“Los cambios -suele decir Marcelo Bielsa- se hacen en la victoria, no en la derrota”. Forzado o no, Marcelo Gallardo, que este martes buscará un nuevo título internacional con River, tuvo que cambiar varias veces en su todavía breve pero cada vez más intensa experiencia como DT “millonario”. Muchas veces, es cierto, cambió por ventas o lesiones de jugadores claves. Pero muchas otras fue también por decisión propia. Algunos fueron cambios sorpresivos para afuera, no para él, conocedor no sólo de sus jugadores, sino también del rival. El éxito, que es deformante, según el diccionario de Bielsa, seguramente ayudó al buen clima interno con el que el plantel de River asimiló estos cambios. Pero, más allá de los resultados, se advirtió también un acatamiento convencido de los jugadores. Confiados, esta es la palabra, en su liderazgo. Un liderazgo que, como pide Bielsa, se animó a cambiar en medio del éxito.
Apenas horas antes de la coronación del miércoles pasado en el Monumental (River jugó un pobrísimo primer tiempo, pero ganó bien y fue justo campeón de la Libertadores), dos nombres propios poderosos del deporte argentino daban una conferencia sobre liderazgo en la otra punta de Buenos Aires. A veces, hay que decirlo, las conferencias sobre liderazgo de ídolos deportivos exitosos caen en lugares comunes. Su único punto de atracción es escuchar al ídolo de turno contando anécdotas. Pero el micrófono puede resultarles más difícil que la pelota. Y una platea de 500 personas más intimidante que una cancha colmada por 80.000 espectadores. No fue el caso de Jorge Valdano, que lleva años jugando con las palabras, y de Emanuel Ginóbili, que jamás tuvo dificultades para decir quién es y dónde está. Brillaron el miércoles pasado en La Usina del Arte, en La Boca, en la conferencia anunciada con título mitad en inglés, mitad en castellano: “Be a team. Motivación, talento y liderazgo”. Fue gente del deporte como Martín Palermo, Julio Lamas, Juan Simón, Emiliano Papa, Diego Rodríguez, Miguel Caneo, Eduardo Domínguez, Juan Manuel Herbella y el periodista Norberto “Ruso” Verea, entre otros. Pero la mayor parte del público eran invitados VIP, gente vinculada al mundo de las empresas.
Cuando el conductor, el colega Juan Pablo Varsky, preguntó especialmente en el último segmento sobre eventuales paralelismos del liderazgo entre los mundos del deporte y de la empresa, Valdano y Ginóbili confirmaron su habilidad para evitar atajos y comparaciones simplistas y siempre respondieron sobre el juego. Valdano fue el primero. Ya cuando jugaba, se expresaba de modo elegante y preciso. Si alguna entrevista salía mal la responsabilidad era del periodista, no de él. Escribió libros y aún sigue escribiendo artículos brillantes. Leamos, sino, esto que escribió semanas atrás sobre la partida de Iker Casillas de Real Madrid: “se fue en medio de una frialdad institucional que hizo temblar los cimientos del club… expuesto a la vista de todos, un héroe desamparado… Nadie (del club) al lado para rendirle honores, para hacerle compañía, para alcanzarle un pañuelo, para demostrarle al mundo que existe un club agradecido que sabe decirle adiós a sus mitos. La imagen de Casillas se fortalecía en cada lágrima que derramaba; al mismo tiempo la imagen del Madrid se debilitaba por esa sensación de abandono que daba el hijo pródigo”.
Valdano contó en La Usina cómo descubrió a Raúl siendo DT de Real Madrid, el gol insólito que falló debajo del arco contra Bélgica en el Mundial ‘86, su revancha en la final contra Alemania, que Carlos Bilardo los mandaba a mirar a la gente que entraba y salía del subte y la pasión que guía a Pep Guardiola. Credibilidad, pasión, esperanza, estilo, palabra, curiosidad, simplicidad, talento, vestuario, humildad, éxito. Y algunas definiciones de lujo: “el ego no nos cuenta la verdad. La humildad sí. La humildad hace campeones. La vanidad no”. O estas otras: “El talento necesita libertad. Pero no todos deben tener la misma libertad. A más talento corresponde más libertad. A menos talento, menos libertad”, y “no hay que confundir la simplicidad con el facilismo. La simplicidad es muy compleja”. Cierro con estas dos porque las vinculo con el River de Gallardo: 1) “me gusta entender el fútbol como un territorio emocional”; 2) “lo único que de verdad importa es el estilo. No es que sea más importante que ganar, pero está antes. El estilo es un refugio. Si uno pierde tres partidos seguidos y no tiene un estilo, después viene la nada. Si uno tiene un estilo, después de perder tres partidos uno tiene donde refugiarse”. El River de Gallardo acaso todavía lucha por definir ese estilo, audaz cuando juega, guerrero cuando pelea. La última frase que elijo de Valdano sirve acaso para darle pie a Ginóbili: “al hombre apasionado no le asustan los lugares secundarios”. Lo digo porque, en una entrevista previa a “La Nación”, Manu dio una clase sobre el deportista estrella que cede la posta a los más jóvenes, pero sabiendo que, desde un nuevo rol, todavía tiene mucho que darle a su equipo.
