02 Marzo 2004 Seguir en 
El show empezó con puntualidad, pero mostró desde el comienzo un problema que a lo largo de las más de tres horas de emisión se convertiría en su falla fundamental. La anunciada traducción simultánea con subtítulos nunca fue eficaz. Cuando Sean Connery anunció al maestro de ceremonias, Billy Crystal, sólo los que pueden entender su clásico inglés con ecos escoceses se enteraron de lo que decía. Y, después del "avance" en el que Crystal interactuó -gracias a los milagros de la edición por computadoras- con los personajes de las películas con nominaciones, la traducción siguió brillando por su ausencia a lo largo del primer monólogo mechado con canciones a cargo del simpático anfitrión. Por suerte para todos los que no dominan el inglés, a partir del comienzo de la entrega de los premios, aparecieron los desprolijos cartelitos, que nunca lograron transmitir con fidelidad lo que las celebridades decían ante las cámaras. El espectáculo se desarrolló con normalidad, al punto que el famoso retraso de cinco segundos en la emisión televisiva para "evitar imprevistos" quedó sólo para la anécdota.
La impresionante seguidilla de galardones para "El retorno de Rey" marca el reconocimiento de la industria cinematográfica a un fenómeno que en los últimos tres años ha llevado a multitudes a pagar su entrada en las taquillas de todo el mundo. La estatuilla para Charlize Theron vuelve a mostrar la predilección de Hollywood por las bellas que se afean para demostrar sus talentos actorales. Y el premio a Sean Penn certifica que hasta la Academia es capaz de reconocer la tarea de un intérprete descomunal. En cuanto al show en sí mismo, debe decirse que no resultó lo entretenido que esperaban los productores, preocupados desde hace ya varios años por las cifras menguantes de la audiencia. Al punto que uno de los momentos más originales fue el raudo cruce del octogenario Blake Edwards a bordo de su silla de ruedas, para arrebatar el Oscar que tenía en sus manos un exageradamente sorprendido Jim Carrey. Y para los argentinos, tampoco tuvo un valor especial la tarea de Andy Kusnetzoff en la célebre alfombra roja, antes de la ceremonia. Al ex notero "zafado" se lo vio a mitad de camino entre el entrevistador ocurrente y el periodista poco informado.
La impresionante seguidilla de galardones para "El retorno de Rey" marca el reconocimiento de la industria cinematográfica a un fenómeno que en los últimos tres años ha llevado a multitudes a pagar su entrada en las taquillas de todo el mundo. La estatuilla para Charlize Theron vuelve a mostrar la predilección de Hollywood por las bellas que se afean para demostrar sus talentos actorales. Y el premio a Sean Penn certifica que hasta la Academia es capaz de reconocer la tarea de un intérprete descomunal. En cuanto al show en sí mismo, debe decirse que no resultó lo entretenido que esperaban los productores, preocupados desde hace ya varios años por las cifras menguantes de la audiencia. Al punto que uno de los momentos más originales fue el raudo cruce del octogenario Blake Edwards a bordo de su silla de ruedas, para arrebatar el Oscar que tenía en sus manos un exageradamente sorprendido Jim Carrey. Y para los argentinos, tampoco tuvo un valor especial la tarea de Andy Kusnetzoff en la célebre alfombra roja, antes de la ceremonia. Al ex notero "zafado" se lo vio a mitad de camino entre el entrevistador ocurrente y el periodista poco informado.







