Una indagación sobre las turbias raíces del mejor amigo del hombre

Por James Gorman / The New York Times.

LARGA DATA. Se cree que este cráneo canino, que se encuentra en el Real Instituto Belga de Ciencias Naturales de Bruselas, tiene 32.000 años de antigüedad. fotos de Andrew Testa / The New York Times LARGA DATA. Se cree que este cráneo canino, que se encuentra en el Real Instituto Belga de Ciencias Naturales de Bruselas, tiene 32.000 años de antigüedad. fotos de Andrew Testa / The New York Times
29 Enero 2016

OXFORD, Inglaterra.- Antes de que los humanos ordeñaran vacas, pastorearan cabras o criaran cerdos; antes de que inventaran la agricultura o escribieran el lenguaje; antes de que tuvieran casas permanentes y -con seguridad- antes de tener gatos, tuvieron perros.

O los perros los tuvieron a ellos, dependiendo de cómo se perciba al arreglo humano-canino. Sin embargo, los científicos siguen debatiendo exactamente cuándo y dónde se originó este vínculo antiguo. Es posible que una nueva investigación en la Universidad de Oxford proporcione algunas respuestas.

Los científicos han elaborado un amplio panorama de los orígenes de los perros. En un principio estuvieron de acuerdo en que evolucionaron a partir de los antiguos lobos. Los científicos pensaron alguna vez que un cazador-recolector visionario se robó un cachorro de lobo de su madriguera un día y empezó a criar lobos cada vez más mansos. La esencia de la idea es que las personas criaron a los lobos para que se convirtieran en perros, tal como ahora lo hacen para que sean pequeños o grandes, o para que pastoreen rebaños.

No obstante, la opinión científica que prevalece ahora es que esta historia del origen no es aceptable. Es difícil domar a los lobos, inclusive cuando son cachorros, y muchos investigadores encuentran más plausible que los perros, en efecto, se inventaron a sí mismos.

Las mascotas son minoría

Imaginen que algunos lobos antiguos eran ligeramente menos tímidos alrededor de los cazadores nómadas y rebuscaban comida entre sus piezas y campamentos con regularidad; y que gradualmente evolucionaron hasta volverse cada vez más mansos, produciendo mucha descendencia debido a que podían proveerse de alimento de manera relativamente fácil. En algún momento, se convirtieron en el pedigüeño que mueve la cola, al que hoy se festeja nada menos que como el mejor amigo del hombre.

Algunos investigadores cuestionan que los perros experimenten sentimientos como amor y lealtad, o que sus actitudes encantadoras sean sólo cuestión de instintos que evolucionaron. Por el contrario, advierten que es más fácil ganarse el sustento como falderos que como cazadores de alces.

Raymond Coppinger, profesor emérito de biología en el Colegio Hampshire, notó en su libro de 2001, Dogs, que “mejor amigo” no es una “definición ecológica”. Y sugirió que “el perro del hogar doméstico pudo haber evolucionado hasta ser un parásito”.

Los investigadores también señalan que, de los aproximadamente 1.000 millones de perros que hay en el mundo, sólo una cuarta parte de ellos son mascotas. La mayoría corren libres en aldeas, rebuscan comida en los basureros, consiguen limosnas ocasionales y causan decenas de miles de muertes humanas cada año por la rabia. A veces son amistosos, pero no son realmente amigos.



Escepticismos

Los perros modernos son diferentes de los lobos modernos en diversas formas. Comen confortablemente en presencia de la gente, mientras que los lobos no. El cráneo es más ancho; y los hocicos, más cortos. No viven en grupos cuando están por cuenta propia, por lo cual los científicos se mofan de enfoques para entrenar perros según los cuales el humano debe actuar como líder de manada.

Los lobos se aparean por periodos prolongados y los machos ayudan con las crías, mientras que los perros son promiscuos y los machos no prestan atienden a su descendencia. Eso sí, perros y lobos se cruzan con facilidad y algunos científicos ni siquiera están seguros de que sean especies diferentes, Este escepticismo refleja debates más amplios en la ciencia sobre cómo definir a una especie.

