“Muestra un profundo desprecio por los pobres”. La frase del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se enmarca en un discurso que pronunció el lunes, en conferencia de prensa, para celebrar el fallo de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán que consagró a Juan Manzur como gobernador electo. El funcionario comenzó con esa frase para referirse a esta columna de la semana pasada (titulada “Nada para festejar”), que dio de ejemplo para graficar lo que, a su entender, es el lobby de un sector del periodismo y de la oposición para descalificar el voto de los sectores populares, a tono con lo que a su entender buscó hacer el fallo de la Sala 1 de la Cámara en lo Contencioso Administrativo que había declarado nulas las elecciones del 23 de agosto.
Las palabras del jefe de Gabinete fueron, en realidad, parte de la estrategia del oficialismo nacional para atacar esa decisión del tribunal: buscaron instalar que lo que “la prensa y la oposición” querían, era impulsar la noción del voto calificado, idea que descalifica el sufragio de los sectores más vulnerables de la sociedad. Pero las palabras del candidato a gobernador por Buenos Aires son contradictorias. ¿De qué pobres habla el jefe de Gabinete, en un país donde prácticamente la pobreza no existe, según su propio gobierno? ¿Son, entonces, mayoría los pobres? ¿Son la mayoría que le dieron el triunfo a Manzur? ¿Cómo es eso posible, si la pobreza ni siquiera existe en los índices oficiales? Y aparecen otras preguntas. ¿Por qué distribuir bolsones con alimentos a los votantes si estos no los necesitan? ¿Por qué ofrecerles empleo o dinero a quienes crecieron laboralmente en la “década ganada”?
La estrategia nacional en torno de los comicios tucumanos fue violenta, divisoria y desafortunada. El fallo de la Corte Suprema señaló las falencias que exhibía el de la Cámara en lo Contencioso, pero las “abstracciones” que señaló la Sala 1 en un proceso electoral cuestionado aún revolotean y enojan a una porción de la sociedad tucumana. Fernández también cuestionó que se hable de falta de legitimidad en el triunfo del oficialismo tucumano, cuando los propios candidatos del Frente para la Victoria reconocen en público que deberán de ahora en más luchar contra ese fantasma. El verborrágico funcionario tampoco dijo que el bolsoneo existió, que el acarreo de votantes también y que la quema de votos, la violencia, el manipuleo de las papeletas en las urnas y las falencias en los controles de su traslado fueron hechos comprobados y que –mal que le pese- rodearon de dudas el proceso electoral.
Tampoco menciona que son los propios dirigentes oficialistas los que menosprecian y utilizan a los pobres manteniéndolos cautivos de sus intereses electorales. La amenaza del cese del contrato laboral público o de los planes sociales o de los “favores” que reciben de punteros diversos son el verdadero y profundo desprecio por los sectores sociales más vulnerables. ¿Sabrá Fernández que para el multitudinario acto de celebración de la victoria en el parque 9 de julio dirigentes del interior les pidieron a los “militantes” que acudieran “bien vestidos” al acto? ¿Ese es el peronismo de los pobres del que él habla? ¿Se avergüenza el peronismo de la humildad de la vestimenta de sus seguidores? ¿O querían mostrar que eran “otros” los que los habían votado? ¿Y, en todo caso, por qué necesitaban mostrar esa imagen? La puesta en escena del justicialismo fue vergonzosa, atizando la brasa de la violencia en la plaza Yrigoyen, por un lado, y utilizando a los “pobres” –que dicen defender- para bancar su discurso político por el otro.
La dupla Manzur-Jaldo camina hacia la asunción de sus cargos con esa mochila sobre sus espaldas. Saben que enfrentarán dificultades y que llegan con la misión de seducir a los miles que llenaron la plaza para hablar en su contra y a los que los increpan cuando caminan en la calle (para colmo, la ministra Beatriz Mirkin suma enojo: protagonizó ayer un escándalo, molesta porque tenía que hacer cola en el Banco del Tucumán, preocupada por la “exposición” entre otros tucumanos que estaban en la cola).
La yunta ganadora ya lanzó ese plan. Osvaldo Jaldo comenzó a lanzar mensajes conciliadores y a prometer pacificar la provincia en los primeros días de su gestión. Habla de sentarse a hablar hasta con sus más acérrimos detractores con esa finalidad.
Manzur también se mueve para formar un Gabinete que sea activo y de su máxima confianza. Los alperovichistas no formarían parte de ese pelotón. Los hermanos Yedlin ocuparían lugares clave y quienes supieron ser los escuderos del vicegobernador en la Legislatura estarían en puestos de fuste: el exitoso Juan Antonio Ruiz Olivares (su partido Acción Regional sumó intendentes, legisladores, concejales y delegados comunales electos por decenas), el hábil Roque Alvarez y el estratega Sisto Terán formarían un tridente ofensivo “barcelonesco” para Manzur. El “primo” Fernando Juri Debo también estaría cerca del gobernador electo.
