El estilo tradicional gana terreno

La liga profesional de Estados Unidos busca crecer con futbolistas que llegan en el anochecer de sus carreras.

El estilo tradicional gana terreno
Por Mariana Segura 09 Agosto 2015
La Major League Soccer de Estados Unidos es la liga Benjamin Button del fútbol, esa que comienza a dar sus primeros grandes pasos con “jugadores en bastón”, que se incorporan sólo cuando ya cargan bajo el brazo un expediente repleto de señales. Claro que los que más ruido hacen son aquellos en cuyos currículos destellan los títulos y trofeos más codiciados del fútbol europeo, donde brillaron en la plenitud de la edad futbolística.

Este curioso caso que viene a ser la MLS, que desde diciembre de 1993 (año en que se creó para recién en 1996 iniciar su primera temporada) pelea por abrirse camino en los dominios del baseball y de la NBA, es el destino final de Kaká y Andrea Pirlo, y supo ser los remates de David Beckham, cuando dejó de ser un galáctico de Real Madrid o de Guillermo Barros Schelotto, cuando le dijo adiós a Boca. Ambos se retiraron en otro lado -el inglés en PSG y el “Melli” en su Gimnasia LP natal- pero pasaron por Los Ángeles Galaxy y Colombus Crew cuando ya sabían que “estaban de vuelta”.

De hecho, la contratación del “Spice Boy” disparó un punto clave en los estatutos de la MLS: la ley del Jugador Franquicia, o claro, Ley Beckham, que le permite a cada uno de los clubes contar entre sus filas con hasta tres de estos hombres, liberando a la Liga de pagar cierto monto por cada uno de ellos. Es que, a diferencia del resto del mundo, aquí las transferencias y contratos no corren por cuenta de los clubes sino por la misma Liga, que reparte a las instituciones los mismos salarios que ellas deberán distribuir entre sus jugadores.

Es el detalle en la reglamentación el que permite fichar a estos jugadores, los que estarán excluidos del tope salarial del equipo, fogueando así la característica que pone a la MLS en boca de todos: justamente que los clubes puedan incorporar a los astros internacionales, aunque no lleguen en su apogeo.

El caso de New York City, para esta temporada, es el ejemplo más claro: sumó a Pirlo (36 años) y al inglés Frank Lampard (37) cuando ya tenía en su plantilla al español David Villa (33). Los Ángeles Galaxy tiene entre sus filas a Steven Gerrard (35) y al eterno Robbie Keane (35) mientras que el Orlando City se fijó en los servicios de Kaká, que tiene 33 años. Es por eso que, quizás, la MLS sea el niño mimado del fútbol. El que se queda con los chiches fabricados en cualquier otra parte del mundo, a los que no les exige mucho más que posar para las fotos para darles una última vuelta de cuerda, hasta que los botines se cuelguen de manera definitiva.

Al fin y al cabo, la MLS es un lugar de paso porque raramente estas estrellas se quedan en Estados Unidos. Luego del boom norteamericano, vuelven a sus tierras y algunos hasta deciden probar suerte de saco y corbata, mandando en equipos con pretensiones más fuertes. Sobre todo se alejan en busca de realidades más fieles a la esencia del fútbol: ese potrero que hasta ahora no sobra en tierras del “Tío Sam”.

Así como en la NBA, la MLS se divide en dos: la temporada regular, con 20 equipos divididos en dos conferencias (Este y Oeste) y los playoffs por la Copa MLS, que define al campeón. Sin embargo, desde la creación de la Liga hasta acá, los intentos por aplicar las reglas más comunes del fútbol fueron dejando en el camino a los locos “inventos yankis”.

Lenta transformación

En un principio, hasta 1999, la MLS contaba los 90 minutos para atrás y el partido se acababa cuando el reloj marcaba cero. La definición por Shoot-Out o muerte súbita en caso de empate, por la cual un jugador recibía la bocha a 35 metros del arco y tenía cinco segundos para anotar, existió hasta en un comienzo para luego darle lugar a los típicos penales.

Sucede que la idea de “norteamericanizar” la Liga no sirvió para aumentar el público, principal objetivo para la cual se aplicaba. Todo lo contrario. La realidad les demostró a los organizadores que cuanto más parecido a los orígenes del fútbol se jugaba, mayor era el atractivo para los espectadores. Y claro, el que pretendía ver deportes con la chispa norteamericana, no elegía el fútbol.

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