En lugar de repasar tantas horas gloriosas, Ginóbili eligió destacar un momento difícil: la derrota de los Spurs en la final con Miami de la NBA 2013. De qué modo influyó eso para que el equipo fuera una máquina y diera un recital de juego colectivo cuando ganó el título al año siguiente. Nadie describió mejor lo que hizo aquel equipo que el español Juanma López Iturriaga, firma de excelencia en el básquetbol mundial. Esos Spurs, contó el analista, ganaron “dejando casi todos los adjetivos pequeños e incompletos a la hora de explicar una forma de jugar un baloncesto casi contracultural, ahora que parece que todo se debe mover alrededor de las estrellas. Ha sido una maravillosa lección de un equipo que ha llevado hasta sus últimas consecuencias su mentalidad colectiva. ‘Soy el resultado del movimiento de pelota del equipo’, dijo Danny Green. ¡Que gran resumen conceptual!”. El secreto de aquellos Spurs, siguió López Iturriaga, no fue “únicamente una acumulación de talento, sino la forma que este talento se relacionó y conexionó”. El español cerró afirmando que, en medio tanta exaltación al héroe individual, no está mal para el deporte de equipo que “de vez en cuanto se produzcan casos como el de San Antonio”.
“Liderazgo -había dicho primero Valdano- es la capacidad de resistencia a la frustración”. Ginóbili, que al día siguiente dio una breve charla al plantel de Boca, que ve en estas horas cómo celebra River lo que pudo haber sido suyo, coincidió luego con Valdano. Contó el momento en el que el deportista advierte que “ya no sos el mismo de antes. Yo no estaba listo para ser otro”, confesó “Manu”, que habló entonces de “presión sicológica”, “dolor” y “comentarios de la gente”. Y de cómo se rehizo para ganar al año siguiente.
En la entrevista previa con “La Nación”, a los 38 años y a poco de iniciar su última temporada en la NBA, Ginóbili habló de una “natural decadencia”, de que sigue siendo importante “en el armado y en la unión” del equipo, “pero no tanto en el juego”. Lo dice, con total naturalidad, el Ginóbili que ha ingresado en la galería de los cinco o seis deportistas más grandes que ha dado la Argentina. El mismo Ginóbili que cuenta que “hay derrotas que te hieren tanto que te hacen dar lo mejor en la próxima, porque -afirma- no querés permitir que el azar sea un factor”. En eso trabaja hoy Gallardo. Y tiene apenas 39 años.
Apenas horas antes de la coronación del miércoles pasado en el Monumental (River jugó un pobrísimo primer tiempo, pero ganó bien y fue justo campeón de la Libertadores), dos nombres propios poderosos del deporte argentino daban una conferencia sobre liderazgo en la otra punta de Buenos Aires. A veces, hay que decirlo, las conferencias sobre liderazgo de ídolos deportivos exitosos caen en lugares comunes. Su único punto de atracción es escuchar al ídolo de turno contando anécdotas. Pero el micrófono puede resultarles más difícil que la pelota. Y una platea de 500 personas más intimidante que una cancha colmada por 80.000 espectadores. No fue el caso de Jorge Valdano, que lleva años jugando con las palabras, y de Emanuel Ginóbili, que jamás tuvo dificultades para decir quién es y dónde está. Brillaron el miércoles pasado en La Usina del Arte, en La Boca, en la conferencia anunciada con título mitad en inglés, mitad en castellano: “Be a team. Motivación, talento y liderazgo”. Fue gente del deporte como Martín Palermo, Julio Lamas, Juan Simón, Emiliano Papa, Diego Rodríguez, Miguel Caneo, Eduardo Domínguez, Juan Manuel Herbella y el periodista Norberto “Ruso” Verea, entre otros. Pero la mayor parte del público eran invitados VIP, gente vinculada al mundo de las empresas.
