La yunga tucumana se instaló debajo del puente Central Córdoba

Con vegetación natural y artificial revalorizaron un sector problemático. Los vecinos piden obras para evitar las inundaciones.

COLORIDO. De día, el color verde de las hojas de “costilla de Adán” alegra el paso debajo del puente; de noche, la luz toma el protagonismo. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ COLORIDO. De día, el color verde de las hojas de “costilla de Adán” alegra el paso debajo del puente; de noche, la luz toma el protagonismo. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ
15 Julio 2015

Es imposible que la intervención debajo del puente Central Córdoba, en 24 de Septiembre y Marco Avellaneda, pase desapercibida. Hay luz, hay color, hay limpieza y hay vegetación -natural y artificial- que le han dado una nueva cara a un sector que a veces dan ganas de esquivar, sobre todo si se lo transita caminando. Y el cambio, principalmente las chapas caladas que simulan las hojas de la planta “costilla de Adán”, se lleva tantos elogios como críticas.

Entre las premisas que marcó la Municipalidad para la revalorización la zona, figuran la necesidad de desalentar las pegatinas en los dos muros que soportan al puente ferroviario.

“Lo que se buscó es que el lugar tuviera una intervención más permanente, en contraste con las prácticas informales como el grafiti y las pegatinas, que están en constante cambio. Por eso se usó ese revestimiento de hormigón con forma de chapa ondulada donde se dejaron los calados con formas de hoja”, explica Marcelo Beccari, arquitecto de la Dirección de Planificación Urbanística Ambiental, que estuvo a cargo del proyecto.

¿Por qué hojas? ¿Por qué esas hojas que aluden a la yunga tucumana? “Ese lugar es muy particular porque está casi a mitad de camino entre el río (el Salí) y la montaña, justo sobre la avenida que te lleva al cerro. En la ciudad hemos perdido cualquier relación con la naturaleza más autóctona. Si no te vas al Instituto Miguel Lillo, la vegetación de parques y plazas no es autóctona. Entonces era una buena oportunidad para trabajar con eso”, describe Beccari.

A las hojas artificiales, retroiluminadas de noche, se le sumaron especies naturales como potus, helechos, monsteras (“costilla de Adán) y “santa Rita”), proyectando que en un futuro se apoderen de las chapas y del hormigón formando una cortina vegetal natural.

Además, el puente fue pintado de color morado y se instalaron luces led, por lo que tanto el sector de debajo del puente como las caminerías quedaron con luz. La obra contó con el asesoramiento paisajístico de Oscar Chelela -arquitecto y docente- y del ingeniero agrónomo José Lucas.

Luis Lobo Chaklián, subsecretario de Planificación Urbana, celeberó la revalorización de la zona. “Es una obra que le da vida al sector, que genera mejores condiciones de habitabilidad y lo dinamizan en todo sentido”, destacó el funcionario.



La opinión de los vecinos

José García, 86 años de edad y 52 viviendo en una de las dos casas de la cuadra con salida a la avenida, está feliz con la “lavada de cara” -según sus palabras- que se hizo en la zona. “Hay luz, hay movimiento, ya no hay escombros ni basura en la esquina de Marco Avellaneda”, festejó el vecino al ser consultado por LA GACETA.

Pero para otros, la obra es “de terror”, como la ha catalogado Patricia Segovia: “no porque no me guste cómo ha quedado, pero es de terror porque no han hecho obras para evitar que la esquina se inunde. Vivo hace 10 años acá a la vuelta y cuando llueve mucho el agua te llega a la cintura. Además, es un peligro cruzar la calle porque no habilitan el puente peatonal (corre paralelo al ferroviario). Creo que deberían haber empezado por ahí y después continuado por la cuestión estética”. Paradójicamente, Patricia es esteticista.

Lo mismo, exactamente lo mismo, opinaron Esteban Rossi y Priscilla Antognini, una pareja que vive en San Martín al 1.300: “ha quedado hermoso visualmente, pero primero deberían haber trabajado en la infraestructura”, dijo Esteban.

Beccari explicó que las acciones para evitar las inundaciones consistieron en la limpieza a fondo de los desagües y bocatormentas, tareas de mantenimiento que contribuyen al escurrimiento de agua. “No hubo una obra estructural, más allá de la limpieza. Se necesita una intervención de mayor envergadura para evitar las inundaciones, porque es una zona deprimida a la que le llega agua de todos lados. El encargo, al menos en esta etapa, era una puesta en valor principalmente estética”, señaló.

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