Llegó la hora. Los argentinos tienen siete días para tomar una de las decisiones más trascendentales de sus vidas. El futuro está en sus manos. Desde las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) las cosas no han cambiado mucho. Está más que claro quiénes son los que tienen más posibilidades de quedarse con el bastón de mando. Daniel Scioli ha perdido unos poquísimos puntos según casi todas las encuestas. Mauricio Macri se ha mantenido sin variar casi nada. Sergio Massa ha aumentado un poco, lo suficiente para recuperar la sonrisa que había perdido aquel 9 de agosto. Ninguno de los dos primeros arriesgó nada. Fue tanto el miedo a perder que mantuvieron el discurso y hasta fueron monótonos a la hora de seguir repitiendo lo mismo. Massa se animó un poquito más y tal vez por eso sumó algo. A ninguno de los tres les alcanza para estar seguros de que el lunes a la madrugada ya se pueden probar la banda presidencial. Lo más seguro es que todavía tengan que esperar una nueva votación, una más, y que uno solo del trío llore la derrota.
Timoratos, inseguros, poco arriesgados fueron dejando en la última etapa de a campaña un exagerado sentido especulativo en vez de una afiebrada voracidad de poder. Son tiempos de consenso, de diálogo, pero eso no exime la necesidad de mensajes claros y certeros que den seguridad de lo que se va a hacer una vez que estén sentados en el principal sillón de la Casa Rosada. Los argentinos nos hemos acostumbrado a desconfiar porque en cada cambio de timón no siempre se hizo lo que se prometió.
En Tucumán la campaña demoró en llegar (¿ya llegó?). Con los ánimos exaltados después de los violentos momentos que se vivieron tras los comicios provinciales del 23 de agosto. No fue fácil para los candidatos volver a pedir un voto. Tampoco se nota un despliegue descomunal como el que se vivió dos meses atrás. Los millones de pesos ya fueron gastados por las grandes estructuras. Las otras agrupaciones que competirán el próximo domingo apuestan a la fidelidad del votante a sabiendas de que, en estos tiempos, el dinero hace a la felicidad política.
Marca y franquicia
En el Día de la Lealtad la tierra tembló más de la cuenta. Hace 70 años, cuando el peronismo empezó a tener identidad, se convirtió en un movimiento a flor de piel. Había dejado de ser subterráneo. Hoy ocurre a la inversa. Hay trabajadores que coquetean con quienes tienen piel antiperonista. Pero también hay radicales travestidos de peronistas. Y también se ven y escuchan a peronistas avergonzados de su partido. No faltan tampoco los que no pueden abrazar a otro peronista porque aún siendo compañeros se han desconocido y ahora son enemigos. Si Perón se subiera al auto de “Volver a futuro” y aterrizara en la plaza Independencia, su estado de confusión sería colosal. La desubicación no será precisamente por los celulares ni por los mensajes de Whatsapp sino por quienes recitan y utilizan su nombre y sus ideas.
En un informe del sitio “Urgente24” se rescatan dos visiones sorprendentes del 17 de octubre de 2015. Una es la del experto en historia Luis Alberto Romero, quien desde el antiperonismo afirma: “Yo últimamente estuve hablando de franquicias para indicar que tras una marca hay dueños”. Por su parte, el filósofo vinculado al pensamiento K, Ricardo Forster, destaca que “el peronismo sigue siendo, me parece, una marca sin la cual la vida política de los argentinos no se mueve”. Dos miradas con puntos de vistas disímiles pero absolutamente justificadas cuando hay hombres y mujeres que desvirtúan la política para convertirla en un negocio personal.
Menos poder
La cara larga de los últimos días de Alperovich gobernador no es obviamente porque el peronismo ha pasado el Día de la Lealtad con algunos rostros raros. Después de 12 años de gestión es un hombre que está esperando que le lluevan tarjetas de agradecimiento y, sin embargo, antes de llegar a la meta final los espectadores ya están mirando la nueva largada.