Cuándo y dónde

Si las divisiones actuales entre las especies son turbias, el pasado se encuentra en una profunda oscuridad. Por lo general, los científicos concuerdan en que hay buena evidencia de que se domesticó a los perros hace uno 15.000 años; y que hace 14.000 años la gente ya enterraba perros, a veces, junto con los humanos. Sin embargo, algunos biólogos arguyen (a partir de estudios de ADN y de la forma de los cráneos antiguos) que la domesticación de los perros ocurrió hace mucho más de 30.000 años.

Los investigadores que estudian el ADN de perros y de lobos han argumentado en los últimos años que los perros se originaron en el este de Asia, en Mongolia, en Siberia, en Europa y en Africa.

La gran recopilación

Una razón de las teorías contradictorias, de acuerdo con Greger Larson, un biólogo en el departamento de arqueología de la Universidad de Oxford, es que la genética de los perros es un desorden. Sostiene que la mayoría de las razas de perros se inventaron en el siglo XIX, durante un periodo de obsesión canina que él denominó “la gigantesca mezcladora torbellino del loco frenesí europeo victoriano por la cría de perros”.

Esa mezcladora, así como la cruza aleatoria de los propios perros y la cruza con lobos en distintos momentos de los últimos 15.000 años, crearon una “sopa de tomate” en la genética canina, de la cual es muy difícil discernir los ingredientes, lapidó Larson.

La forma de encontrar la receta, afirmó, es crear una enorme base de datos de ADN antiguo para añadirla a la sopa de la genética canina moderna. Y con Keith Dobney, un colega en la Universidad de Aberdeen, ha persuadido a los investigadores de perros que se unan al proyecto más general para analizar huesos antiguos.

Robert Wayne, biólogo evolucionista en la UCLA que estudia el origen de los perros y es parte de la investigación, dijo: “no se puede decir que haya alguna persona trabajando en genética canina que no esté trabajando en ese proyecto”.

Eso es una especie de triunfo, dadas las muchas teorías en conflicto que hay en el campo.

Los científicos en museos y universidades que forman parte del proyecto están abriendo sus colecciones. Así es que para recopilar información, Larson y su equipo en Oxford han viajado por el mundo, recaudando pequeñas muestras de huesos y medidas de dientes, quijadas y hasta cráneos completos de perros, lobos y cánidos, antiguos y recientes. La fase de recopilación está casi terminada, comentó Larson, quien espera terminar con ADN de alrededor de 1.500 muestras, así como con fotografías y medidas detalladas de varios miles de ejemplares.

Empezarán a surgir los ensayos de los científicos sobre este trabajo este año, algunos de los cuales se originarán en Oxford y algunos en otras instituciones, todo ello es el trabajo de muchos colaboradores.

Unas cuantas claves

Larson apuesta a que el proyecto pueda determinar si el proceso de domesticación sucedió hace 15.000 años o hace 30.000 años, así como en qué región. Eso no se parece en nada a la fecha, la ubicación GPS, ni el nombre del antiguo cazador que podrían estar esperando los amantes de los perros.

Sin embargo, sería un gran logro para la ciencia canina (y un hito en el análisis de ADN antiguo) poder mostrar la evolución, las migraciones y la descendencia. En gran parte, sería como los estudios del ADN de antiguos homínidos que han mostrado cómo los antiguos humanos poblaron el mundo y se cruzaron con los neandertales.

¿Por qué interesarse en la domesticación de los perros más allá de un interés obsesivo que muchas personas tienen por sus mascotas? Es posible que el surgimiento de los perros haya sido un punto de inflexión. “Quizá su domesticación, en algún nivel, desencadena todo este cambio en la forma en la que los humanos se involucraron, respondieron e interactuaron con su entorno. No creo que sea disparatado”, concluyó Larson.

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