La confirmación de que Juan Manzur tendrá el poder -como suele decir- en un puño llegará con la conformación de su gabinete. Y los nombres que se filtran en los pasillos de la Casa de Gobierno dan cuenta de que el gobernador electo está dispuesto a borrar de un plumazo al saliente José Alperovich.
Aunque no aparecen escritos en ningún papel, los nombres que se mencionan dan cuenta de una estructura meticulosamente armada por el propio Manzur, sin consulta previa con Alperovich. La primera gran novedad es que se avizora un gobierno de médicos. Al menos cuatro profesionales de esa área estarían en puestos clave del Poder Ejecutivo. Pablo Yedlin, pese a las últimas desavenencias con su tutor político, se daría el gusto de concentrar poder al frente de la Secretaría General de la Gobernación, o de una supradependencia similar en caso de que prospere su anhelo. Su hermano, Gabriel Yedlin, decantaría en el área de Desarrollo Social. En algún punto, el copamiento de la familia Yedlin de la futura gestión es una señal de que el gobernador electo sí es una persona agradecida. Gracias al apoyo de ellos, en aquellos momentos duros de estudiante, pudo completar la carrera universitaria.
Quizá la mayor muestra de que Manzur no compartirá el poder con nadie se vislumbra en el Ministerio de Salud, para el que se menciona a Rossana Chahla. La médica es directora de la Maternidad, centro neurálgico del “milagro sanitario” que posicionó al nuevo mandatario en la escena política nacional y epicentro de las denuncias opositoras en la Justicia y en el Congreso por el presunto manejo de los índices de mortalidad infantil. Entre 2008 y 2009, alrededor de ellos se posaron las críticas por la supuesta adulteración de índices, con la finalidad de mostrar una reducción sustancial en la tasa de decesos de bebés recién nacidos.
En Desarrollo Productivo y en Economía se mantienen los nombres que se barajan desde un principio: Luis Fernández (director ejecutivo del IDEP) y Eduardo Garvich, respectivamente. En rigor, esa repartición dio cobijo en las últimas semanas a reuniones de los equipos técnicos de Manzur, tal como había expuesto el columnista Indalecio Sánchez hace un par de semanas en este espacio. La sorpresa puede darse en Educación, ya que pica en punta el ex decano de la Facultad de Medicina de la UNT, Horacio Deza. El académico, durante su gestión universitaria, recibió el acompañamiento permanente del propio Manzur.
Ya en la Fiscalía de Estado, en Interior y en Gobierno se percibe alguna injerencia del vicegobernador Jaldo. La atención de los asuntos legales del Estado recaería en manos de Daniel Leiva, un abogado que se desempeña al lado del futuro conductor de la Legislatura, mientras que la administración de la relación con los municipios y las comunas estaría a cargo de Miguel Acevedo. El contador está en las sombras del Gobierno desde la gestión bussista durante los ‘90, y es uno de los hombres técnicos que más conoce los recovecos en la legislación provincial. Sin perfil político ni ambiciones personales conocidas, su presencia patearía para más adelante la feroz pelea que se desató por la sucesión de Jaldo en el Ministerio del Interior. Para la cartera de Gobierno, Seguridad y Justicia se perfila Regino Amado, desde 2009 presidente subrogante de la Legislatura y dirigente político insulso; por ende, inofensivo para Manzur o para Jaldo. De hecho, el monterizo tenía expectativas mucho más modestas. El área de Seguridad es todavía una incógnita, pero el gassembaurista Paul Hofer aún pelea por quedarse al frente y a Manzur su nombre no le disgusta.
Aunque los más alperovichistas argumenten que el saliente gobernador pidió a Manzur por la presencia de los Yedlin en su gabinete y se jacten de que Amado es uno de sus hombres de confianza, lo cierto es que son escasos los resabios de la actual gestión que se avizoran en la próxima. Hoy, Alperovich y su sucesor mantienen -según admiten en el entorno de ambos- una excelente relación. Pero eso no impide que el primero ya sienta la espalda del segundo. Además, Manzur gozará de un escudo en la Legislatura, puesto que insistirá con la designación de Claudio Pérez -ya con el aval de Jaldo, ¿a modo de canje por la llegada de Leiva a la Fiscalía de Estado?- como secretario parlamentario en lugar de Juan Antonio Ruiz Olivares, prácticamente resignado a sentarse en una banca como cualquier otro legislador y a la expectativa de ser nombrado presidente Subrogante. Esto, claro está, si es que el alperovichista Sergio Mansilla no consigue su utópico sueño de que la Corte Suprema habilite su asunción en la Cámara, pese a haber sido tres veces electo ya. En ese caso, Ruiz Olivares y Mansilla batallarán entre sí.
Ayer, la divulgación de algunos nombres hizo estallar la Casa de Gobierno. Principalmente, en las oficinas comandadas por referentes alperovichistas de la capital. Es que el Grupo Terraza pretendía mantener firma y lapicera propia, porque eso implica recursos y nombramientos extra para hacer política. A tal punto llegó el malestar y la sorpresa que, según cuentan, durante el mediodía de ayer la actual secretaria General de la Gobernación, Carolina Vargas Aignasse, se quejó ante Manzur por su reemplazo y por el ninguneo que -siente- reciben los casi 21.000 votos que recogió en la Capital en las convulsionadas elecciones del 23 de agosto pasado. Un planteo similar habría formulado el secretario de Gobierno, Marcelo Caponio.
