"Puedo ver, y decir, y sentir... algo ha cambiado", cantó Charly García -de traje negro clásico y corbata- en la madrugada de ayer, ante una multitud de tucumanos de diversas edades. Padres e hijos se unieron en el club Central Córdoba, con la misma pasión por el ídolo del rock, que convocó a un público notablemente heterogéneo.
La letra de la intimista "Influencia" pareció reflejar la actitud medida y lúcida que el tecladista mantuvo durante su show, sin caer en imprecisiones o excesos. Fue líder absoluto de su banda y timoneó con mano firme el clima de todo el recital. Sorprendió desde el inicio cuando, después de interpretar su versión del "Himno Nacional" (el público gritaba ?¡Argentina, Argentina!?) y continuar con "Cerca de la revolución", pidió serenidad antes de arrancar con "Influencia".
"¿Todavía lo siguen queriendo a (Antonio) Bussi por aquí? ¡Qué loco esto y qué loco Bussi!", exclamó García, y recibió como respuesta un fuerte silbido dedicado al ex gobernador. Después entonó "Cuchillos" en homenaje a Mercedes Sosa.
La segunda parte del show se inició con Charly y su banda sentados sobre almohadones, las chicas y él ya con un look informal, cantando "Aprendizaje" y "Tribulaciones de un tonto rey...", una versión muy lograda, con arreglos que remitían al rock progresivo setentista, muy disfrutado por los que ya tienen más de 30.
Animado y locuaz, García fascinó con su piano en "Película sordomuda", levantó los ánimos con clásicos como "Popotitos" y "Nos siguen pegando abajo", para después aplacarlos con joyas como "Desarma y sangra".
"No se equivoquen: no quiero ser presidente, sólo acepto ser rey", dijo García. También citó algunos de los mandatos del decálogo de su "Say no more", en medio de risas y aplausos. El cuidado de la puesta en escena salió de lo acostumbrado en los recitales de rock argentinos. Charly se preocupó por imprimir un tono intimista al concierto, con sus cinco sentidos funcionando a pleno, como no se lo veía desde hace lustros.
La letra de la intimista "Influencia" pareció reflejar la actitud medida y lúcida que el tecladista mantuvo durante su show, sin caer en imprecisiones o excesos. Fue líder absoluto de su banda y timoneó con mano firme el clima de todo el recital. Sorprendió desde el inicio cuando, después de interpretar su versión del "Himno Nacional" (el público gritaba ?¡Argentina, Argentina!?) y continuar con "Cerca de la revolución", pidió serenidad antes de arrancar con "Influencia".
"¿Todavía lo siguen queriendo a (Antonio) Bussi por aquí? ¡Qué loco esto y qué loco Bussi!", exclamó García, y recibió como respuesta un fuerte silbido dedicado al ex gobernador. Después entonó "Cuchillos" en homenaje a Mercedes Sosa.
La segunda parte del show se inició con Charly y su banda sentados sobre almohadones, las chicas y él ya con un look informal, cantando "Aprendizaje" y "Tribulaciones de un tonto rey...", una versión muy lograda, con arreglos que remitían al rock progresivo setentista, muy disfrutado por los que ya tienen más de 30.
Animado y locuaz, García fascinó con su piano en "Película sordomuda", levantó los ánimos con clásicos como "Popotitos" y "Nos siguen pegando abajo", para después aplacarlos con joyas como "Desarma y sangra".
"No se equivoquen: no quiero ser presidente, sólo acepto ser rey", dijo García. También citó algunos de los mandatos del decálogo de su "Say no more", en medio de risas y aplausos. El cuidado de la puesta en escena salió de lo acostumbrado en los recitales de rock argentinos. Charly se preocupó por imprimir un tono intimista al concierto, con sus cinco sentidos funcionando a pleno, como no se lo veía desde hace lustros.