Cuando el conductor, el colega Juan Pablo Varsky, preguntó especialmente en el último segmento sobre eventuales paralelismos del liderazgo entre los mundos del deporte y de la empresa, Valdano y Ginóbili confirmaron su habilidad para evitar atajos y comparaciones simplistas y siempre respondieron sobre el juego. Valdano fue el primero. Ya cuando jugaba, se expresaba de modo elegante y preciso. Si alguna entrevista salía mal la responsabilidad era del periodista, no de él. Escribió libros y aún sigue escribiendo artículos brillantes. Leamos, sino, esto que escribió semanas atrás sobre la partida de Iker Casillas de Real Madrid: “se fue en medio de una frialdad institucional que hizo temblar los cimientos del club… expuesto a la vista de todos, un héroe desamparado… Nadie (del club) al lado para rendirle honores, para hacerle compañía, para alcanzarle un pañuelo, para demostrarle al mundo que existe un club agradecido que sabe decirle adiós a sus mitos. La imagen de Casillas se fortalecía en cada lágrima que derramaba; al mismo tiempo la imagen del Madrid se debilitaba por esa sensación de abandono que daba el hijo pródigo”.
Valdano contó en La Usina cómo descubrió a Raúl siendo DT de Real Madrid, el gol insólito que falló debajo del arco contra Bélgica en el Mundial ‘86, su revancha en la final contra Alemania, que Carlos Bilardo los mandaba a mirar a la gente que entraba y salía del subte y la pasión que guía a Pep Guardiola. Credibilidad, pasión, esperanza, estilo, palabra, curiosidad, simplicidad, talento, vestuario, humildad, éxito. Y algunas definiciones de lujo: “el ego no nos cuenta la verdad. La humildad sí. La humildad hace campeones. La vanidad no”. O estas otras: “El talento necesita libertad. Pero no todos deben tener la misma libertad. A más talento corresponde más libertad. A menos talento, menos libertad”, y “no hay que confundir la simplicidad con el facilismo. La simplicidad es muy compleja”. Cierro con estas dos porque las vinculo con el River de Gallardo: 1) “me gusta entender el fútbol como un territorio emocional”; 2) “lo único que de verdad importa es el estilo. No es que sea más importante que ganar, pero está antes. El estilo es un refugio. Si uno pierde tres partidos seguidos y no tiene un estilo, después viene la nada. Si uno tiene un estilo, después de perder tres partidos uno tiene donde refugiarse”. El River de Gallardo acaso todavía lucha por definir ese estilo, audaz cuando juega, guerrero cuando pelea. La última frase que elijo de Valdano sirve acaso para darle pie a Ginóbili: “al hombre apasionado no le asustan los lugares secundarios”. Lo digo porque, en una entrevista previa a “La Nación”, Manu dio una clase sobre el deportista estrella que cede la posta a los más jóvenes, pero sabiendo que, desde un nuevo rol, todavía tiene mucho que darle a su equipo.
En lugar de repasar tantas horas gloriosas, Ginóbili eligió destacar un momento difícil: la derrota de los Spurs en la final con Miami de la NBA 2013. De qué modo influyó eso para que el equipo fuera una máquina y diera un recital de juego colectivo cuando ganó el título al año siguiente. Nadie describió mejor lo que hizo aquel equipo que el español Juanma López Iturriaga, firma de excelencia en el básquetbol mundial. Esos Spurs, contó el analista, ganaron “dejando casi todos los adjetivos pequeños e incompletos a la hora de explicar una forma de jugar un baloncesto casi contracultural, ahora que parece que todo se debe mover alrededor de las estrellas. Ha sido una maravillosa lección de un equipo que ha llevado hasta sus últimas consecuencias su mentalidad colectiva. ‘Soy el resultado del movimiento de pelota del equipo’, dijo Danny Green. ¡Que gran resumen conceptual!”. El secreto de aquellos Spurs, siguió López Iturriaga, no fue “únicamente una acumulación de talento, sino la forma que este talento se relacionó y conexionó”. El español cerró afirmando que, en medio tanta exaltación al héroe individual, no está mal para el deporte de equipo que “de vez en cuanto se produzcan casos como el de San Antonio”.
“Liderazgo -había dicho primero Valdano- es la capacidad de resistencia a la frustración”. Ginóbili, que al día siguiente dio una breve charla al plantel de Boca, que ve en estas horas cómo celebra River lo que pudo haber sido suyo, coincidió luego con Valdano. Contó el momento en el que el deportista advierte que “ya no sos el mismo de antes. Yo no estaba listo para ser otro”, confesó “Manu”, que habló entonces de “presión sicológica”, “dolor” y “comentarios de la gente”. Y de cómo se rehizo para ganar al año siguiente.
En la entrevista previa con “La Nación”, a los 38 años y a poco de iniciar su última temporada en la NBA, Ginóbili habló de una “natural decadencia”, de que sigue siendo importante “en el armado y en la unión” del equipo, “pero no tanto en el juego”. Lo dice, con total naturalidad, el Ginóbili que ha ingresado en la galería de los cinco o seis deportistas más grandes que ha dado la Argentina. El mismo Ginóbili que cuenta que “hay derrotas que te hieren tanto que te hacen dar lo mejor en la próxima, porque -afirma- no querés permitir que el azar sea un factor”. En eso trabaja hoy Gallardo. Y tiene apenas 39 años.
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