Oren encontró su pasión entre los dibujos y los animales

Tiene 13 años y la adolescencia le toca como a cualquier chico. Pero él ve y siente de manera diferente el mundo. Faltan escuelas que contengan a los chicos con TEA.

¡QUÉ MEMORIA! En 20 segundos Oren fija una imagen en su mente.LA GACETA / FOTOS DE FLORENCIA ZURITA. ¡QUÉ MEMORIA! En 20 segundos Oren fija una imagen en su mente.LA GACETA / FOTOS DE FLORENCIA ZURITA.
02 Abril 2016
“Cuando tenía un año y medio me parecía que Oren se aburría. Y decidí llevarlo al maternal. Un día la maestra me dice: ‘no se alarme, pero venga y observe a su hijo’. Lo miré por detrás del vidrio. Cuando llamaban a tomar el mate cocido todos los chicos salían corriendo. Él quedaba solo entre las pelotitas del pelotero. ‘Oren no escucha’, me dijo. Pero yo sabía que no era sordo. Ya tenía un primo hermano que es autista y reconocí el trastorno en el acto”, cuenta la mamá de Oren Jai, Gabriela de Domfrocht.

Oren tiene 13 años y va a la escuela, al instituto San Martín de Porres, donde se valoran sus aptitudes. Oren tiene una especie de mirada fotográfica que le hace reproducir con pelos y señales todo lo que ve. La destreza -que en muchos dibujantes llevaría años de práctica desarrollar- en él se manifiesta de forma natural. Hace unos años, cuando él tenía apenas 9 años, sus padres organizaron una muestra de 100 dibujos que incluso se expuso en la Casa de Tucumán en Buenos Aires. Eran animales y autos realizados en distintos momentos de su vida.

“Dibuja sin copiar; solo usa su memoria que, al parecer, es extraordinaria. Le bastan 20 segundos para fijar una imagen en su mente cada vez que ve una revista o un libro. Y, más tarde, cuando tiene ganas, chequea todas las imágenes que almacenó y se lanza a dibujar aquella que le apetece”, contaba Manuel Domfrocht, el papá de Oren, en una entrevista que le hizo LA GACETA.

Pero ahora Oren casi no dibuja. Fue una etapa. Ahora descubrió los juegos de la computadora y le gusta saber sobre la evolución del planeta. Los animales siguen siendo una atracción para él. “Siempre me muestra en la computadora las cosas que va descubriendo, la vida de las ballenas o la evolución del hombre”, cuenta Gabriela. Internet se ha convertido en una herramienta muy importante para él.

Manuel sabe que su hijo tiene una buena educación pero piensa en los demás chicos, que no pueden ir a una escuela que los contenga y los estimule. “Faltan escuelas específicas para chicos con autismo. No es una discapacidad sino un trastorno, y además cada vez se detectan más casos”, reconoce.

Los cambios de conducta en los niños con autismo son una característica. Pueden ser tranquilos y cariñosos, como lo es Oren en la mayoría del tiempo, pero también hay momentos de crisis, con llanto continuo y golpes. Manuel considera que esa sola característica, sin contar todas las demás, amerita un tratamiento especial y maestras integradoras en el caso de que el niño vaya a una escuela común.

Los niños con TEA necesitan una educación especial que los prepare para la vida y despierte sus capacidades. “La persona con autismo es un hiperrealista en un mundo de surrealistas”, definió el licenciado Diego Tarkowski director del colegio donde va Oren. “La modalidad de pensamiento de Oren es literal y sus dibujos también” escribía en el folleto de la muestra. Salud (por la falta de obra social que cubran los tratamientos) y educación son dos deudas que tiene el Estado con los chicos con autismo.

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