Fútbol, barrido y limpieza

La mayoría de los futbolistas tucumanos, como Núñez, Scimé y Porvén, necesitan trabajar para mantener a sus familias

CORRE EN LA CANCHA, CAMINA LA CALLE. Gabriel Núñez juega en el Federal B con Concepción FC.  CORRE EN LA CANCHA, CAMINA LA CALLE. Gabriel Núñez juega en el Federal B con Concepción FC.

GERARDO PORVÉN

VOLANTE OFENSIVO DE CENTRAL NORTE

A las 34 años, Gerardo “Johnny” Porvén sigue despuntando el vicio en su querido Central Norte. Sin embargo, el fútbol pasó a un segundo término en su vida. El deporte que tanto lo apasiona no le reporta económicamente lo necesario para mantener a su esposa Jésica Yanina Rivero y a su hijo Thiago Isaías (de 6 años). Una gestión de su suegra le permitió trabajar desde hace 4 años de barrendero en la Municipalidad de Tafí Viejo.

“Le agradezco a la vida que hoy puedo tener un trabajo estable. Eso me permite estar tranquilo. También tengo que agradecerle a los directivos de Central Norte que no pusieron trabas para que realice ambas tareas y a mis compañeros de trabajo que me ayudan cuando tengo que ir a jugar”, señaló el volante que desarrolla sus tareas en Lomas de Tafí.

A los amantes del buen fútbol le queda la sensación que, por la capacidad que mostró a lo largo de 15 años de Primera, Porvén estaba en condiciones de jugar en un nivel más destacado. “Sí… yo opino de la misma manera. Me hubiera gustado jugar por lo menos en uno de los dos grandes de la provincia, pero siempre para los técnicos tanto de San Martín como de Atlético las prioridades pasan por traer jugadores de Buenos Aires. Son las reglas de juego y las tengo que aceptar”, expresó casi resignado el actual goleador de Central Norte en el torneo liguista.

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NAHUEL SCIMÉ

VOLANTE DE MARCA DE SPORTIVO

Hace cinco años, cuando tenía 21 y todavía lo desvivía la idea ser futbolista profesional, Nahuel Nicolás Leonardo Scimé entendió que había llegado el momento de cambiar de planes por el bienestar de su familia. La vida le planteó un nuevo desafío: mantener a su esposa Maira Acevedo y a su hijo Isaías, que en ese momento venía en camino y ahora tiene cuatro años. En la empresa Transporte 9 de Julio le dieron la posibilidad de trabajar y arrancó siendo barrendero, actividad similar a la que desarrolla Roque Gabriel Núñez.

Hoy, a los 26 años, Scimé recuerda que esta determinación la tomó luego de ser declarado libre por San Martín. “Fue en 2010. Ese año me hicieron mi primer contrato en el club, pero seis meses después los directivos me comunicaron que el club no tenía plata para pagarme el sueldo. Me dieron el pase. Ya estaba casado y necesita trabajar para mantener a mi familia. Charlé con Gastón Iturrieta, que fue mi compañero en San Martín, y le pedí que me diera una mano para trabajar en la empresa donde su padre es gerente. Entré gracias a él. Nunca voy a terminar de agradecerle lo que hizo por mí”, señaló el hijo de Carlos Miguel “Bomba” Scimé, ex jugador de Atlético y San Martín.

El trabajo es agotador, pero lo hace con responsabilidad porque es su medio de vida. “ A esta altura, el fútbol pasó a ser un hobby. Le pongo la pasión de siempre, pero la prioridad es mi trabajo. Me crié jugando al fútbol y me moriré haciéndolo porque me hace feliz”, señaló el volante central.

Cuando le preguntamos cómo era un día común en su vida, Nahuel señaló: “De lunes a sábado trabajo de 6 a 13. Cuando barro en los barrios me encargo de la limpieza de 18 cuadras. Si lo hago en el centro son 21. Esto es así porque siempre en el centro se barre dos veces al día y en los barrios sólo una. Cuando vuelvo a casa, almuerzo y trato descansar un rato antes de ir a practicar. Los lunes y los martes son los días que uno más siente el esfuerzo por la cantidad de basura que se junta en las calles el fin de semana. Eso días, en Sportivo sólo hago reacondicionamiento físico para equilibrar las cargas”, explicó.

A pesar del golpe anímico que sufrió cuando quedó libre en San Martín, Nahuel no se da por vencido. “En la medida que pueda tener un buen rendimiento en Sportivo, posiblemente aparezca la posibilidad de jugar en una categoría superior. Los consejos de mi padre son fundamentales para no resignarme y trabajar día a día. Él me dice que debo estar preparado. Si esa chance llega tengo que estar a la altura de las circunstancias. Mi sueño es jugar en uno de los grandes de la provincia”, señaló.

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GABRIEL NÚÑEZ

DEFENSOR DE CONCEPCIÓN FC


Roque Gabriel Núñez, a los 33 años, mantiene latente su pasión por el fútbol. Esa que apareció durante su niñez, en los potreros de su querido San Andrés. Cuando comenzó a jugar en UTA su deseo fue trascender en este deporte. Transitó por varios clubes de nuestra provincia con esa eficacia que le permitió ganarse el respeto de propios y extraños.

Cuando decidió formar una familia con Gabriela, su pareja, y nacieron sus hijos, sabía que había llegado la hora de buscar un trabajo para que no les faltara lo esencial. Desde hace tres años cumple tareas en Transporte 9 de Julio. Primero lo hizo como recolector de basura en los camiones y actualmente barre las calles de la capital tucumana.

El trabajo lo desgasta físicamente, pero sus obligaciones familiares y su amor por el fútbol hacen que multiplique su esfuerzo para desarrollar ambas actividades. “Muchos días llego agotado a mi casa luego de barrer 18 cuadras entre la medianoche y las 6 de la mañana. Es un sacrificio enorme. Lo hago para poder entrenar y jugar. Hay un viejo dicho que reza: ‘sarna con gusto no pica’. Mientras pueda voy a ponerle el pecho a la situación”, explicó el lateral izquierdo de Concepción FC.

De la cancha al trabajo

“Un domingo que fuimos a jugar a Salta, regresamos a los 23.45 a Tucumán y a las 24 tomé servicio en San Lorenzo y San Luis, donde comienzo en cada noche mi tarea. El cansancio era tremendo pero no tenía otra alternativa”, recuerda Núñez, quien destaca la buena predisposición de los directivos de la empresa donde trabaja y de los “cuervos” sureños que no ponen trabas para que pueda desarrollar ambas actividades.

“Gaby” recuerda que cuando comenzó a trabajar tenía un turno nocturno de seis horas. Andaba en los camiones y recorría casi 300 cuadras. “Algunos días llegué agotado a mi casa por semejante trajín, pero saqué fuerzas de cualquier lado para cambiarme y trasladarme al sur para entrenar. Ahora salgo a barrer calles. Es un poco más liviano, pero trabajar de noche es algo que a la corta o a la larga termina perjudicándote. Pero es lo que hay y no me puedo quejar”, indicó el futbolista.

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