Pasar o no por el bisturí, esa es la cuestión

01 Abril 2016
Jane E. Brody/ The New York Times

La historia de Gwen Deely es un ejemplo de cómo no manejar una crisis de salud cuando se viaja en el extranjero. Ella se da cuenta de que es afortunada de estar viva.

Deely, de 66 años de edad, quien vive en Manhattan, estuvo en un vuelo nocturno de Nueva York a Venecia en octubre, cuando presentó lo que creía era intoxicación por alimentos, quizá del sándwich de atún que había comido en casa ese día. Soportó la noche armada con más de una docena de bolsas para el mareo y supuso que todo pasaría. Pero, no fue así, y pasó la semana entera en Venecia en la cama. Ella atribuyó su febrícula y escalofríos a la inyección contra la influenza que había recibido justo antes del viaje.

“Habría tenido que abordar una lancha para llegar hasta un médico, y ni siquiera me podía parar”, dijo. Su decisión de no ir a un hospital que estaba a un taxi acuático de distancia fue reforzada por la renuencia a buscar ayuda médica donde ella no hablaba el idioma. “Si hubiera estado en un hotel, habría pedido ver un médico que hablara inglés”, dijo.

De alguna forma, Deely se las ingenió para volar a casa según lo programado, y fue del aeropuerto a la sala de emergencias, donde pruebas de sangre y una tomografía computarizada revelaron el apéndice desgarrado.

Atender los síntomas

Pasó meses de tratamiento con antibiótico y drenado abdominal en casa. Finalmente, a mediados de febrero, ella estaba lo bastante saludable como para que su enfermo apéndice fuera extirpado con una cirugía laparoscópica. Un apéndice roto es una condición que amenaza la vida. Tomada por sorpresa por síntomas atípicos parecidos a los de la influenza, en vez del dolorosísimo dolor abdominal que se suele asociar con un apéndice desgarrado, Deely no logró darse cuenta cuán cerca estuvo de morir. Ahora ella sabe algo mejor que intentar “soportarlo” cuando se presentan síntomas inexplicables y debilitantes.

La apendicitis, después de todo, es muy tratable, y la cirugía no es ya la única opción. A los pacientes se les está ofreciendo cada vez más una serie de antibióticos en vez de llevarlos corriendo al quirófano para remover un apéndice inflamado. Sin tratamiento, un apéndice inflamado puede reventar dos a tres días después de que se presenten síntomas y puede derramar peligrosos microorganismos a lo largo del abdomen. De ahí que sea importante ver al médico tan pronto como sea posible.

Alternativas

Los síntomas de la apendicitis varían, y menos de la mitad de los pacientes los presentan todos. La apendicitis aguda es la emergencia quirúrgica más común de Estados Unidos. Con mayor frecuencia se practica laparoscópicamente. Alrededor de 300.000 personas en Estados Unidos son sometidas a apendectomías cada año, pero resulta a veces que el apéndice no estaba inflamado, lo cual significa que la operación no era necesaria. Estudios recientes sugieren que los pacientes con apendicitis sin complicaciones no deberían ser llevados a cirugía a toda prisa y deberían, más bien, recibir la opción de un estudio de antibióticos.

En un estudio controlado entre 540 pacientes adultos, 72.7 por ciento de 257 pacientes asignados al azar a tomar antibióticos en lugar de una operación no requirieron de cirugía ulterior un año más tarde, y quienes sí la necesitaron efectivamente no sufrieron efectos negativos por la demora.

En otro estudio al azar de 3.236 pacientes que no fueron operados al principio, el tratamiento no-quirúrgico no logró curar el apendicitis en 5.9 % de los casos, y la inflamación recurrió en 4.4 %. Algunos pacientes podrían elegir una operación para no tener que preocuparse de padecer otro ataque de apendicitis; pero si no les informan que tienen una opción, difícilmente pueden tomar una decisión.

La obligación de informar

En un artículo de JAMA, el mes pasado, Dana A. Telem, cirujano en el Centro Médico de la Universidad Stony Brook, notó que “la noción de tratamiento no-quirúrgico de apendicitis no ha sido bien recibida por la mayoría de la comunidad quirúrgica”. Esto difícilmente es una sorpresa, debido a que los médicos, como muchos de nosotros, son criaturas de hábitos, y los cirujanos que no operan se pierden una considerable cuota.

Sin embargo, destacó que bajo la Ley de cuidado accesible, pronto podría ser necesario que los médicos informen a los pacientes sobre opciones no quirúrgicas. De todos modos, agregó que la información debería incluir que faltan los datos sobre el resultado a largo plazo del tratamiento no-quirúrgico; o un gran estudio controlado en el que pacientes con apendicitis simple sean asignados al azar a tratamiento con antibiótico o quirúrgico y seguidos durante al menos cinco años o más. Un estudio de ese tipo podría definir exactamente a cuáles pacientes les va mejor con terapia no-quirúrgica y cuáles requieren de cirugía inmediata.

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