Manzur, fiel a su estilo, todavía no muestra sus cartas. Habrá que ver si asume anunciando un cambio en la ley electoral, como se lo exigió hasta la Corte que le devolvió el triunfo, y si continúa apostando a la confrontación, como en Tribunales, o si despliega su eterna sonrisa hacia todos los sectores y reunifica el quebrado Tucumán de estos días.
Las palabras del jefe de Gabinete fueron, en realidad, parte de la estrategia del oficialismo nacional para atacar esa decisión del tribunal: buscaron instalar que lo que “la prensa y la oposición” querían, era impulsar la noción del voto calificado, idea que descalifica el sufragio de los sectores más vulnerables de la sociedad. Pero las palabras del candidato a gobernador por Buenos Aires son contradictorias. ¿De qué pobres habla el jefe de Gabinete, en un país donde prácticamente la pobreza no existe, según su propio gobierno? ¿Son, entonces, mayoría los pobres? ¿Son la mayoría que le dieron el triunfo a Manzur? ¿Cómo es eso posible, si la pobreza ni siquiera existe en los índices oficiales? Y aparecen otras preguntas. ¿Por qué distribuir bolsones con alimentos a los votantes si estos no los necesitan? ¿Por qué ofrecerles empleo o dinero a quienes crecieron laboralmente en la “década ganada”?
La estrategia nacional en torno de los comicios tucumanos fue violenta, divisoria y desafortunada. El fallo de la Corte Suprema señaló las falencias que exhibía el de la Cámara en lo Contencioso, pero las “abstracciones” que señaló la Sala 1 en un proceso electoral cuestionado aún revolotean y enojan a una porción de la sociedad tucumana. Fernández también cuestionó que se hable de falta de legitimidad en el triunfo del oficialismo tucumano, cuando los propios candidatos del Frente para la Victoria reconocen en público que deberán de ahora en más luchar contra ese fantasma. El verborrágico funcionario tampoco dijo que el bolsoneo existió, que el acarreo de votantes también y que la quema de votos, la violencia, el manipuleo de las papeletas en las urnas y las falencias en los controles de su traslado fueron hechos comprobados y que –mal que le pese- rodearon de dudas el proceso electoral.
Tampoco menciona que son los propios dirigentes oficialistas los que menosprecian y utilizan a los pobres manteniéndolos cautivos de sus intereses electorales. La amenaza del cese del contrato laboral público o de los planes sociales o de los “favores” que reciben de punteros diversos son el verdadero y profundo desprecio por los sectores sociales más vulnerables. ¿Sabrá Fernández que para el multitudinario acto de celebración de la victoria en el parque 9 de julio dirigentes del interior les pidieron a los “militantes” que acudieran “bien vestidos” al acto? ¿Ese es el peronismo de los pobres del que él habla? ¿Se avergüenza el peronismo de la humildad de la vestimenta de sus seguidores? ¿O querían mostrar que eran “otros” los que los habían votado? ¿Y, en todo caso, por qué necesitaban mostrar esa imagen? La puesta en escena del justicialismo fue vergonzosa, atizando la brasa de la violencia en la plaza Yrigoyen, por un lado, y utilizando a los “pobres” –que dicen defender- para bancar su discurso político por el otro.
La dupla Manzur-Jaldo camina hacia la asunción de sus cargos con esa mochila sobre sus espaldas. Saben que enfrentarán dificultades y que llegan con la misión de seducir a los miles que llenaron la plaza para hablar en su contra y a los que los increpan cuando caminan en la calle (para colmo, la ministra Beatriz Mirkin suma enojo: protagonizó ayer un escándalo, molesta porque tenía que hacer cola en el Banco del Tucumán, preocupada por la “exposición” entre otros tucumanos que estaban en la cola).
La yunta ganadora ya lanzó ese plan. Osvaldo Jaldo comenzó a lanzar mensajes conciliadores y a prometer pacificar la provincia en los primeros días de su gestión. Habla de sentarse a hablar hasta con sus más acérrimos detractores con esa finalidad.
Manzur también se mueve para formar un Gabinete que sea activo y de su máxima confianza. Los alperovichistas no formarían parte de ese pelotón. Los hermanos Yedlin ocuparían lugares clave y quienes supieron ser los escuderos del vicegobernador en la Legislatura estarían en puestos de fuste: el exitoso Juan Antonio Ruiz Olivares (su partido Acción Regional sumó intendentes, legisladores, concejales y delegados comunales electos por decenas), el hábil Roque Alvarez y el estratega Sisto Terán formarían un tridente ofensivo “barcelonesco” para Manzur. El “primo” Fernando Juri Debo también estaría cerca del gobernador electo.
Manzur, fiel a su estilo, todavía no muestra sus cartas. Habrá que ver si asume anunciando un cambio en la ley electoral, como se lo exigió hasta la Corte que le devolvió el triunfo, y si continúa apostando a la confrontación, como en Tribunales, o si despliega su eterna sonrisa hacia todos los sectores y reunifica el quebrado Tucumán de estos días.








