EN EL 17. Las cortinas ayudan a la climtatización de la unidad y no dan ganas de bajarse del colectivo. la gaceta / foto de Julio Marengo
03 Enero 2016 Seguir en 

Son las 10.30 y el termómetro ya araña los 30°. No hay más opción: va a ser un día de calor insoportable. Elisa Perea está en la parada del colectivo y su arma más preciada es un abanico con el que puede refrescarse un poco. Después de unos minutos de espera el ómnibus frena en la parada. Elisa sube y pega un grito: “¡tiene aire acondicionado!”. El chofer le sonríe, como si se tratara de un anfitrión orgulloso que recibe gente en su casa nueva.
Tres ómnibus de la línea 17 ya circulan por la ciudad y son una suerte de oasis para los pasajeros en el medio del calor. También hay cuatro nuevas unidades de la línea 6. Son los que empiezan a cumplir con la ordenanza municipal que indica que los coches que se incorporen deben venir con aire acondicionado. De esta manera, ya son tres las líneas -la primera fue la 19- en ofrecer esta comodidad.
“Así vale la pena viajar en el colectivo. La verdad que fue una sorpresa para mí, no tenía idea. Entre un ómnibus con aire y un taxi, que es carísimo y están todos destartalados, ahora prefiero ir en ómnibus”, confiesa Mario Leguizamón, vecino de Villa 9 de Julio y usuario de la línea 17. Claro que, para enganchar un coche con aire, hay que tener mucha suerte y tiempo para esperarlo: hasta el momento en la 17 son tres unidades, y en los próximos meses llegarían dos más.
Los más astutos ya le han tomado el tiempo. “Tenemos pasajeros que ‘marcan’ el horario en el que pasan los coches con aire y se toman esos. Por eso a veces vienen un poco sobrecargados”, cuenta José Salazar, jefe de los talleres de esa línea urbana. “Esperamos tener más, aunque los costos para comprarlos y el gasto de combustible son más elevados. Pero no quedaba otra, porque la ordenanza así lo indica”, explica el mecánico. Estima que a los 130 litros de gasoil que usa comúnmente un colectivo por día, hay que sumarle otros 20, es decir un 15% de incremento cuando usan aire acondicionado.
En problemas
“Para nosotros es un esfuerzo grande, pero creemos que tanto el usuario como los choferes se lo merecen”, afirma Tomás Burke, uno de los socios de la compañía que explota el recorrido de la 17. Él como todos los empresarios nucleados en la Asociación de Empresarios del Transporte Automotor de Tucumán (Aetat), sostiene que urge actualizar las tarifas urbanas y reorganizar el tránsito en la capital tucumana para poder ofrecer un mejor servicio y mejorar la rentabilidad de las empresas (ver aparte).
Esos dos escollos, apunta Daniel Orell, titular de la asociación empresaria, van en contra de la renovación de unidades. De los 430 coches urbanos de las 14 líneas, apenas un 5,6% de la flota tiene aire acondicionado. “Hace cuatro años renovábamos 200 unidades por año; ahora apenas llegamos a las 20 o 30, porque no dan los márgenes. El tema es que tenemos una tarifa atrasada, deficitaria, fuera de época. El último estudio de costos nos dice que el boleto no puede costar menos de $6,80 y cuesta $4,80”, señaló. El empresario contó además que una unidad con aire acondicionado cuesta alrededor de $2 millones, $300.000 más que un coche sin aire.
Tres ómnibus de la línea 17 ya circulan por la ciudad y son una suerte de oasis para los pasajeros en el medio del calor. También hay cuatro nuevas unidades de la línea 6. Son los que empiezan a cumplir con la ordenanza municipal que indica que los coches que se incorporen deben venir con aire acondicionado. De esta manera, ya son tres las líneas -la primera fue la 19- en ofrecer esta comodidad.
“Así vale la pena viajar en el colectivo. La verdad que fue una sorpresa para mí, no tenía idea. Entre un ómnibus con aire y un taxi, que es carísimo y están todos destartalados, ahora prefiero ir en ómnibus”, confiesa Mario Leguizamón, vecino de Villa 9 de Julio y usuario de la línea 17. Claro que, para enganchar un coche con aire, hay que tener mucha suerte y tiempo para esperarlo: hasta el momento en la 17 son tres unidades, y en los próximos meses llegarían dos más.
Los más astutos ya le han tomado el tiempo. “Tenemos pasajeros que ‘marcan’ el horario en el que pasan los coches con aire y se toman esos. Por eso a veces vienen un poco sobrecargados”, cuenta José Salazar, jefe de los talleres de esa línea urbana. “Esperamos tener más, aunque los costos para comprarlos y el gasto de combustible son más elevados. Pero no quedaba otra, porque la ordenanza así lo indica”, explica el mecánico. Estima que a los 130 litros de gasoil que usa comúnmente un colectivo por día, hay que sumarle otros 20, es decir un 15% de incremento cuando usan aire acondicionado.
En problemas
“Para nosotros es un esfuerzo grande, pero creemos que tanto el usuario como los choferes se lo merecen”, afirma Tomás Burke, uno de los socios de la compañía que explota el recorrido de la 17. Él como todos los empresarios nucleados en la Asociación de Empresarios del Transporte Automotor de Tucumán (Aetat), sostiene que urge actualizar las tarifas urbanas y reorganizar el tránsito en la capital tucumana para poder ofrecer un mejor servicio y mejorar la rentabilidad de las empresas (ver aparte).
Esos dos escollos, apunta Daniel Orell, titular de la asociación empresaria, van en contra de la renovación de unidades. De los 430 coches urbanos de las 14 líneas, apenas un 5,6% de la flota tiene aire acondicionado. “Hace cuatro años renovábamos 200 unidades por año; ahora apenas llegamos a las 20 o 30, porque no dan los márgenes. El tema es que tenemos una tarifa atrasada, deficitaria, fuera de época. El último estudio de costos nos dice que el boleto no puede costar menos de $6,80 y cuesta $4,80”, señaló. El empresario contó además que una unidad con aire acondicionado cuesta alrededor de $2 millones, $300.000 más que un coche sin aire.
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