Se ve, la concentración del poder en un puño que tanto agrada a Manzur va ligada, indefectiblemente, al manejo de la caja. Y a la exterminación de cualquier vestigio alperovichista que aún circule por los pasillos de la Casa de Gobierno.
Aunque no aparecen escritos en ningún papel, los nombres que se mencionan dan cuenta de una estructura meticulosamente armada por el propio Manzur, sin consulta previa con Alperovich. La primera gran novedad es que se avizora un gobierno de médicos. Al menos cuatro profesionales de esa área estarían en puestos clave del Poder Ejecutivo. Pablo Yedlin, pese a las últimas desavenencias con su tutor político, se daría el gusto de concentrar poder al frente de la Secretaría General de la Gobernación, o de una supradependencia similar en caso de que prospere su anhelo. Su hermano, Gabriel Yedlin, decantaría en el área de Desarrollo Social. En algún punto, el copamiento de la familia Yedlin de la futura gestión es una señal de que el gobernador electo sí es una persona agradecida. Gracias al apoyo de ellos, en aquellos momentos duros de estudiante, pudo completar la carrera universitaria.
Quizá la mayor muestra de que Manzur no compartirá el poder con nadie se vislumbra en el Ministerio de Salud, para el que se menciona a Rossana Chahla. La médica es directora de la Maternidad, centro neurálgico del “milagro sanitario” que posicionó al nuevo mandatario en la escena política nacional y epicentro de las denuncias opositoras en la Justicia y en el Congreso por el presunto manejo de los índices de mortalidad infantil. Entre 2008 y 2009, alrededor de ellos se posaron las críticas por la supuesta adulteración de índices, con la finalidad de mostrar una reducción sustancial en la tasa de decesos de bebés recién nacidos.
En Desarrollo Productivo y en Economía se mantienen los nombres que se barajan desde un principio: Luis Fernández (director ejecutivo del IDEP) y Eduardo Garvich, respectivamente. En rigor, esa repartición dio cobijo en las últimas semanas a reuniones de los equipos técnicos de Manzur, tal como había expuesto el columnista Indalecio Sánchez hace un par de semanas en este espacio. La sorpresa puede darse en Educación, ya que pica en punta el ex decano de la Facultad de Medicina de la UNT, Horacio Deza. El académico, durante su gestión universitaria, recibió el acompañamiento permanente del propio Manzur.
Ya en la Fiscalía de Estado, en Interior y en Gobierno se percibe alguna injerencia del vicegobernador Jaldo. La atención de los asuntos legales del Estado recaería en manos de Daniel Leiva, un abogado que se desempeña al lado del futuro conductor de la Legislatura, mientras que la administración de la relación con los municipios y las comunas estaría a cargo de Miguel Acevedo. El contador está en las sombras del Gobierno desde la gestión bussista durante los ‘90, y es uno de los hombres técnicos que más conoce los recovecos en la legislación provincial. Sin perfil político ni ambiciones personales conocidas, su presencia patearía para más adelante la feroz pelea que se desató por la sucesión de Jaldo en el Ministerio del Interior. Para la cartera de Gobierno, Seguridad y Justicia se perfila Regino Amado, desde 2009 presidente subrogante de la Legislatura y dirigente político insulso; por ende, inofensivo para Manzur o para Jaldo. De hecho, el monterizo tenía expectativas mucho más modestas. El área de Seguridad es todavía una incógnita, pero el gassembaurista Paul Hofer aún pelea por quedarse al frente y a Manzur su nombre no le disgusta.
Aunque los más alperovichistas argumenten que el saliente gobernador pidió a Manzur por la presencia de los Yedlin en su gabinete y se jacten de que Amado es uno de sus hombres de confianza, lo cierto es que son escasos los resabios de la actual gestión que se avizoran en la próxima. Hoy, Alperovich y su sucesor mantienen -según admiten en el entorno de ambos- una excelente relación. Pero eso no impide que el primero ya sienta la espalda del segundo. Además, Manzur gozará de un escudo en la Legislatura, puesto que insistirá con la designación de Claudio Pérez -ya con el aval de Jaldo, ¿a modo de canje por la llegada de Leiva a la Fiscalía de Estado?- como secretario parlamentario en lugar de Juan Antonio Ruiz Olivares, prácticamente resignado a sentarse en una banca como cualquier otro legislador y a la expectativa de ser nombrado presidente Subrogante. Esto, claro está, si es que el alperovichista Sergio Mansilla no consigue su utópico sueño de que la Corte Suprema habilite su asunción en la Cámara, pese a haber sido tres veces electo ya. En ese caso, Ruiz Olivares y Mansilla batallarán entre sí.
Ayer, la divulgación de algunos nombres hizo estallar la Casa de Gobierno. Principalmente, en las oficinas comandadas por referentes alperovichistas de la capital. Es que el Grupo Terraza pretendía mantener firma y lapicera propia, porque eso implica recursos y nombramientos extra para hacer política. A tal punto llegó el malestar y la sorpresa que, según cuentan, durante el mediodía de ayer la actual secretaria General de la Gobernación, Carolina Vargas Aignasse, se quejó ante Manzur por su reemplazo y por el ninguneo que -siente- reciben los casi 21.000 votos que recogió en la Capital en las convulsionadas elecciones del 23 de agosto pasado. Un planteo similar habría formulado el secretario de Gobierno, Marcelo Caponio.
Se ve, la concentración del poder en un puño que tanto agrada a Manzur va ligada, indefectiblemente, al manejo de la caja. Y a la exterminación de cualquier vestigio alperovichista que aún circule por los pasillos de la Casa de Gobierno.








