25 Agosto 2015 Seguir en 

Una vacuna basada en nanopartículas podría convertirse en la primera terapia preventiva de la enfermedad de Epstein-Barr, también llamada mononucleosis o, más coloquialmente, “enfermedad del beso”, ya que esa es su principal vía de contagio. Según un estudio publicado en la revista científica Cell, los investigadores se encuentran probando la vacuna en animales. De resultar positivo, podría marcar el final de una molesta enfermedad que afecta principalmente a los jóvenes y que, en los casos más severos, se vincula con ciertos cánceres de estómago y nasofaríngeos.
El virus de Epstein-Barr se identificó a mediados de la década del 60 y es uno de los virus humanos más comunes, ya que infecta a alrededor del 90% de las personas de todo el mundo en algún momento de sus vidas, según informa el sitio ABC Salud. Es un “pariente” del virus del herpes que causa llagas labiales o el herpes genital.
La “enfermedad del beso”, o mononucleosis, puede comenzar lentamente con fatiga, malestar general, dolor de cabeza y dolor de garganta. Este último empeora lentamente. Las amígdalas se inflaman y desarrollan una cubierta blanca amarillenta. Con frecuencia, los ganglios linfáticos del cuello se inflaman y se vuelven dolorosos. Muchas veces se acompaña de una erupción cutánea, según la información que difunde el Ministerio de Salud de Argentina. En la mayoría de los casos, sin embargo, no presenta síntomas.
La mononucleosis, que en el 90% de los casos es producida por el virus de Epstein-Barr, se transmite a través de la saliva tras contactos íntimos y prolongados. El contagio intrafamiliar es muy bajo y hasta el momento los tratamientos se basan exclusivamente en la atenuación de los síntomas.
El estudio publicado en la revista Cell advierte, sin embargo, que el virus del Epstein-Barr se asocia con casi 200.000 casos de cáncer al año en todo el mundo, incluyendo cánceres de estómago y nasofaríngeos, linfoma de Burkitt y de Hodgkin, y linfoma no Hodgkin. Actualmente, no hay una vacuna aprobada para proteger a las personas del virus de Epstein-Barr.
El virus de Epstein-Barr se identificó a mediados de la década del 60 y es uno de los virus humanos más comunes, ya que infecta a alrededor del 90% de las personas de todo el mundo en algún momento de sus vidas, según informa el sitio ABC Salud. Es un “pariente” del virus del herpes que causa llagas labiales o el herpes genital.
La “enfermedad del beso”, o mononucleosis, puede comenzar lentamente con fatiga, malestar general, dolor de cabeza y dolor de garganta. Este último empeora lentamente. Las amígdalas se inflaman y desarrollan una cubierta blanca amarillenta. Con frecuencia, los ganglios linfáticos del cuello se inflaman y se vuelven dolorosos. Muchas veces se acompaña de una erupción cutánea, según la información que difunde el Ministerio de Salud de Argentina. En la mayoría de los casos, sin embargo, no presenta síntomas.
La mononucleosis, que en el 90% de los casos es producida por el virus de Epstein-Barr, se transmite a través de la saliva tras contactos íntimos y prolongados. El contagio intrafamiliar es muy bajo y hasta el momento los tratamientos se basan exclusivamente en la atenuación de los síntomas.
El estudio publicado en la revista Cell advierte, sin embargo, que el virus del Epstein-Barr se asocia con casi 200.000 casos de cáncer al año en todo el mundo, incluyendo cánceres de estómago y nasofaríngeos, linfoma de Burkitt y de Hodgkin, y linfoma no Hodgkin. Actualmente, no hay una vacuna aprobada para proteger a las personas del virus de Epstein-Barr.







