“LAS MONEDAS PRIVADAS”. Grupo de varias fichas que circularon por el campo tucumano. lLA GACEETA / ARCHIVO

SEBASTIÁN ROSSO / ARCHIVO LA GACETA
Son círculos de metal, en su mayoría de bronce, pero también son de otros metales, que van desde el zinc, al cobre y del estaño a la alpaca. Finalmente también se las hizo de plástico. La mayoría tiene el aspecto de fichas de algún juego, sólo algunas tienen pinta de una moneda corriente.
La mayoría están grabadas con inscripciones que varían desde el valor que representaban, hasta el nombre o las iniciales la empresa que las emitía. En pocos casos se presenta un dibujo en relieve del establecimiento.
Aunque no hay fechas precisas, a fines del siglo XIX comenzaron a circular, en el campo tucumano, monedas acuñadas por firmas privadas, cuyo valor estaba limitado a una serie de almacenes y despensas de campo. Se conocieron genéricamente como “fichas”. Muchos ingenios, fábricas y cooperativas pagaron sus raciones alimentarias y parte de sus salarios con estos valores. Estas fichas, con aspecto de monedas hoy son coleccionadas y estudiadas minuciosamente. Las últimas, habrían circulado promediando el siglo pasado. En especial este último dato es impreciso, puesto que se encuentran fichas en acrílico, de hace pocas décadas, de la Cooperativa Campo de Herrera. Tenían múltiples usos: podían valer como pago del día trabajado, como una ración alimentaria accesoria al sueldo del obrero, o como garantía, a contraentrega, del préstamo de herramientas de las fábricas.
Exonumia
El uso de fichas para control de materiales y para pago de servicios fue común en todo el continente, en toda Latinoamérica se conocieron como “fichas de Hacienda”.
Las estudia la Exonumia, como disciplina derivada de la Numismática, que se dedica a esos valores marginales de la economía: los vales, las fichas y los bonos. También las medallas y las monedas conmemorativas caen bajo su dominio. Edgardo Muela, es uno de sus cultores, y tal vez uno de los principales referentes locales en estas piezas. Tiene una colección envidiable y un método de acopio de igual talla.
Los métodos para conseguir su preciado material son muy laboriosos y por sobre todo sistemáticos. Viaja casi constantemente a la campaña en su búsqueda. A esto le suma un profundo conocimiento y un gran poder de observación, que le permite identificar y clasificar el material que llega a sus manos. Puede reconocer su procedencia, uso, fecha y, en el mejor de los casos, hasta quien la acuñó.
Con el mismo orgullo que muestra una rareza: una ficha de 100 (1 peso) del ingenio Lules; abre un gigantesco catálogo inglés de fichas, donde todavía no aparecen varias que él ya posee y aún no están oficialmente catalogadas. Las tiene redondas, cuadradas y lobuladas, grandes, medianas y pequeñas. Verdaderas y falsas.
A Edgardo no le gusta hablar de cuánto es capaz de pagar por fichas que le interesan. Tampoco se siente cómodo nombrando otros coleccionistas, aunque dice que hay dos o tres en Buenos Aires y Rosario que son los más destacados. Regularmente expone su colección.
Casos
Cuando conversamos con Edgardo, su pasión aparece como solitaria, cuando no secreta, pero nos aclara que, periódicamente, la comparte con otros coleccionistas en el Centro Numismático de Tucumán. El Centro, tiene además una página en internet donde se publicaron ya algunos artículos sobre estas piezas. De ellas extraemos unos pocos ejemplos de fichas que circulaban en almacenes y despensas del campo tucumano. Veamos:
El Aserradero Suizo-Argentino (la ficha del centro), de Serafín Antonietti. Estaba cerca del puesto Los Pérez, en Graneros. Se explotaba quebracho y algarrobo y se fabricaba parquet, que se enviaba a Córdoba y a Buenos Aires, por la Estación Taco Ralo o La Cocha. Según Muela, con las fichas se pagaba a los empleados, que podían canjearlas en varios almacenes, como el gran almacén de José Haimes, en Concepción, socio del aserradero.
El almacén La Florcita (a la izquierda del centro), de Bernardo Carrasco. Se trataba de varios almacenes en la zona de Cruz Alta y Ranchillos. Esta ficha con los bordes lobulados, circuló en la década de 1930.
La ficha de FN, ½ KC, San Pedro (arriba a la izquierda), esta ficha cuadrada podría haber pertenecido a la proveeduría del agricultor Francisco Nelegatti, en la zona de SanPedro, Departamento Cruz Alta. No tiene fecha, es de cobre y tiene el reverso completamente liso. Ficha de ración del ingenio Mercedes (las dos últimas, de abajo al centro y a la derecha), grabado en el anverso, en el círculo: “Ingenio Mercedes - Padilla Hermanos”, y en el centro: “Lules”. Del otro lado, en el reverso, especifica que vale por “1 kilo, 300 gramos de carne”. El grabador de estas fichas fue Bellagamba y Rossi, una acuñadora de Rosario, de las más importantes que hubo en el país. Según Darío Sánchez Abrego, en su blog “Exonumia y Numismática”, estas fichas sirvieron entre 1900 y 1904. Eran una ración para el “obrero de cañera”. Cobraban unos 30 pesos mensuales y una ración diaria de un kilo trescientos gramos de carne, la misma cantidad de maíz y 3 galletas; sal, café y, en el invierno, caña (la bebida alcohólica) a razón de 1 litro cada 10 obreros”.








