El de ayer fue uno de esos días interminables en la Redacción. Uno sabe a qué hora entra, pero nunca a qué hora se irá. Poco antes de las 8, periodistas, fotógrafos y camarógrafos comenzaron a llegar y, de inmediato, a salir nuevamente a la calle para la cobertura electoral. La lluvia y el frío dejaron sus huellas en el equipo de LA GACETA: pies y abrigos empapados. La siesta -en la Redacción- sirvió para recargar energías entre sánguches de miga y gaseosas. Pero tras el breve receso, los pasillos fueron un hormiguero de periodistas apurados por diagramar, plasmar las historias conseguidas y aguardar, ansiosos e impacientes, la carga de los datos del escrutinio provisorio. Así, repentinamente, llegó la madrugada del lunes a LA GACETA.
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