No debe ser fácil para Alperovich enterarse por Juan Manzur de los pasos de Daniel Scioli o de que llega tal o cual funcionario a la provincia. Tampoco le han llegado señales para integrar el gabinete nacional en el supuesto caso de que Scioli termine llegando a la presidencia de la Nación. Hay otros gobernadores a los que ya les prometieron un ministerio como Maurice Closs, Jorge Sapag y Sergio Uribarri. Alperovich ni siquiera es un hombre que arma lío dentro del oficialismo como el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, cuyas declaraciones sobre la necesidad de arreglar con los fondos buitres ya se han convertido en una teoría general del futuro peronismo. Se debate en cuanta reunión junta a más de un peronista. Alperovich llega al final sin saber bien quién será. Cuando al gobernador lo llamaban desde la Casa Rosada atendía un fortificado gobernador con un puñado de diputados y senadores en su puño. El próximo domingo el oficialismo sueña con sacar tres diputados. De ese total ninguno le responde a Alperovich. En el supuesto que se hicieran realidad los sueños, José Orellana es antes que nadie hombre de Orellana, Marcelo Santillán responde a La Cámpora y Mirta Alicia Soraire es una funcionaria K de la Nación. Siguiendo el mismo razonamiento triunfalista, el refugio “sijosesista” quedaría reducido al Senado, donde se sentarían él y su ministra Beatriz Mirkin. Es extraño cómo el poder se diluye rápidamente como el agua entre las manos y tal vez sea la razón por la cual a las apuradas en los últimas horas se hacen designaciones que no son otra cosa que pequeñas minas para el sucesor que él mismo eligió. Los últimos metros parecen fomentar las torpezas. Hasta un “sijosesista” como Pablo Clavarino terminó molesto –y lo hizo saber- al ver que se constituía un Tribunal Fiscal que además devino en “Tribunal de la amistad”. Alperovich se despide como seguramente él no hubiera imaginado. Son muchas las estructuras y organizaciones intermedias de la sociedad que terminan protestando y no abrazándolo.
Prioridades
Los “sijosesistas” no andan muy preocupados por la campaña de su líder. El interés principal de los dirigentes oficialista está directamente ligado al poder. Las discusiones son por cómo se repartirán los cargos en la Legislatura. En los años pasados la presidencia subrogante de la Cámara y las vicepresidencias primera y segunda se repartieron una para cada sección electoral. En esta oportunidad, donde la oposición será un poco más abultada, ¿terminará teniendo un representante en ese trípode?
Lo mismo pasa en el Concejo Deliberante, donde el oficialismo intenta poner a Carolina Vargas Aignasse como presidenta del cuerpo. Estas cuestiones se discuten antes que la fidelidad a José candidato a senador. A medida que se van conociendo los nombres del futuro gabinete no faltan los “sijosesistas” que le reclaman a Alperovich -no a Manzur- por qué quedaron afuera.
Las caras largas también se ven en la oposición, especialmente en el radicalismo. La fuerza motora en la que todos empujaban juntos la candidatura de José Cano ya está partida. Silvia Elías de Pérez es la única dirigente incondicional que tiene proyección a nivel nacional; y a nivel provincial el radicalismo es posible que tenga más de un bloque en la Legislatura.
Siete días deben ser una eternidad para los candidatos a presidente. Para los electores que parecen no haber modificado mucho su decisión de hace dos meses el reloj seguirá su paso normal. En cambio, para los tucumanos el pulso se acelerará porque las definiciones en las alturas del poder ya iniciaron su cuenta regresiva y hay más de 200 cargos pendientes.
Timoratos, inseguros, poco arriesgados fueron dejando en la última etapa de a campaña un exagerado sentido especulativo en vez de una afiebrada voracidad de poder. Son tiempos de consenso, de diálogo, pero eso no exime la necesidad de mensajes claros y certeros que den seguridad de lo que se va a hacer una vez que estén sentados en el principal sillón de la Casa Rosada. Los argentinos nos hemos acostumbrado a desconfiar porque en cada cambio de timón no siempre se hizo lo que se prometió.
En Tucumán la campaña demoró en llegar (¿ya llegó?). Con los ánimos exaltados después de los violentos momentos que se vivieron tras los comicios provinciales del 23 de agosto. No fue fácil para los candidatos volver a pedir un voto. Tampoco se nota un despliegue descomunal como el que se vivió dos meses atrás. Los millones de pesos ya fueron gastados por las grandes estructuras. Las otras agrupaciones que competirán el próximo domingo apuestan a la fidelidad del votante a sabiendas de que, en estos tiempos, el dinero hace a la felicidad política.
Marca y franquicia
En el Día de la Lealtad la tierra tembló más de la cuenta. Hace 70 años, cuando el peronismo empezó a tener identidad, se convirtió en un movimiento a flor de piel. Había dejado de ser subterráneo. Hoy ocurre a la inversa. Hay trabajadores que coquetean con quienes tienen piel antiperonista. Pero también hay radicales travestidos de peronistas. Y también se ven y escuchan a peronistas avergonzados de su partido. No faltan tampoco los que no pueden abrazar a otro peronista porque aún siendo compañeros se han desconocido y ahora son enemigos. Si Perón se subiera al auto de “Volver a futuro” y aterrizara en la plaza Independencia, su estado de confusión sería colosal. La desubicación no será precisamente por los celulares ni por los mensajes de Whatsapp sino por quienes recitan y utilizan su nombre y sus ideas.
