Chicos y padres son atacados a la entrada y salida de la escuela

INSEGURIDAD. La zona es muy peligrosa, en especial para los niños que, en gran número, van a estudiar. INSEGURIDAD. La zona es muy peligrosa, en especial para los niños que, en gran número, van a estudiar.
04 Abril 2016
La presencia del Estado en el barrio Alejandro Heredia sólo puede identificarse en la escuela Amado Juri, que tiene nivel inicial, primaria y hace dos años secundaria. Funciona en dos turnos: mañana y tarde.

“Los principales problemas en el barrio tienen que ver con la accesibilidad”, evalúa la directora del establecimiento, Patricia Zúñiga. El barro y los pozos constituyen un freno para el progreso comunitario, un escollo para los docentes que van a dar clases y también un atentado contra educación: “tenemos un nivel de ausentismo muy alto porque no hay transporte público que llegue hasta la escuela y las calles por momentos se vuelven intransitables. La inseguridad genera temor en los padres, y se siente más a primera hora de la mañana, a la siesta y al atardecer, que son los horarios de entrada y salida de la escuela”, dice la directiva.

La docente tiene herramientas para contrastar: en el verano, en la escuela funciona una colonia de vacaciones pública y ahí no existe el ausentismo. “En el verano hay un transporte que los busca a los chicos y los trae. ¡No falta nadie! Sería bueno que se implementara eso durante todo el año. Además, la escuela es el único lugar de de esparcimiento para los chicos y de encuentro para los padres, porque en el barrio no tenemos ni siquiera una plaza”, cuenta.

Por la mañana, en la escuela funciona la primaria, con mayoría de chicos del barrio Alejandro Heredia. Por la tarde, primaria y secundaria, los alumnos son principalmente del asentamiento Los Vazquez, del Aeropuerto Sur (un barrio de la costanera del Salí hacia el este de la autopista) y, en menor medida, el Heredia. “La secundaria ha traído otros aires al barrio, ha mejorado las cosas... trajo esperanzas”, celebró.

Hace algunos años la escuela consiguió que pusieran una guardia policial permanente luego de haber sufrido varios robos que los dejaron sin nada. Los policías que cuidan el edificio, además, acompañan a las docentes cuando salen de la escuela. La inseguridad deja de ser una sensación cuando, para charlar con LA GACETA, la directora se ve obligada a cerrar con llave su oficina. “Ya no han robado muchas veces nuestras cosas. A la dire intentaron apuñalarla”, justifica, en voz baja, una de sus colaboradoras.

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