ENFÁTICO. Cormillot asegura que no hay dietas milagrosas. la gaceta / foto de florencia zurita
10 Agosto 2015 Seguir en 

¿Qué es lo que nos hace engordar? “El sedentarismo. La idea de que para hacer gimnasia hay que ponerse una vincha de tennis, correr o hacer este nuevo ejercicio terrible, el crossfit”, dice sin vueltas Adrián Cormillot. Enumera varias otras razones, entre ellas, la equivocación de pensar que se baja de peso si se come poco o si se incorporan alimentos a los que no se está acostumbrado. “El que come zanahorias el lunes y el martes, tomates, el miércoles ya no quiere hacer dieta”, explica. La clave son las porciones que ordenan la alimentación y que hagan sustentable el cambio a largo plazo.
“Se hacen esas dietas como la ‘palio’ que te hacen bajar, pero después no las podés sostener porque nadie vive a frutos y carnes”, comenta. Así como nadie pierde muchos kilos en pocos días -indica- como se dice en los medios de comunicación.
El médico clínico especializado en enfermedades crónicas estuvo en Tucumán dando una charla en el “Curso de Educación terapéutica en enfermedades crónicas”, organizado por la Asociación de Clínicas y Sanatorios de Tucumán. Se trata de cuatro módulos una vez por mes, el próximo será el 4 de septiembre.
“Yo les digo que hay que tirar la comida. La gente la guarda porque está mal visto tirarla, cuando la realidad es que después la tirás por el inodoro pero antes dejó la calorías en tu cuerpo”, dice y reconoce que el mensaje cae mal, pero es efectivo. “Dos veces que tirás lo que te sobra, la próxima vas a cocinar menos”.
Otra pésima costumbre es el acopio. “Guardás comida y cuando estás angustiado vas y te comés ese alfajor. Si no lo hubieses tenido no te lo comías”, señala. Esa creencia de que hay que tener cosas guardadas en la alacena es lo que después atenta contra la salud. “En general, el argentino cree que comer mal es ingerir hidratos de carbono. Cuando no es la comida, sino cómo comés y estamos comiendo mal todo el tiempo todo tipo de comidas”.
Orgánicos y hormonas
Además de cantidades y hábitos, hoy se sabe que muchas enfermedades son producto de la alimentación. ¿Los argentinos conocemos la calidad de lo que comemos? Un debate que comienza con los alimentos con residuos de pesticidas, los pollos con hormonas y antibióticos o los transgénicos.
“Se le vende a la gente que las fumigaciones matan gente. Y es verdad, pero mata al banderillero al que rocían con veneno desde una avioneta o a los que viven cerca de un cultivo, pero el que come en Tucumán no tiene problemas de salud por eso”, opina. Desde su óptica un sistema productivo que prescinda de los agroquímicos es imposible y, en todo caso, el gobierno debe controlar. “Si dependés de productos orgánicos no podés abastecer a la población, ni siquiera a la clase media rica porque son muy caros”, añade, siguiendo la línea de opiniones sin medias tintas. “La gente prefiere creer que el agrotóxico hace mal para seguir comiendo salchichas”.
En cuanto a los pollos, Cormillot opina que las hormonas y los antibióticos son esenciales para no privar a las clases medias y bajas del acceso a ese alimento. “¿Son más grandes por las hormonas? Sí, ¿y? Eso no le hace mal al ser humano. Si no les ponen antibióticos habría un 30% de la producción actual y se alejaría a la población de las proteínas”. A esta altura Cormillot hace un paréntesis para referirse a publicaciones de periodistas que mezclan los sistemas de producción con la salubridad de los alimentos. “No tienen idea y mienten”, indica. La misma mentira que, según él, se ha incorporado sobre los transgénicos y sus posibles efectos negativos en la salud. “Piensan que porque te comés un alimento con un gen alterado se va a modificar nuestra configuración genética. Viajás fuera del país y nadie cuestiona los transgénicos ni la leche. Eso es de un grupo selecto de periodistas”, insiste. En su verborragia sin filtros, quizás por el entrenamiento que le dio la televisión, Cormillot aclara que no tiene posturas sobre el tema, pero que considera que los “orgánicos” son “gente sin fundamentos”.
“Se hacen esas dietas como la ‘palio’ que te hacen bajar, pero después no las podés sostener porque nadie vive a frutos y carnes”, comenta. Así como nadie pierde muchos kilos en pocos días -indica- como se dice en los medios de comunicación.
El médico clínico especializado en enfermedades crónicas estuvo en Tucumán dando una charla en el “Curso de Educación terapéutica en enfermedades crónicas”, organizado por la Asociación de Clínicas y Sanatorios de Tucumán. Se trata de cuatro módulos una vez por mes, el próximo será el 4 de septiembre.
“Yo les digo que hay que tirar la comida. La gente la guarda porque está mal visto tirarla, cuando la realidad es que después la tirás por el inodoro pero antes dejó la calorías en tu cuerpo”, dice y reconoce que el mensaje cae mal, pero es efectivo. “Dos veces que tirás lo que te sobra, la próxima vas a cocinar menos”.
Otra pésima costumbre es el acopio. “Guardás comida y cuando estás angustiado vas y te comés ese alfajor. Si no lo hubieses tenido no te lo comías”, señala. Esa creencia de que hay que tener cosas guardadas en la alacena es lo que después atenta contra la salud. “En general, el argentino cree que comer mal es ingerir hidratos de carbono. Cuando no es la comida, sino cómo comés y estamos comiendo mal todo el tiempo todo tipo de comidas”.
Orgánicos y hormonas
Además de cantidades y hábitos, hoy se sabe que muchas enfermedades son producto de la alimentación. ¿Los argentinos conocemos la calidad de lo que comemos? Un debate que comienza con los alimentos con residuos de pesticidas, los pollos con hormonas y antibióticos o los transgénicos.
“Se le vende a la gente que las fumigaciones matan gente. Y es verdad, pero mata al banderillero al que rocían con veneno desde una avioneta o a los que viven cerca de un cultivo, pero el que come en Tucumán no tiene problemas de salud por eso”, opina. Desde su óptica un sistema productivo que prescinda de los agroquímicos es imposible y, en todo caso, el gobierno debe controlar. “Si dependés de productos orgánicos no podés abastecer a la población, ni siquiera a la clase media rica porque son muy caros”, añade, siguiendo la línea de opiniones sin medias tintas. “La gente prefiere creer que el agrotóxico hace mal para seguir comiendo salchichas”.
En cuanto a los pollos, Cormillot opina que las hormonas y los antibióticos son esenciales para no privar a las clases medias y bajas del acceso a ese alimento. “¿Son más grandes por las hormonas? Sí, ¿y? Eso no le hace mal al ser humano. Si no les ponen antibióticos habría un 30% de la producción actual y se alejaría a la población de las proteínas”. A esta altura Cormillot hace un paréntesis para referirse a publicaciones de periodistas que mezclan los sistemas de producción con la salubridad de los alimentos. “No tienen idea y mienten”, indica. La misma mentira que, según él, se ha incorporado sobre los transgénicos y sus posibles efectos negativos en la salud. “Piensan que porque te comés un alimento con un gen alterado se va a modificar nuestra configuración genética. Viajás fuera del país y nadie cuestiona los transgénicos ni la leche. Eso es de un grupo selecto de periodistas”, insiste. En su verborragia sin filtros, quizás por el entrenamiento que le dio la televisión, Cormillot aclara que no tiene posturas sobre el tema, pero que considera que los “orgánicos” son “gente sin fundamentos”.






