ser otras”, reflñejadas en esa muchacha del interior que, a fuerza de tropiezos y desengaños, se convertía en “la” diseñadora de modas. Pero hoy, en Tucumán, la voz ronca de Leonor se presta para recorrer otro universo, el de Jorge Luis Borges, en el homenaje al autor de “El aleph” en el Mayo de las Letras, a casi 30 años de su muerte (el 14 de junio). “No sé si a Borges se lo homenajea; se lee y se lo escucha, simplemente para dejarse invadir por esa magia”, le cuenta la actriz a LA GACETA. De la performance que hoy a las 20 subirá a escena en el Teatro Caviglia, anticipa que es “algo modesto” que urdieron a cuatro manos con Cristina Bulacio, y en la que también participa Andrés D’Andrea, actor del Teatro Estable. “Hicimos algo humilde. Hay lectura de poemas, y un fragmento de “El Aleph”. Hay una especie de caminito de hormiga inventado, o una tentativa de caminito. Pero ese es otro de los misterios que tiene Borges. Una no tiene la certeza de poder recorrer los caminos de Borges, sus laberintos”, reflexiona la “mala” de “Los ricos no piden permiso”, hoy en la pantalla de Canal 10.
Finalmente, la tentación gana. Y aunque este viernes de mayo de Benedetto esté invadido por las ficciones de Borges, se cuela una reflexión sobre ese otro universo paralelo que es la telenovela. Un género en el que la actriz ha hecho historia.
- De Borges a la telenovela. ¿Cómo se siente en “Los ricos no piden permiso”’ ¿Qué códigos han cambiado en el género de la telenovela?
-Es muy diferente todo, no sé si estoy muy feliz con lo de “Los ricos no piden permiso”. Creo que se le podría sacar un poco más de carne a ese concepto de rico y pobre. No sólo dejarlo en la fantasía que implica esa frase, sino usarlo con un poco más de atrevimiento.Creo que se podría aprovechar más, ahora que hay, según dicen, más libertad. Y es que no son conceptos vacíos. En la Argentina de hoy están brutalmente puestos de manifiesto.
- Es una paradoja. A la vieja telenovela se la acusaba de utilizar estereotipos marcados...
- Realmente, creo que a 30 años de “Rosa de Lejos”, no puedo olvidarme que en provincias como San Juan; “Rosa...” fue prohibida porque era una mujer soltera con un hijo, y esa infidelidad tan enorme que implicaba eso. Hoy, que tenemos esa libertad, podríamos ir más a fondo, en algo que despierte más la conciencia.
-¿Cómo lee usted el éxito del género, en aquel entonces?
- El éxito de la telenovela significó un despertar de las mujeres hacia una posibilidad que no estaba vislumbrada. La telenovela es un género esencialmente latinoamericano. Las mujeres, después de comer, se quedaban solas. Esas horas, desde el mediodía hasta las cuatro, cinco de la tarde, eran de ellas. Y me enorgullece que Rosa haya sido no simplemente un entretenimiento casi inocente para las mujeres, sino una campana que las hizo despertar. Porque a través de Rosa había una posibilidad de que una mujer, con su maquinita de coser, sola en su casa, hubiera sido capaz de abrir nuevos caminos.