Una fiesta con poca algarabía

Llegan las PASO en un estado de confusión de los electores. Una gran mayoría no tiene claro qué tiene que votar hoy. Mientras se consolida el derecho de elegir, se diluye la confianza en las instituciones y en la ley.

Elegir es uno de los actos de libertad más lindos que nos ofrece la vida. El ciudadano se interroga a sí mismo y responde con su voto. Todo lo demás es paisaje. Están él y sus deseos y sus ilusiones y sus verdades. En la Argentina se han inventado estas Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias que vinieron para motivar aún más a aquel elector que por no estar afiliado a algún partido no intervenía en la definición de los candidatos. A fines del siglo pasado los partidos hacían lo que querían y ponían al postulante de acuerdo con la discusión de no más de 10 dirigentes. Entonces, aparecieron las PASO, cuya intención fue que aquellos pobladores que no tenían afiliación a partido alguno también pudieran decidir y por lo tanto “opinar” sobre las candidaturas. Era un paso más en esta democracia adolescente que vivimos.

Sin embargo, las PASO no consiguieron evitar las crisis de identidad que tienen los partidos políticos argentinos; y mucho menos podían ser el cemento que consolidara la base de partidos que se derrumban inexorablemente.

Las PASO que habían nacido como una bocanada de oxígeno se ahogan en un ambiente viciado debido a la falta de espíritu democrático de los propios candidatos y de las estructuras (es difícil llamarles partidos, salvo una pequeñísima minoría) que no han querido saber qué quiere el ciudadano ni tienen la más mínima intención de que sea el mismísimo elector el que elija, vaya paradoja.

La propia presidenta de la Nación se ha preocupado por evitar su interna. Primero fueron más de cinco los que se proponían para sucederla. Después pidió que fueran menos y quedaron dos; y finalmente terminó siendo uno solo el candidato y, por lo tanto, las primarias perdieron su sentido.

Las internas no son un gasto, ni un problema; son necesarias para el ejercicio de la democracia y para robustecer a los candidatos. Pero ocurre que al peronismo –que prácticamente siempre gobierna- le cuesta afrontar esa instancia. La última interna fue en 1989, cuando Antonio Cafiero era el candidato seguro e indiscutible del PJ y le apareció un riojanito presumido que con el apoyo del interior terminó ganando sin muchos discursos y con multitudinarias “ñoqueadas”. Así llegó a presidente Carlos Menem. Después, nunca más pudieron dirimir sus intereses en internas.

Interpretaciones

En Tucumán hoy nadie dará un mal PASO. No hay internas. Por eso ni siquiera hubo cierre de campañas. Estas Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias serán simplemente la mejor encuesta. Serán útiles para saber cuál es el humor de los ciudadanos y qué piensan de aquellos que se presentaron como posibles candidatos. Este gran sondeo arbitrado y manejado por el Estado servirá para una doble interpretación en Tucumán. Por un lado, se utilizará para especular con lo que queda de campaña hasta el 23 del corriente, domingo en que se elegirán gobernador, intendentes, legisladores, concejales y delegados comunales. Por el otro lado, permitirá especular cuánta fuerza tienen y tendrán los que quieren ser presidente de la Nación.

Hasta hace siete días, la gran mayoría de los tucumanos no tenía la menor idea de qué se iba a votar hoy. Las calles promovían candidaturas que no estaban en juego el 9 sino el 23 y por lo tanto las postulaciones de estas PASO quedaron en un segundo plano, con la connivencia de políticos y de la prensa que tenían la cabeza y la mirada puestas sólo en los comicios provinciales. Esta semana, tanto ciudadanos comunes como políticos les prestaron atención a las PASO, tanto que se abrió una estéril discusión entre opositores y oficialistas sobre si eran o no importantes estos comicios. Claro que lo son y siempre serán fundamentales los actos de elegir. Ocurre que están en juego dos estrategias muy diferentes: por un lado el oficialismo que considera central la elección de hoy porque empujará y mostrará el potencial de votos que tiene para la elección provincial del 23. Por el otro está la oposición más fuerte que intenta restarles importancia a estos comicios con la intención de minimizar cualquier efecto negativo y, por lo tanto, mantener la expectativa electoral próxima.

Devaluación

Los tucumanos llegan hoy a las urnas con las PASO devaluadas porque los intereses de los principales actores son otros. Además, han hecho todos los esfuerzos para que sean muy pocas las internas que se diriman hoy. Por eso, una gran masa de ciudadanos no sabe qué se vota y nadie se preocupa mucho porque, al fin y al cabo, la elección definitoria será en octubre.

No llaman la atención estos hechos porque al perder valor los partidos, las pasiones políticas se diluyen y por lo tanto lo que queda es un interés por no perder el cargo, un empleo o el subsidio. Todo deriva además en la desaparición de los líderes que terminan convertidos en títeres de consultoras que recomiendan hacer lo que conviene y no lo que se piensa o siente.

Encuesta perfecta

No obstante la devaluación de los valores políticos, los comicios de hoy van a ser una encuesta perfecta para las elecciones provinciales del 23 próximo. En la Casa de Gobierno tienen mucha expectativa sobre el porcentaje de votantes que sacará el titular del Poder Ejecutivo. Especulan con que el respaldo que él consiga se trasladaría, en igual cantidad, al voto para gobernador. “Es difícil que alguien cambie de parecer en dos semanas, y en decisiones como estas”, sostienen los “sijosesistas”. En la principal fuerza de la oposición también piensan que ese porcentaje insuflará fuerzas extra para dirimir el poder tucumano. Pero advierten que si, eventualmente, las cifras dan una diferencia muy alta en favor del oficialismo, los fantasmas de una derrota pueden corporizarse.

Si bien las elucubraciones siempre se hacen en función de la postulación a gobernador, hay candidatos a intendentes en el interior que ansían la llegada de los guarismos finales de mañana. Para ellos, esos números son fundamentales para desmitificar (o ratificar) el poder de algunos aparatos. Yerba Buena y Concepción son dos ejemplos de esa realidad.

Droga, alcohol e inacción

En la semana previa al trascendente y fundamental momento de decidir, Chano, del popular grupo Tan Biónica, provocó un choque múltiple por conducir drogado y alcoholizado. Los chicos porteños se quedaron sin recitales y con un ídolo maltrecho. El cantante recibió una feroz golpiza por parte de los vecinos, que lo patotearon después del incidente. Nada de esto sorprende ni es nuevo porque nuestra sociedad se ha acostumbrado a la droga, al “hacer justicia por mano propia” y también a que los ídolos tengan pies de barro que se disuelven con estupefacientes.

También durante la semana se puso en duda la conducta de un precandidato a gobernador cuando se denunciaron supuestos vínculos del jefe de Gabinete Aníbal Fernández con el narcotráfico. Las reacciones fueron descalificar a los denunciantes, pero no esclarecer los hechos. Es que estamos acostumbrados a que los hombres públicos estén enredados en acusaciones y que su esclarecimiento ocurra cuando la vejez los hace impunes o simplemente cuando ya no están. También hubo una candidata nacional que recibió como regalo tres balas y una amenaza supuestamente del narcotráfico. Las cuestiones de la droga y de sus entornos letales no figuran entre las preocupaciones centrales de la sociedad y por lo tanto no es el tema principal de los candidatos. Sin embargo, la muerte y el miedo dan vueltas por los barrios tucumanos. En estos años de democracia, los ciudadanos hemos incorporado el derecho y la costumbre y la felicidad de elegir, pero aún es una materia pendiente el respeto por las instituciones y la certeza de que ante la violación de la ley puede haber un castigo.

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