CÉSAR CIPOLLETTI. Al destacado ingeniero se le encargó la confección del proyecto. la gaceta / archivo
El 4 de septiembre de 1896, el gobernador de Tucumán, teniente coronel Lucas Córdoba, presentaba a la Legislatura de la Provincia el proyecto de Ley de Riego. El mismo buscaba –decía el mensaje- “el mejor aprovechamiento y la más sabia distribución” de las aguas de nuestro territorio.
Había encargado su confección al ingeniero César Cipolletti, quien en esos momentos era el más calificado experto, con prestigio internacional, en esta temática. Tucumán ya conocía la eficacia del ingeniero. En efecto, Cipolletti había sido responsable, en 1895, del trascendente proyecto de dotación de agua potable domiciliaria a la ciudad capital.
La Legislatura trató minuciosamente la iniciativa, en Diputados y en Senadores. Le introdujo modificaciones y finalmente la sancionó. Así, la Ley de Riego, que constaba de 182 artículos y uno de forma, fue promulgada el 18 de marzo de 1897 –hace 119 años- con las firmas del gobernador Córdoba y del ministro de Gobierno, doctor Pedro M. Koch. En el mensaje de 1897, el Ejecutivo afirmó que consideraba que “un buen sistema de irrigación es la obra más fecunda que pueda emprender un gobierno en esta provincia, y como el programa por excelencia que deben perseguir, hasta llenarlo, los gobernantes que me sucedan”.
El nuevo ordenamiento creaba, para aplicar la ley, el Departamento General de Irrigación. Estaría dirigido por una Junta Superior de Irrigación, compuesta por un superintendente (cargo en que se designó luego a Román F. Torres) y dos vocales. El Departamento funcionaría con ese nombre hasta el año 2000, en que una ley lo modificó por el de “Departamento de Recursos Hídricos”, que lleva en la actualidad.
Había encargado su confección al ingeniero César Cipolletti, quien en esos momentos era el más calificado experto, con prestigio internacional, en esta temática. Tucumán ya conocía la eficacia del ingeniero. En efecto, Cipolletti había sido responsable, en 1895, del trascendente proyecto de dotación de agua potable domiciliaria a la ciudad capital.
La Legislatura trató minuciosamente la iniciativa, en Diputados y en Senadores. Le introdujo modificaciones y finalmente la sancionó. Así, la Ley de Riego, que constaba de 182 artículos y uno de forma, fue promulgada el 18 de marzo de 1897 –hace 119 años- con las firmas del gobernador Córdoba y del ministro de Gobierno, doctor Pedro M. Koch. En el mensaje de 1897, el Ejecutivo afirmó que consideraba que “un buen sistema de irrigación es la obra más fecunda que pueda emprender un gobierno en esta provincia, y como el programa por excelencia que deben perseguir, hasta llenarlo, los gobernantes que me sucedan”.
El nuevo ordenamiento creaba, para aplicar la ley, el Departamento General de Irrigación. Estaría dirigido por una Junta Superior de Irrigación, compuesta por un superintendente (cargo en que se designó luego a Román F. Torres) y dos vocales. El Departamento funcionaría con ese nombre hasta el año 2000, en que una ley lo modificó por el de “Departamento de Recursos Hídricos”, que lleva en la actualidad.
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