Alegría, color, ritmo

Las fiestas de carnaval son uno de los espectáculos más populares en esta provincia, tanto en la ciudad como en el interior. Entre quienes participan directamente y el público que convoca, suman decenas de miles. LA GACETA conversó con bailarinas, músicos y costureras, y les preguntó cómo se preparan para los desfiles de esta celebración.

15 Febrero 2004
Simpatía, animación y movimiento. Esas son las condiciones que les exigen a las bailarinas de las comparsas, sobre todo a aquellas que son el "destaque" de la columna, también llamada "pacista". "La gente directamente no te mira si no sos simpática", aseguró María Laura Herrera (19), integrante de la comparsa "Tani- Tani", de Aguilares, que trabajará este año con toda la civilización indígena.
"La verdad es que las medidas del cuerpo no importan mucho, pero sí cómo se lo mueve. Creo que lo más atractivo es el contorneo de las caderas, cuando se le sacan chispas a las perlas", agregó con picardía María Cecilia Herrera (20).Curiosamente, ninguna de las entrevistadas reconoció que estudió en alguna academia, o que se preparó profesionalmente.
Las hermanas Herrera contaron que la participación en las comparsas es una tradición familiar. "Mi papá tocaba el tambor, y mi mamá quiere volver a bailar este año".

Los cuerpos al compás
El llamado "efecto corso" hace que ni bien comience a sonar los tambores de la batucada, los cuerpos se muevan solos. "Por eso, en mi comparsa ni ensayamos", confiesa Romina Villanueva (17), que este año debutará el corsódromo de la ciudad sureña. "Lo único que sé hacer es bailar. Fui reina en mi colegio, pero me eligieron para participar ahora porque saben que bailo bien", admite Villanueva. María Laura Herrera confirmó que en la comparsa "Tani-Tani" no ensayan la pasada, pero, en contraposición "todo se hace a pulmón". Las bailarinas tienen que bordar también las bombachas y los corpiños y confeccionar las sandalias; mientras que los varones hacen el casquete (el tocado que llevan en la cabeza). Nadie cobra un centavo por esa tarea.
Soledad Monteros (20) agrega que las bailarinas no sólo danzan sino que animan a la gente. "Nuestros movimientos van dirigidos a las personas y los incitamos a participar". Rocío Pallegas García (17) reveló que están preparadas para los piropos, pero igualmente "para las cosas desagradables. En el corso hay de todo", señaló.

La última reina
Cecilia Beatríz Herrera (18) fue la última reina del corso de Aguilares y el próximo fin de semana deberá entregar su corona. Le contó a LA GACETA que cada comparsa trabaja de un modo distinto. "La "Bella Flor", por ejemplo, tiene el vestuario preparado desde hace meses, y nos tomamos un gran tiempo para los ensayos". "Creo que para ser bailarina es necesario tener una gran presencia, es decir una buena figura, desplegar mucha simpatía -que no es únicamente reirse todo el tiempo sino animar-, y bailar muy bien, es decir, mover todo lo que uno tiene, pecho y caderas", precisó. Cuando el jurado elige también evalúa el vestuario de cada comparsa, recordó.

Las batucadas marcan el ritmo
La batucada marca el ritmo de la comparsa; sin los tambores no hay baile, sencillamente. Por eso, las agrupaciones de percusión son un elemento esencial en estos desfiles. Así como las bailarinas son la gran atracción con sus sensuales contorneos y sus brillantes atuendos, sin el tambor, platillos y redoblantes, no habría ritmo directamente. Y batucada es sinónimo de percusión; una percusión cuyas bases se encuentran en los ritmos afrobrasileños y afroamericanos.
En el corso de La Trinidad participan dos grandes grupos: "Agrupación Che" y "Los reyes del redoblante", además de un grupo musical de vientos. La "Agrupación Che" está conformada por 22 integrantes, y en su mayoría son músicos, que durante todo el año tocan en diferentes acontecimientos, haciendo presentaciones incluso en boliches, contó Carlos Contreras, que es quien la dirige. Al frente de la formación, va marcando los tiempos y sus pausas, y los distintos movimientos con un pito y sus gestos.
Jorge Gutiérrez, integrante de una batucada de Aguilares, reconoció que es "un trabajo cansador. Nosotros lo hacemos por onda y porque nos divertimos. Aquí todos participamos de uno u otro modo. Pero la verdad que uno se pasa horas dándole al tambor...y hay que tener buenos músculos". Horacio Herrera toca el redoblante. "En realidad no coordinamos con las bailarinas, pero ni bien empezamos a tocar ellas se mueven al compás y eso nos entusiasma y estimula mucho más. La batucada sin las bailarinas no tiene gracia", admitió.

Instrumentos
En la batucada todos los instrumentos tienen distintas afinaciones; siempre está presente el "zurdo" (el tambor grande y alto) y otros tambores agudos y graves de diferentes tamaños, y el que se para en la "panza" y se toca por los costados; los redoblantes y los platillos.

Las madres amanecieron cosiendo
Una fila de trajes y trajesitos de varios colores colgados de perchas en una viga de la galería de una casa. Nueve mujeres sentadas: unas bordando, otras pegando lentejuelas, y una cosiendo a máquina. Mientras tanto, varias niñas bailan a la par de las mujeres laboriosas, siguiendo el ritmo de una música divertida.
Esta es el escena previa de una comparsa. Es que ellas no son sólo baile, color y diversión en los corsos de carnaval. Son mucho tiempo de trabajo, empeño y dedicación. Mucho más aún cuando no se dispone de los medios necesarios para llevar adelante un anhelo de esas características.
Algunos barrios de los alrededores de la ciudad tucumana se ocupan de armar con los más chicos estos bailes tan especiales. Es el caso de los vecinos del Barrio Costanera, quienes desde hace dos meses están organizando la comparsa "Encanto de los Duendes", y la murga "Duendes murgueros".
"Es la primera vez que hacemos esto. Un día nos juntamos y decidimos hacerlo. Cada vecino aportó lo que tenía: plásticos, cartones, hierros; y salimos a vender", comentó Jéssica Albornoz, la costurera de los trajes que usan los 130 chicos que participan en los festejos de carnaval. También organizaron bingos para juntar plata y, además, recibieron donaciones.
Son seis las mamás que desde la mañana temprano se la pasaron bordando y cosiendo. Otras tres vecinas también aportaron sus conocimientos. "Una de ellas fue la diseñadora, las otras bordaron, una pegó los canutillos y lentejuelas, otras cosieron a máquina, y así trabajamos", contó Gladys Urueña de Balborín. Agregó que la última semana amanecieron todos los días cosiendo porque se les terminaba el tiempo y les faltaban varios trajes por terminar.
De a poco fueron comprando los materiales. Los trajes están hechos de raso y de tafeta. También fabricaron unas alas de mariposas para las nenas más chiquitas, que llevan tul y lentejuelas. Los colores y los brillos sobran.
Durante un mes las nueve costureras no pararon de trabajar, mientras los chicos de entre 5 y 16 años ensayaban los exóticos movimientos. Para estos pequeños duendecitos el viernes empezaron los festejos y tienen invitaciones en distintos corsos.

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