En un informe del sitio “Urgente24” se rescatan dos visiones sorprendentes del 17 de octubre de 2015. Una es la del experto en historia Luis Alberto Romero, quien desde el antiperonismo afirma: “Yo últimamente estuve hablando de franquicias para indicar que tras una marca hay dueños”. Por su parte, el filósofo vinculado al pensamiento K, Ricardo Forster, destaca que “el peronismo sigue siendo, me parece, una marca sin la cual la vida política de los argentinos no se mueve”. Dos miradas con puntos de vistas disímiles pero absolutamente justificadas cuando hay hombres y mujeres que desvirtúan la política para convertirla en un negocio personal.
Menos poder
La cara larga de los últimos días de Alperovich gobernador no es obviamente porque el peronismo ha pasado el Día de la Lealtad con algunos rostros raros. Después de 12 años de gestión es un hombre que está esperando que le lluevan tarjetas de agradecimiento y, sin embargo, antes de llegar a la meta final los espectadores ya están mirando la nueva largada.
No debe ser fácil para Alperovich enterarse por Juan Manzur de los pasos de Daniel Scioli o de que llega tal o cual funcionario a la provincia. Tampoco le han llegado señales para integrar el gabinete nacional en el supuesto caso de que Scioli termine llegando a la presidencia de la Nación. Hay otros gobernadores a los que ya les prometieron un ministerio como Maurice Closs, Jorge Sapag y Sergio Uribarri. Alperovich ni siquiera es un hombre que arma lío dentro del oficialismo como el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, cuyas declaraciones sobre la necesidad de arreglar con los fondos buitres ya se han convertido en una teoría general del futuro peronismo. Se debate en cuanta reunión junta a más de un peronista. Alperovich llega al final sin saber bien quién será. Cuando al gobernador lo llamaban desde la Casa Rosada atendía un fortificado gobernador con un puñado de diputados y senadores en su puño. El próximo domingo el oficialismo sueña con sacar tres diputados. De ese total ninguno le responde a Alperovich. En el supuesto que se hicieran realidad los sueños, José Orellana es antes que nadie hombre de Orellana, Marcelo Santillán responde a La Cámpora y Mirta Alicia Soraire es una funcionaria K de la Nación. Siguiendo el mismo razonamiento triunfalista, el refugio “sijosesista” quedaría reducido al Senado, donde se sentarían él y su ministra Beatriz Mirkin. Es extraño cómo el poder se diluye rápidamente como el agua entre las manos y tal vez sea la razón por la cual a las apuradas en los últimas horas se hacen designaciones que no son otra cosa que pequeñas minas para el sucesor que él mismo eligió. Los últimos metros parecen fomentar las torpezas. Hasta un “sijosesista” como Pablo Clavarino terminó molesto –y lo hizo saber- al ver que se constituía un Tribunal Fiscal que además devino en “Tribunal de la amistad”. Alperovich se despide como seguramente él no hubiera imaginado. Son muchas las estructuras y organizaciones intermedias de la sociedad que terminan protestando y no abrazándolo.
Prioridades
Los “sijosesistas” no andan muy preocupados por la campaña de su líder. El interés principal de los dirigentes oficialista está directamente ligado al poder. Las discusiones son por cómo se repartirán los cargos en la Legislatura. En los años pasados la presidencia subrogante de la Cámara y las vicepresidencias primera y segunda se repartieron una para cada sección electoral. En esta oportunidad, donde la oposición será un poco más abultada, ¿terminará teniendo un representante en ese trípode?
Lo mismo pasa en el Concejo Deliberante, donde el oficialismo intenta poner a Carolina Vargas Aignasse como presidenta del cuerpo. Estas cuestiones se discuten antes que la fidelidad a José candidato a senador. A medida que se van conociendo los nombres del futuro gabinete no faltan los “sijosesistas” que le reclaman a Alperovich -no a Manzur- por qué quedaron afuera.
Las caras largas también se ven en la oposición, especialmente en el radicalismo. La fuerza motora en la que todos empujaban juntos la candidatura de José Cano ya está partida. Silvia Elías de Pérez es la única dirigente incondicional que tiene proyección a nivel nacional; y a nivel provincial el radicalismo es posible que tenga más de un bloque en la Legislatura.
Siete días deben ser una eternidad para los candidatos a presidente. Para los electores que parecen no haber modificado mucho su decisión de hace dos meses el reloj seguirá su paso normal. En cambio, para los tucumanos el pulso se acelerará porque las definiciones en las alturas del poder ya iniciaron su cuenta regresiva y hay más de 200 cargos pendientes.








